¿Quién dijo que Valle, qué?

Por Carlos Méndez (*)

Conmemoración del natalicio del Sabio Valle en Casa Morazàn, a la derecha la foto de Dionisio de Herrera.

Tegucigalpa, Honduras| Reporteros de Investigación


José Cecilio del Valle apenas era un cipote de doce años, cuando su padre, el de abolengo español, decidió llevárselo a lomo de bestia, a la ciudad de Guatemala para que continuara con sus estudios ya que en Honduras obtener un título académico era impensable. Además, era un lujo que solo se lo podía dar el pertenecer a una familia de mucho pisto para tener una enseñanza escolástica privada. Pero esto no bastaba para los padres del redactor del Acta de Independencia.

Valle, que había nacido en la ribereña Choluteca en una noche cálida de 1777, dejó los atardeceres alucinantes del sur, los chillidos de los loros, los aleteos de zanates, las chorchas pecho amarillo encendido y el olor y color de la naturaleza de las haciendas de sus progenitores en Monjarás, y se fue al encuentro con la Ilustración y la Enciclopedia que habían encendido al mundo desde la Francia revolucionaria y estando allí, en la cátedra de Guatemala, dio sobradas razones de porqué su afición tempranera por saber para querer ser, convirtiéndose en el hombre más estudioso de Centroamérica del siglo XIX. Danilo Pérez Zumbado, cientista social por la Universidad Nacional de Costa Rica y estudioso de la vida y obra de Valle ha dicho que este ha sido “el hombre mejor formado de Centroamérica que bien puede decirse(…) que en una coyuntura en la que faltan dirigentes vivos, los muertos orientan nuestra historia. Y entre ellos, Valle es de los mejores”.

Valle hace la mejor síntesis de su vida con una calidad intelectual y humana excepcional, con una persistente búsqueda por la ciencia en diversas disciplinas, destacando en Filosofía, Economía, Derecho, Geografía, Ciencias Naturales, Matemáticas etc. Pero a la par de sus conocimientos científicos, Valle se distingue, esencialmente, por su calidad ética y por llevar a la practica lo que pregonaba en sus discursos o escritos, sobre todo en el terreno de la política en la que hace suyos, los procesos independistas para “hermosear”, como a él le gustaba decir, una propuesta en donde visualizó a toda América Latina como una sola patria y que se puede ver en su Proclama “Soñaba el abad de San Pedro y yo también se soñar”.

Hombres como Valle nos ayudan a recordar, además, que el intelecto y el heroísmo, son más lúcidos, cuando una fuerza sinérgica envolvente y global sacude la epidermis del planeta como sucedió al producirse la Revolución Francesa que acabó con el feudalismo y las burguesías. Los hombres y mujeres son productos culturales, políticos, filosóficos y sociales de determinadas fases históricas. Por tanto, Valle, Dionisio de Herrera, Cabañas, Morazán o Bolívar no solo son moldura de su auto formación académica o de clase, sino, empero, la transformación radical que desde Europa abrazó con su lumbre a nuestros héroes convirtiéndolos en hijos  de aquella revolución universal.

Por eso, como parangón y como contraste, vale la pena preguntarse: ¿Que tipo de líderes o gobernantes parió y sigue pariendo el neoliberalismo como paradigma “redentor” global que plantea hoy la genialidad  de hacer “más ricos a los ricos”, para que se produzca un “derrame de riqueza para los pobres”, cuando eso es una falacia del tamaño de un Narco Estado?

¿Que nos vomita este modelo en la Honduras empobrecida de hoy, este modelo globalizante y anti humano, sino la suma de una buena partida de apátridas, sinvergüenzas, especialistas para re inventar atraso, dolor y sufrimiento a su pueblo?

Decir esto, al cierre del 242 aniversario del nacimiento de nuestro querido y recordado Chilo Valle, nos hace bien vivir y nos aligera las cargas tóxicas emocionales que nos provoca la gavilla de asaltantes que  actualmente se “repasean” en la Democracia y el futuro de la República. 

(*) Periodista)

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