El pueblo al poder 

Por: Rossel Montes 

¿Qué es el pueblo?                                               

La idea de pueblo es muy recurrente, usada por todo tipo de manifestación sociopolítica que apele a un origen primario del poder político, en términos que el profesor Dussel diría la Potentia como fundamentación ontológica del poder y sus múltiples manifestaciones imaginarias en la institución de la sociedad (Castoriadis). También asociado al populismo tanto de derecha como de izquierda, el concepto de pueblo goza de cierta legitimidad, pero de cierto desdén desde los que detentan el poder político y la democracia formal vacíamente institucionalizada. Desde las revoluciones liberales el concepto de pueblo tomó cierta trascendencia, específicamente desde la Revolución Francesa, la toma del poder político por parte del “Pueblo” devino en una realidad, que poco a poco se vio truncada, ya que el poder político no siempre es bien usado, o se sabe qué hacer con él.   

La filosofía política contemporánea ha incluido en sus debates teóricos el concepto de <<pueblo>>, pensadores como Jacques Ranciere, Enrique Dussel, Tony Negri y sobre todo Ernesto Laclau. De esta forma la filosofía y ciencia política del siglo XXI es interpelada por una propuesta que viene de las entrañas de una crítica al marxismo clásico, la crítica de la supremacía ontológica de la clase obrera como único sujeto de cambio, el post-marxismo enfatiza y pone el ojo de su atención en los nuevos movimientos sociales, sobre esto el lector puede leer a la teórica Chantal Mouffe y su propuesta de democracia radical. 

En las democracias formales del siglo XXI el pueblo es una entelequia, vaciadas de todo contenido popular, aunque no de forma permanente, a pesar de eso, el poder fetichizado de las democracias corruptas mantiene cierta legitimidad de la potentia.  La democracia formal desdeña la configuración integral del pueblo como sujeto histórico del engranaje de una institucionalidad fuerte, porque solamente así, la democracia podría ser democracia real, democracia directa y participativa.   

De la resistencia al poder 

Con el Golpe de Estado se desmoronó la fragilidad de la institucionalidad del Estado, y que dio paso a la irrupción de un narcodictadura que hundió al país en una oscuridad sin precedentes. Toda América Latina en el siglo XX fue un experimento de golpes de Estado, antidemocracia el surgimiento del “Populismo” de derecha que tomó fuerza con el desarrollismo cepalino, canalizó las formas de descontento de social como diría   Octavio Iani; una mezcla de bonapartismo, autoritarismo y populismo fueron las características del autoritarismo latinoamericano.  Los golpes de Estado de viejo cuño sobre todo eran para detener el avance y configuración de los movimientos sociales y el movimiento obrero, ya que en el siglo XX se un crecimiento del obrerismo y al mismo tiempo un éxodo del campo a la ciudad, lo que diría Aníbal Quijano: una marginalización y urbanización masiva.

La Resistencia como un producto natural, histórico y genuino del Golpe de Estado creó otro tipo de dinámica de lucha en los movimientos sociales, se conformó el Frente de Resistencia Popular que nucleó en su seno a todas las organizaciones contra el régimen ultra conservador instaurado por el partido Nacional.  De la calle a las resistencias comunicativas, todo tipo de asistencia surgió en esta última década que si bien no hizo tambalear al régimen, sino sirvió para crear conciencia crítica de que las instituciones habían sido coaptadas y estábamos en un régimen autoritario, con una corrupción exacerbaba y un saqueo excesivo de las arcas del Estado.

Lamentablemente tuvimos que esperar un martirologio de 12 años para que la pesadilla autoritaria se tumbara. Este momento histórico queda como experiencia para que nos demos cuenta de la importancia de tienen los movimientos sociales como base material y ética para las transformaciones democráticas de las sociedades y pueblos.

Este momento es totalmente sui géneris en la historia de nuestra nación, por primera vez la izquierda parlamentaria llega al poder, lo cual ya es algo radical para un país con estructuras atrasadas y arcaicas en sus cimientos, costumbres e imaginarios.   Aunque en su discurso el partido Libre habla de “socialismo democrático” como una forma se separarse de aquel socialismo real burocrático del siglo XX, no creo que ese discurso pase a más que reformas que intenten reconfigurar el despelote de Estado que los nacionalistas dejaron.  Difícilmente el Estado dejará de ser un Estado liberal, ya que el Gobierno está amarrado por las mismas condiciones legales que le dieron la posibilidad de llegar al poder, a saber: las urnas; que en la escena de la democracia elitista es su campo de batalla y el mercado capitalista donde se compran y venden las “, mejores de la clase política” según Gaetano Mosca.  Si el actual gobierno legítimo de Xiomara Castro pretender profundizar el proceso de democratización tendrá que ser acompañado de los movimientos sociales e ir mas allá que un tímido desarrollismo y comenzar un plan de desarrollo integral e industrializar el país.

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