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La Teoría elitista y participacionista de la democracia

rrmmPor: Rossel Montes

Hablar de democracia en las actuales condiciones históricas de la evolución de la humanidad y de los sistemas políticos es un asunto absolutamente trillado, debido a los altos niveles de abstracción y falta de concreción de los macro ideales democráticos desde la Grecia clásica hasta la deconstrucción posmoderna (lyotard).

El ideal democrático se convierte en una facticidad en el sentido que sus resultados y sus aproximaciones sólo se circunscriben a la presencia en algunas sociedades de estructuras republicanas heredadas y obtenidas en los tiempos del ascenso revolucionario de la burguesía, es decir por las revoluciones liberales en lucha contra el antiguo régimen. Es difícil hablar de condiciones democráticas, de cultura democrática de una facticidad democrática en la vida de las grandes mayorías , cuando el mundo de la cotidianidad de masas se diluye entre la barbarie y la injusticia, entre los monopolios y las guerras, entre la inflación y la deflación , entre el cambio climático y la progresiva destrucción masiva y vertiginosa del planeta, entre la falta de participación de las grandes mayorías en las grandes y macro decisiones que erigen y determinan el curso histórico de los acontecimientos, es decir como bien argumenta Gustavo bueno en su panfleto contra la democracia, la democracia realmente existente deviene en una verdadera entelequia. Nos diluimos en un mundo con ausencia total de voluntad política para actuar en concordancia con el discurso que se propugna. “Debemos definir la democracia de manera más compleja y realista, como la libre elección de un gobierno representativo de los intereses de la mayoría y respetuoso del derecho fundamental de todos los seres humanos a vivir en armonía con sus creencias e intereses fundamentales”

Es una clásica definición de democracia más acorde y en sintonía con la forma electoral de democracia. Desde el siglo XIX y producto de las grandes conflictividades creadas al margen de la revolución industrial en Europa, el concepto de liberal y utilitarista de democracia se ve trastocado por el mismo movimiento histórico, en este caso la irrupción de nuevos agente socio-históricos de clase como el proletariado que era una nueva clase social que venía exigiendo sus prerrogativas y derechos como sujetos que integraban la sociedad y debían participar de una justa distribución de la riqueza producida. En este sentido la democracia es un fenómeno histórico revolucionario y queda desmentido el mito de que la democracia occidental ha eliminado la necesidad de revoluciones y cambios bruscos para acceder a formas más democráticas de convivencia social.

El gobierno de las mayorías deviene en una oligarquía cuando los representados están totalmente excluidos de los procesos de macro decisiones que determinan los procesos políticos, es decir la democracia occidental con su discurso de pluralismo, igualdad, fraternidad, tolerancia, respeto, libre expresión, cuestiones que pasan a formar parte de las formalidades de la democracia representativa en el sentido de que estos tópicos no se ejecutan en la vida diaria del individuo diluido en una democracia formal. En la antigüedad fueron los griegos los primeros en experimentar y poner en práctica modelos de convivencia democráticos- pero la democracia griega ya nació sesgada por limitaciones históricas y por limitaciones de clase, es decir, la democracia que etimológicamente significa el (poder del pueblo) en el caso griego significaba la explotación explícita de una buena parte de la sociedad no libre .

El fenómeno democrático es una extensión del fenómeno humano en su macro generalidad, en el mismo sentido que los sistemas políticos son el campo de realización de las necesidades onto-existenciales e históricas del ser social (Lukács). El poder político no es solo coerción social al estilo de la explicación weberiana o marxista, el poder político y la política es una forma de autorrealización del espíritu en la forma explicada por Hegel. El ser histórico que es la continuación del ser biológico del hombre (Zubiri) necesita de la extrapolación ontológica del ser político para la autorrealización total de todas las Potencialidades humanas.

El poder político no solo es violencia generalizada para aplastar al otro y con un carácter de clase en ese sentido la filosofía existencial y la metafísica fundamental podría abonar a crear una ontología política cuestión que en mi caso estoy tremendamente interesado en realizar. La necesidad de una filosofía política desde Honduras (desde el subdesarrollo exacerbado) es un imperativo categórico kantiano, en la que pretendo realizar un trabajo filosófico, sociológico, político e histórico sobre el fenómeno democrático en toda su radicalidad. (Abordaremos esto en otro artículo).

Los teóricos de la democracia representativa han caído en un enredo teórico al adjudicarle a la democracia formal un carácter ontológico universal insuperable, es decir la democracia burguesa es el último estadio de evolución en términos de sistemas políticos y en el sentido de mi propia interpretación del poder y todo sistema político el último estadio de evolución en la autorrealización humana. El marasmo teórico se nota en la defensa exacerbada que hacen estos teóricos de la “perfecciones” que dicho sistema político no tiene en la práctica, aunque aceptan algunas imperfecciones pero argumentando que son perfectibles y son parte del mismo sistema, es decir son parte de las contradicciones y totalmente normal – En este discurso liberal es totalmente sano normal que 3 cuartas partes de la humanidad vivan con un dólar diario y que una sola persona tenga tanto capital como el producto interno bruto de 48 países del tercer mundo.

La democracia ha sido analizada y definida desde muchos puntos de vista, esto no implica que haya llegado a ser una palabra vacía de significado. Definitivamente que los puntos ideológicos desde los que se analizan y desde la ciencia que se haga, esta influye en los resultados y las direcciones axiológicas que sobre la democracia se tenga, sobre todos sus objetivos. La filosofía política, la sociología política y sobre todo la ciencia política que es la disciplina que más ha estudiado la democracia; en este caso hay hacer notar que la sociología, muy poco ha aportado al tema de la democracia, exceptuando el caso de Alexis de Toqueville que para algunos sociólogos es el iniciador de la sociología política. Poco se puede encontrar en la sociología clásica, Marx, Comte, Durkheim, Spencer y Weber sobre el tema de la democracia, Tal vez un poco en Weber y Robert Michels y Pareto. La sociología política de Parsons a Giddens muy poco ha dicho sobre el tema de la democracia, tal vez con la excepción de Raymond Aron que en su Texto Democracia y totalitarismo retoma el tema. Pero a grandes rasgos es la ciencia política y no la filosofía política la que ha abordado el tema de forma extensa. Algunos politólogos como M.B Mapherson, J. Schumpeter, Giovanni Sartori, Norberto Bobbio, David Held, Norbert Lechner y Robert Dahl.

En este artículo trataremos de exponer brevemente las posturas que han dividido al tema de la democracia en el siglo XX, e incluso desde el siglo XIX; A saber: la teoría elitista y participacionista de la democracia. Aquellos teóricos que opinan que el pueblo debe tener la mayor participación en los asuntos públicos y ciudadanía; son los llamados teóricos de la participación. La posición contraria sostiene que el rol de la participación popular en la democracia debe limitarse a ser solo un medio en la elección de los líderes, de control, pero no una gestión directa en los asuntos públicos. Hay que mencionar también la teoría que rivaliza con ambas posturas, pero esta la desarrollaremos en otros artículo, y es la teoría de la democracia radical, que algunos las rastrean en la teoría clásica de la democracia en Rousseau. Pero son autores más recientes los que le han dado forma teórica a la democracia radical como Claude Lefort, Cornelius Castoriadis, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. La teoría de la democracia radical es teorizada más desde la filosofía política que desde la ciencia política. Para Carole Pateman, teórica de la democracia participativa, en la teoría clásica de la democracia ya se encontraba el germen de la participación, sobre todo por la fe que se tenía en la irrupción de la idea nueva de ciudadanía y la educación de la democracia y su incorporación al universo electoral. Pero esta teoría tuvo que ser revisada por el ascenso de los totalitarismos en el siglo XX y para asegurar la estabilidad de los sistemas políticos. El miedo a la participación era evidente, sobre todo que con la participación llegaron al poder El Nacional Socialismo en Alemania después de usar de catapulta la Republica de Weimar. Joseph A. Schumpeter, uno de los más destacados representantes e iniciadores de la revisión elitista de la democracia y que dejara una plétora de seguidores como Robert Dahl, Sartori. Schumpeter aseveró que era necesaria una revisión de los viejos modelos de democracia porque ya no estaban acorde con los hechos históricos, por ser poco “objetiva” y que no respondía a la realidad de los hechos del proceso democrático. Aquí se iniciaría con el concepto de democracia como procedimiento o democracia procedimental. Para Schumpeter la teoría democrática es un procedimiento, es un método, que no tiene un valor o contenido axiológico, sino que está orientado a la elección de los más “aptos” para la solución de la contradicción que la sociedad y la esfera pública contrae. También es el padre de la concepción de la democracia como competencia, entendía la democracia como una lucha institucional donde las mayorías elegían, por medio de una competencia, al derecho al voto y así elegir a sus representantes. Vemos en ese sentido, que la teoría elitista de la democracia sigue una lógica capitalista, donde hasta la elección de los representantes deben adherirse a la lógica del capital, tal como se desarrolla la venta y compra de los productos en un mercado capitalista y una sociedad de consumo. El político se promociona y trata de vender sus propuestas, como quien ofrece un producto. Hay que hacer notar que la teoría elitista de la democracia fue una reacción a los totalitarismos del siglo XX, un “gran aporte” del siglo XX, una forma monstruosa de ejercer el poder político y que la democracia incipiente y liberal se vio amenaza por dos tipos de totalitarismo y dominación: El comunismo y el fascismo. Ante el mal mayor, era preferible el mal menor, la democracia representativa. Otro teórico de la democracia elitista es el norteamericano Robert Dahl, aunque este se distancia de Schumpeter y crear otras categorías. Dahl asevera que no existe una sola teoría de la democracia clásica, sino que varias. Dahl elabora la teoría de la poliarquía, asevera la existencia de múltiples oligarquías al interno de una sociedad determinada y que ejercen una fuerza de dominio sobre otros grupos y que vendría a ser como un gobierno de múltiples minorías. Dahl sigue su análisis, igual de Schumpeter, en que el sistema democrático es un sistema por la lucha del poder y la competencia, la cual se centra en el sistema electoral. Vemos que casi que estos teóricos jamás se plantean al sistema democrático como un procedimiento de participación ciudadana, su concepto de participación es centralmente instrumental. El elitismo democrático sigue en sus lineamientos metodológicos a lo que Max Horkheimer llamó: la Razón instrumental, es la razón moderna que concibe al hombre como un medio y no como fin. El hombre es un medio para la elección de líderes y la sustentación del sistema, no más, no participación más allá del voto, en este sentido la democracia no sirve para la deliberación como argumenta Alain Touraine.

Giovanni Sartori argumenta que la función del pueblo es manifestar su opinión cada determinado tiempo en las elecciones, posturas manifestadas en las mayorías de sus textos, Teoría de la democracia: problemas clásicos y contemporáneos y Aspectos de la democracia. Sartori argumenta que no es posible realizar los postulados de la teoría clásica, a saber; la participación de las mayorías en los asuntos públicos y societales, más allá de la participación en los procesos electorales. Argumentando que la democracia de los modernos con los antiguos, siguiendo a Bobbio en este caso, es muy distinta y son escenarios diferentes; la sociedad de masas imposibilita y dificulta la democracia como participación y deliberación, en este sentido Jurgen Habermas ha trabajado la democracia como deliberación y radical. En este sentido, para el elitismo democrático las grandes problemas de la democracia, como ciudadanía, eticidad, humanismo, otredad, deliberación, liberación, justicia, redistribución y bien común, son temas que deben ser solucionador en la palestra del sistema electoral, y jamás ir más allá. Sobre el tema de la justicia y redistribución, el primero fue tratado por John Rawls y los segundos por Axel Honneth y Nancy Frasser. El problema de la teoría elitista y los que la defienden es que, aseveran que es la única posible, cerrando las posibilidades de ir más allá, claro está, esto es bajo la premisa la observación empírica que el comportamiento socio-político brinda y sobre todo los aportes de la ciencia política y sociología política y las experiencias del siglo XIX y XX. Traspasar esa bifurcación entre elites- y mayorías es el trabajo teórico de la teoría participacionista de la democracia. La teoría participacionista de la democracia se puede rastrear en los mismos orígenes de la teoría democrática, al calor de las revoluciones burguesas en su lucha contra el poder absolutista. Los autores que teorizaron dicha tendencia están y figuran, entre otros: Jean-Jacques Rousseau, James Stuart Mills y Alexis de Tocqueville. Entre los más destacados de los teóricos modernos, encontramos a Carole Pateman y C. B. Macpherson. Aunque algunos teóricos hacen entrar a Stuart Mills en la teoría participativa y a Alexis de Tocqueville, que para algunos sociológicos este último es el propulsor de la sociología política, yo considero que sus propuestas son ambiguas en ese sentido; ya que proponían una participación extensa de la ciudadanía pero al mismo tiempo temían de esa participación, Mills apostaba mucho por el sistema electoral y Tocqueville tenía animadversión por el socialismo, diciendo que eran sistemas incompatibles. En este sentido ha sido la teoría de la democracia radical con Ernesto Laclau y Chantal Mouffe que ha dado en el punto, la unión de democracia y socialismo implica toda socialización de las formas de propiedad, es decir, el socialismo implica como consecuencia una democracia radical y no a la inversa. La unión de socialismo y democracia no es totalmente inviable, a pesar de las experiencias fatales y extraviadas del siglo XX de combinar dichas formas de socialización y redistribución social.

La representación es un instrumento necesario y útil para ejercer el poder político en una sociedad de masas, ahí donde los grupos son demasiado extensos y la participación cercana y meticulosa de las mayorías se vuelve casi imposible. Mas la crítica de la democracia participacionista es que la democracia concebida como método institucional para elegir a los representantes , instrumentaliza, aliena y cosifica y encarcela el modelo democrático para que este no vaya más allá de los procesos eleccionarios. La representación no es la finalidad última de la democracia, sino un medio para que la democracia devenga en más participación. En este sentido representación y participación no se deben excluir, sino trabajar mutuamente. Cosa que actualmente no está funcionando muy bien, y en nuestro caso Honduras, la democracia representativa está desquebrajada, ultrajada y saqueada por las hordas antidemocráticas. Para ir concluyendo nuestro pequeño escrito, podemos aseverar, que la democracia representativa y participativa, se refuerzan mutuamente, ya que la participación educa a la gente en la posibilidad de la búsqueda de la tolerancia y el respeto mutuo, ya que el fin de la democracia es la deliberación y el bien común, y no solo la competencia por las elecciones y el voto. En otro ensayo desarrollaré el tema de la democracia radical, que es más reciente que las teorías aquí tratadas. La teórica Chantal Mouffe ha abordado el tema, al igual que Claude Lefort y Cornelius Castoriadis y más recientemente la española Adela Cortina.

Bibliografía consultada:

Bachrach, Peter, Crítica de la teoría elitista de la democracia, Argentina, Amorrortu, 1973

Sartori, Geovani, Teoría de la democracia, Madrid, Alianza Editorial, 1990.

Touraine, Alain, Qué es la democracia, México, FCE, 2014

Pateman, Carol, Participación y teoría democrática, Madrid, Prometeo, 2014.

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