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La Teología de la Liberación

Domingo 18 de febrero, 2018

Por: Rossel Montes rm

Hay distintas formas de aprehender la realidad, está la antigua filosofía, ya sea la metafísica o la ontología y la ciencia moderna y contemporánea, la teología está en esas formas de aprehender un fenómeno muy antiguo: el estudio de Dios, del fenómeno religioso, y de religación como bien diría Zubiri. Aristóteles fue el fundador de la teología, el gran pensador metafísico de la antigüedad fundó la lógica y la teología, como disciplina para estudiar al “primer motor”. Es curioso que en la posmodernidad y el actual nihilismo la filosofía se ha desembarazado de los estudios teológicos, cuando en las grandes universidades se enseñaba teología, los grandes pensadores y críticos del cristianismo como Marx y Nietzsche tuvieron una fuerte formación teológica, ya sea judaica y cristiana, lo mismo pasa con Sartre y Heidegger. Debo admitir que es algo complicado escribir sobre teología- ya que el autor de estas líneas es un ateo, pero que siempre ha visto el hecho teológico, teologal y religioso en su esta dimensión, histórica, societal, y existencial. No se trata de negar y atacar el fenómeno religioso, como hace los ateos vulgares y cierto marxismo, si no de entender porque se da el fenómeno religioso, su necesidad existencial y antropológica, ¿por qué el hombre cree) ¿por qué el animal de realidades necesita de la religación para aprehender la realidad? Alguna vez me dijo un trotskista: “ ¿para que voy a leer sobre cosas que no existen?” evidentemente me sorprendió dicha aseveración, ya que los trotskistas son tan orgullosos y se supone son la “élite” de las izquierdas, es obvio que es una exageración, pero si son los que más leen, hasta cierto punto. Es necesario dejar de ver en las religiones una creación malévola y como lavado de cerebro, y verlo en sus justa dimensión, como un problema antropológico e histórico teologal. En dos ocasiones hecho acercamientos a la teología, primero en mi articulo Marx y la religión y en Pensamiento y Realidad en Ignacio Ellacuría, ambos filosóficos y el segundo sí ya un poco más con referencias a la teología. En este momento la influencia zubiriana ya es más notable en mis posturas al momento de hacer reflexiones sobre el fenómeno religioso, aunque también lo es el ateísmo agnóstico de Camus. Como bien diría Zubiri en su trilogía El Hombre y Dios, El problema filosófico de las religiones, y El Problema teologal del hombre: El cristianismo, una trilogía en donde el autor estudia las distintas etapas de la evolución de la religación que ha acaecido en la conciencia del hombre. La religación, según Zubiri es una forma de aprehender la realidad, una forma ontológica del ser digamos, del Daseín en palabras de Heidegger, de contactar con el mundo inmediato, la religación por ende, es un problema con el cual el hombre debe habérselas con la realidad. La religación llevará a la concretización de esa primigenia conciencia sobre Dios, y será en la formación de las religiones, es la concretización e institucionalización de ese hecho, las religiones serán la salida histórica. Religación y religión no son lo mismo, pero tienen mucho en común, la religación es la intuición fenomenológica del hombre sobre lo misterioso de la realidad, que igual puede llevar a la religiosidad o ateísmo, en mi caso al ateísmo. Podríamos decir que siempre existirá una religación en el hombre, solamente tendríamos crisis de las grandes manifestaciones religiosas en un contexto histórico determinado. No me extenderé en este artículo sobre el problema teologal, ya que será para otro exclusivamente sobre Zubiri, pero es necesario hacer notar los aportes de Zubiri a los debates teológicos del siglo XX, y su dedicación de algunos textos teológicos a su maestro Karl Rahner. Lo mismo hizo Su discípulo Ignacio Ellacuría el cual formó su pensamiento metafísico y teológico bajo la influencia de Xavier Zubiri.

Teología y liberación

La teología de la liberación tiene como cometido en esencia lo mismo que otras teologías, el estudio sistemático de la doctrina de Dios y Jesucristo, sería una teología fundamental, sistemática y una cristología como bien diría Jon Sobrino, y es éste un comentario que me llamó la atención, que Jon Sobrino fue maestro en la universidad José Simeón Cañas junto a otros prominentes intelectuales, que fueron asesinados en el 89, él se contrataba dando una conferencia en Tailandia cuando esto ocurrió, salvándole de la muerte. En el 1989 en Honduras teníamos nuestra década oscura, cuando las tarántulas atacan como diría el profesor Longino Becerra. La teología del siglo XX es heterogénea y la teología de la liberación tendrá la influencia de diversas tendencias, Karl Rahner con su teología existencial “TEOLOGÍA LIBERADORA” y desde las doctrinas de Ignacio de Loyola aportará al desarrollo de una teología salvífica de los pobres, la teología sistemática de Paul Tilich, que no era católico pero que se estudia en los grandes tratado de teología, la teología de la esperanza de Moltmann, un libro muy denso y muy caro por cierto en nuestras librerías ( Librería católica 2000 lps) . La teología europea tendrá el defecto que analizó Enrique Dussel en la ética de Levinas, que éste era aún euro céntrica, encerrada en el cogito cartesiano, en la subjetividad moderna, que desarrolló una ontología de la dominación y la explotación, donde ontología, metafísica y ciencia se mezcló con el desarrollo de la ética protestante y el modo de producción capitalista para emprender la empresa de la conquista del mundo, y su explotación y extracción de los recursos humanos y naturales. Esa teología, como la otredad de Levinas, era abstracta, se necesitaba darle concreción, como hizo Dussel con la ética y filosofía primera de Levinas, fundar una Ética de la liberación latinoamericana. Es de hacer notar que la filosofía de la liberación, de la cual Dussel es el fundador, es coetánea de la teología de la liberación, digamos que son parientes muy cercanos. Solamente que la filosofía de la liberación tiene como cometido crear una filosofía auténticamente latinoamericana y desarrollar una praxis liberadora de las condición de marginalidad y opresión, y la teología de la liberación tiene doble cometido, la labor eclesial, cristológica y la liberación histórico social efectiva, que ya está contenida en el evangelio según sus representantes, sin necesidad de su mezcla con el marxismo y la teoría social. El concilio Vaticano II fue el hecho que definitivamente desencadenó el desarrollo de la teología de la liberación, con su llamado a la apertura y de abrirnos al mundo y sobre todo que la iglesia sirviera de “SACRAMENTO DE SALVACIÓN”. La Conferencia de Medellín fue el hecho latinoamericano que coadyuvó al desarrollo de la teología de la liberación desde dentro de la institución religiosa, ya que a partir de aquí la teología se inclinó a desarrollar una tarea cristológica y salvífica desde la “opción por los pobres”. En ese sentido la teología europea y su cogito teológico-abstracto, pero que ya inspiraba la liberación, coadyuvó al desarrollo de un una teología y una exterioridad metafísica de la liberación. No solamente en la teología y la filosofía tuvo ese impacto, también la teología de la liberación tomó prestados elementos de la sociología como la lectura de la teoría de la dependencia y el marxismo para hacer el análisis de la realidad concreta. El teólogo peruano Gustavo Gutiérrez su primer formulador dice que siguiendo la tónica marcada por el Concilio Vaticano II derribó muros objetivos y subjetivos que nos distanciaban y deformaban la realidad. “Hablar de una teología de la liberación es buscar una respuesta al interrogante: ¿Qué relación hay entre la salvación y el proceso histórico de liberación del hombre?”. Esa dialéctica entre la salvación espiritual que contiene e inspira a toda teología y la realidad histórica en que se encuentra inmersa esa espiritualidad es el acicate de la teología de la liberación. La teología de la liberación es un grito de protesta dentro de la iglesia católica, su denuncia es contra la burocratización de la cristología y la fe cristiana. El elitismo del Vaticano y la cruda realidad de pobreza de Latinoamérica hizo reflexionar a éstos “teólogos marxistas” en otro tipo de reflexión cristiana. Enarbolan la misión “salvífica y liberadora de la “fe cristiana”. No hacen una sustitución del evangelio por las categorías marxistas argumentan, porque el discurso liberador ya está contenido en “la palabra de Cristo”. Al ser un grito de protesta la teología de la liberación, muchos fueron los intentos de aplastarla y desautorizarla, como ocurrió con muchos teólogos, como el caso de Leonardo Boff, que fue callado y excomulgado por el Ratzinger en la época que era el teólogo “oficial” de la iglesia. La filosofía y epistemología tal como lo argumenta Joao Bautista Libanio es de condena al exacerbado empobrecimiento de la realidad latinoamericana, las condiciones de explotación y dependencia de Latinoamérica, hicieron que muchos teólogos iniciaran un replanteamiento de la teología y re direccionar toda la argumentación categorial, que antes solamente era para la salvación espiritual, ahora era para una liberación histórica del sujeto oprimido por las injustas estructuras. Tal como denunciara Ignacio Ellacuría, el Jesús histórico no predica un evangelio del más allá, sino una salvación en un mundo y sociedad estructuralmente contradictorio y explotador. Posteriormente será asesinado el gran discípulo de Xavier Zubiri por las hordas militares, que actualmente en Honduras resurgen como ratas que carcomen las institución, la sociedad civil y niegan la existencia de los actores sociales de una sociedad democrática y sana. Es lamentable el actual papel que está cumpliendo la iglesia, al menos su elite en nuestro país, respecto de los procesos políticos y sociales, una práctica totalmente alejada de la labor salvífica, al contrario, se adhieren a los poderes fácticos y hacen un solo nudo con los poderes del mal radical a decir de Hannah Arendt. Y admirable es la labor de los Jesuitas que practican un evangelio liberador y crítico de la sociedad y de las injusticias y atropellos. La actual situación de dictadura, autoritarismo y militarismo requiere de toda nuestra fuerza y organización, y pensamiento, ya sea filosófico, científico y teológico. Pensar la realidad para transformar la realidad. Tegucigalpa 10 de febrero de 2018

Bibliografía consultada:

Libanio, Joa, Batista, Teología de la liberación, Madrid, Sal Terrae, 1987

Dussel, Enrique, Filosofía de la liberación, México, FCE, 2012.

Zubiri, Xavier, El hombre y Dios, Madrid, Alianza Editorial, 2003.

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