Por fin, la tan esperada extradición

Por Jaime Flores Pineda

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Para alegría del pueblo hondureño, por fin le llegó el turno a Juan Orlando Hernández, quien durante estos doce años hizo todo lo que quiso y quiso todo lo que hizo, incluso hasta lo inimaginable, para ocupar uno de los puestos más importantes en el convulso, violento y sanguinario entramado de las estructuras del crimen organizado transnacional; llegando tan alto como para usurpar la silla presidencial de esta minúscula e inviable república centroamericana.
Y es que JOH, por su conducta, modus operandi y por sus relaciones con los criminales, llegó a ser jefe de un cartel, más que un presidente; utilizando su cargo para facilitar sus actos delictivos, obteniendo el máximo beneficio económico y con el aparato de seguridad estatal bajo su dominio, aseguró sus operaciones y la de sus cómplices.
Como jefe de un cartel de la droga, “metía cocaína hasta por debajo de la nariz a los gringos”, mientras que, como presidente, saqueó junto con su pandilla el erario público robando a manos llenas, como nunca en la historia del país, eliminando a sus contrarios ya sea por motivaciones políticas y delincuenciales.
A excepción de sus colaboradores, de periodistas serviles y de alguno que otro correligionario, no se puede negar lo que ha gritos se sabía: las correrías de este hampón. Somos un país tan pequeño como para no saber qué hacía un capo del narcotráfico, convertido en presidente.
Pero no sólo en Honduras se sabía que era el jefe de un cartel, también lo sabía el omnipresente, omnisciente y omnipotente imperio norteamericano, quien sin duda lo dejó crecer por cuestiones geopolíticas; le interesaba en ese momento hacer contrapeso a Nicaragua y a la República Bolivariana de Venezuela. No por casualidad ha permanecido durante décadas una base gringa en el país. De todas maneras, el narcotráfico es un negocio que ellos gestionan, administran y se benefician.
Y como ha sido probado una y otra vez en la historia, el imperio ya no lo necesitaba sin su silla presidencial, si, esa misma silla que en 2017 ayudaron a mantener a través de la teniente Fulton. Es imposible no recordarla bendiciendo junto a David Matamoros la tristemente célebre “curva de Batson” y proclamándolo presidente reelecto de estas Honduras.
Pero volviendo a la pérdida de interés del tío Sam en JOH, además de ya no ser presidente, el imperio estimó que había crecido mucho dentro de las estructuras del narcotráfico, por lo tanto, decide solicitarlo en extradición y llevárselo para que sea juzgado en una corte de New York. No hay duda de que será condenado y sus bienes, producto de sus correrías, volverán a las arcas del gobierno estadounidense, así actúan los gringos. Para muestra un botón, parte de los bienes del “Chapo” fueron confiscados.
La suerte para este individuo está echada, como el mismo lo reconoció “seré un muerto en vida” y es que no está equivocado, los expertos en el tema afirman que al menos le esperan dos cadenas perpetuas, más 35 años.
Pero la expatriación de este personaje solo es el principio de esta “novela de suspenso”, en las que se han convertido las extradiciones; aún falta una gran cantidad de individuos que lo apoyaron en sus andanzas, contribuyendo a que se afianzara en el poder. Seguirán en la lista: otros cachurecos, liberales, jueces, magistrados, diputados, fiscales, banqueros, jefes militares, jerarcas de la policía nacional, pastores evangélicos, curas católicos y todo aquel que directa o indirectamente apoyó al narco dictador en sus fechorías criminales y políticas.
Solo para mencionar un grupo de extraditables que faltan están los altos jerarcas militares que vendieron la institución castrense para satisfacerle los caprichos al narco dictador; desde traficar droga, matar y torturar, no sólo a sus contrarios en los carteles, sino que al pueblo hondureño. Tarde o temprano tendrán que responder por los más de 40 asesinados durante las elecciones presidenciales del 2017.
Aunque tarde, la justica terrenal ha llegado, siempre queda un sabor amargo, ya que este capo no fue juzgado en el país, al que convirtió en el más pobre de la región latinoamericana y en donde cometió sus crímenes, pero del lobo un pelo y a la espera que les llegue el turno a todos sus colaboradores, principalmente a los presidentes de los otros poderes del Estado y al Jefe del Ministerio Público, que sin su apoyo la historia de este capo sería otra.

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