Un día antes del baño de sangre

El caso de Isi Obed está en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, según el padre de la víctima.

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación

-¿Hoy me vas a cocinar vos?

-Sí, yo le voy a cocinar, deme un delantal, me compra una Coca Cola y voy a cocinar lo que usted tenga en la refri.

“Ese día yo solo tenía carne molida y espaguetis”, recuerda la madre de Isi Obed Murillo, Silvia Mencías.

-Bueno, pues, no me vaya a decir más otra cosa que solo le voy a hacer espaguetis con carne molida.

“Nosotros estábamos pastoreando (servicio cristiano)  en la Villeda Morales y ese día, estábamos en un ayuno con los jóvenes, (Isi Obed) cocinó para mí, para todos los jóvenes de la iglesia, el sábado”.

Era 4 de julio de 2009. El cardenal Óscar Andrés Rodríguez, apareció en cadena nacional y le advirtió a  Manuel Zelaya Rosales que si volvía al país se desataría un baño de sangre.

El presidente derrocado el 28 de junio de 2009 por un golpe de Estado y llevado ilegalmente a Costa Rica intentó ingresar el domingo 5 de julio.

“Y el domingo en la mañana, (Isi Obed) solo se levantó tomó café y me dijo, yo quiero café, pero deme café con pan, le hice el café, le mandé a comprar a la pulpería, se tomó el café con pan, solo se subió en la moto y no volvió”, recordó la madre.

El estudiante Isi Obed fue asesinado durante una protesta en el aeropuerto internacional de Toncontín por un francotirador de las Fuerzas Armadas del departamento de El Paraíso, dice una diligencia que han visto los padres de Murillo, pero contaron que no saben nada más que eso.

El joven de 19 años es considerado el primer mártir de la Resistencia Contra el Golpe de Estado.

Desde el 28 de junio se incorporó a la Resistencia. Por eso, su padre piensa que ya lo  tenían identificado.

Personas asesinadas durante el Golpe.

La muerte desde el aire

En su libro El Golpe 28 J, Zelaya Rosales relata que salió de Washington a las 15:00 horas, pese a la amenaza de arresto en su contra. « El presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, padre Miguel Escoto Brockman…expresó: “Presidente permítame acompañarlo en ese vuelo en el que se corren tantos peligros para llegar a Honduras. Yo ya viví lo suficiente, y quiero, si me toca morir, que sea en un acto de heroísmo en defensa de la democracia en América Latina”…El embajador nuestro en la OEA, el psiquiatra Carlos Sosa Coello, me alcanzó en la rampla subiendo la escalera del avión y me dijo: “Presidente quiero que me haga un favor, permítame acompañarlo en este posible fatídico vuelo, yo ya soy abuelo y quiero dejarle un buen recuerdo a mis nietos y este es el momento de demostrarlo porque no creo que regresemos vivos»

Zelaya Rosales relata que entraron evadiendo el radar porque el espacio aéreo solo estaba abierto a vuelos militares, cuando la torre de control los detectó, “en forma amenazante se escucha en los parlantes se le advierte a la nave que ha ingresado, que está violando el espacio aéreo hondureño, se le ordena salir inmediatamente porque si no lo hace, va a ser interceptado por la fuerza aérea…cuando se logró visibilizar la pista ya los militares empezaban a atravesar patrullas y tanquetas, y centenares de soldados se movilizaban. Ya conocíamos por la radio, que los militares estaban disparando a la gente y reprimiendo con gases lacrimógenos, y que había personas heridas y asesinados…”

Luego de hacer nuevos intentos por aterrizar desde diferentes ángulos, el avión se marchó, cuenta Zelaya Rosales sobre su visión de los hechos captada dentro del avión.

Desde la pista

El padre de Isi Obed, David Murillo, vivió ese día desde abajo viendo el avión con el mandatario derrocado intentando aterrizar, él estaba en medio de una multitud, “es la manifestación más grande que habido en Honduras” .

“Lo último que recordamos de Isi Obed fueron las palabras que él dijo cuando el avión de Mel (Zelaya Rosales) iba a aterrizar…un cuñado le dijo, cuñado vamos a comer y él dijo, yo no voy a comer hasta que mire aterrizar a mi presidente y ahí nomás fue cuando ellos empezaron a disparar”.

La imagen del periodista Cesar Silva con su camisa ensangrentada tratando de salvar la vida de Isi Obed se viralizó.

Sobre este mismo hecho, al día siguiente del asesinato de Murillo, el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, Ramón Custodio, declaró en conferencia de prensa que los militares habían usado balas de goma durante la protesta.

 “Era el que más me hacía reír. El sueño que yo he tenido es mirar la justicia no solo para Isi Obed sino para todos los mártires caídos que los que hicieron los asesinatos, los que siguen haciendo asesinatos que lo pague”, expresó su mamá.

Murillo y su esposa eran pastores de una iglesia cristiana, “por eso cuando  lo mataron –contó su padre- yo gritaba y le decía por qué Dios, por qué a nosotros sí somos tus hijos y yo oí la voz que me dijo: sos la única familia que está preparada para recibir este golpe”.

Ya pasó una década. Silvia Mencías y su esposo, David Murillo, lo recuerdan como cariñoso, obediente, estudioso.  El dolor de David y de su compañera, reflejado en la mirada, se parecen mucho, es como si ambos tuvieran las mismas pupilas.

“El dolor de un hijo es muy fuerte y no se borra…sólo les digo que busquen fuerzas en Cristo…Eso le digo a esas madres (que han perdido hijos durante protestas”.

Silvia Mencías

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