¿HASTA AHORA NOS “GOBIERNAN” ASI?

Carlos Méndez

Desde que nuestra querida Honduras abrió sus ojos bajo los registros cronológicos y del aliento con que fue delimitada  nuestra geografía en aldeas, caseríos, pueblos y ayuntamientos, con la esencialidad de sus propios seres humanos, fuimos creciendo como país, con los pinitos que se desprendieron   del parto de una independencia que evaporó un poder ejercido por medio de los españoles mandones esclavistas aquí, en tierra, y luego con la sustitución de estos por otros mangoneadores con todos los resabios de aquellos o peor. 

Pero así iniciamos, construyéndonos como terruño explotado hasta el martirio, por los  nuevos píos opresores. 

Con todo, la patria se la jugó con los impulsos de que una nueva patria era posible  y que marcaron hitos históricos con el impulso, fuerza, e inteligencia de hombres geniales(seguramente mujeres también), inspirados en las ideas revolucionarias liberales de la revolución francesa en 1789 y que  fueron “verbo y no sustantivo” como gobernantes en la Honduras gloriosa que con las yemas de sus dedos y emociones, logró medio tocar el cielo pero tocar al fin, pedacitos o atisbo de que se podía impulsar progreso y el bienestar para la vida de nuestra tierra natal. Pero he aquí, que apenas los podemos contar con los dedos de las manos. No van más allá del  Dionisio de Herrera, Francisco Morazán y el probo Trinidad Cabañas. El primero nos gestó la fundación del país como República y por ende la primera Constitución, normativa esencial para vivir como gente civilizada y por eso con justa razón tiene el mérito de llamarse el Padre de esta patria. Luego con Morazán como gobernante hondureño, gran pensador visionario, además de escritor y poeta. Con él se promulgaron políticas de educación, libre comercio; fue invitado el capital extranjero a invertir y abrió puertas a  inmigrantes con deseos de fomentar la producción; se permitió el matrimonio, el divorcio y la libertad de expresión; fue separada la Iglesia del Estado; los diezmos fueron abolidos; se proclamó la libertad de religión; los bienes eclesiásticos fueron confiscados, se suprimieron las órdenes religiosas, y se le retiró a la Iglesia católica el control que tenía sobre la educación, entre otras reformas.  Y con Trinidad Cabañas contamos con un Presidente que apoyó la educación, imponiendo impuestos a la exportación de ganado y madera para establecer las primeras 50 escuelas públicas pagadas por el erario nacional. Impulsó un ferrocarril nacional que partiera de Omoa hasta el Golfo de Fonseca en el Pacifico. Y como dicha idea requería de empréstitos de la banca extranjera, Cabañas vio esta opción como un peligro a la enajenación y perdida de la soberanía nacional, por lo que desistió de la idea. Para que vea ud.  Fueron seres humanos de carne y hueso, con sus grandezas y debilidades, errores y aciertos increíbles, borradas sus cualidades heroicas de la memoria colectiva de todo un país, con cálculo oscurantista. Fuera de aquellos compatriotas, inspirados por las luces de Ilustración y la Revolución francesa, el pais ha sido “gobernado” hasta el sol de hoy por personajes siniestros de la peor ralea y que se sienten orgullosamente conservadores, sean estos nacionalistas o “liberales” que abandonaron las ideas morazanicas de  ayer. No hay por donde pasar, ya que ningún cientista social o historiador, registra en sus libretas algún apunte en donde podamos rescatar a ningún conservador que quiso, siquiera, simular la prosperidad la prosperidad y el bienestar del país. Cualquiera puede apostar lo que quiera, a que demuestre qué personaje identificado como conservador o nacionalista-liberal y que hizo algún bien al país desde el gobierno, y que merezca ser recordado por las masas, en los últimos ciento ochenta años, como gobernante de la República. Vaya, contésteme.

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