La prensa sigue bajo ataque en Honduras

Tegucigalpa, Honduras |Reporteros de Investigación. Para la prensa nada ha cambiado, bueno sí un poco porque ahora hay grupos de respuesta más virulentos en redes sociales y turbas físicas que pueden agredir a periodistas. Antes en dictadura a la prensa la agredían militares, guardias de seguridad y policías, sicarios de maras y pandillas y un ejército de agresores sin rostro, englobados en la cómoda categoría de desconocidos.

Ahora hay civiles con discursos públicos violentos, alineados con el poder por no decir activistas del poder que están cuestionando y emplazando a periodistas.

Cesar Silva es un periodista que ha sacrificado su interés personal por el interés colectivo de acceder a la verdad y a los asuntos públicos y desde los noventa que fue perseguido por revelar asuntos incómodos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) hasta la fecha ha sufrido una serie de agresiones con el fin de aplacar su ímpetu por denunciar la injusticia.

La situación de soledad más reciente que César Silva tuvo que enfrentar cuando aún había un Dictador en el país fueron varias acciones penales desproporcionadas, promovidas por un funcionario del venezolano Guaidó autoproclamado presidente de Venezuela.

La imagen de Silva cargando el cuerpo ensangrentado de Isi Obed, el 5 de julio de 2009, en una protesta contra el Golpe de Estado es indeleble en la mente de quien lo vio. Silva ha mantenido una postura frontal para denunciar el golpe de Estado de 2009, contra la corrupción y para que haya transformaciones sociales en el país. Silva no es un periodista amansado al que le van a decir cómo pensar y en el camino ha sido víctima de injusticias y falso testimonio para apedrear su labor.

Es de esperarse que con nueva administración estatal, un periodista como Silva tenga acceso a informar sin restricciones. Pero no. No ha sido así. En las últimas horas se viralizó un video en el que revictimizan al periodista mostrándole como agresor, pero al comprender el subtexto de ese instante es claro que su labor periodística fue vulnerada, no le permitían ingresar ni siquiera a la parte baja de un edificio gubernamental, donde están todos los ministerios, llamado Centro Cívico. Fue agredido por guardias de seguridad, formados para obedecer y agachar la cabeza sin pensamiento crítico, impensable que un guardia decida agredir a un periodista por iniciativa propia.

La agresión contra Silva ocurrió menos de 24 horas después de que atentaran a mano armada contra las oficinas de Radio Globo, uno de los medios más victimizados desde 2009 cuyo equipo cuenta con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Circulan libelos anónimos que dicen que se trata de una campaña de desprestigio ¿donde están los cuerpos de inteligencia del Estado para capturar a los responsables y la tecnología que tienen para qué es? ¡Acuérdese señor, señora usted ya no es oposición, usted está en el poder!

El caso de Silva no es único, las obstrucciones de acceso a información siguen a la orden del día, las y los periodistas deben hacer una serie de malabares para acercarse a ciertos funcionarios que se comportan cual cuasi semidioses, todavía con escolta y asistente, en un Estado que quedó quebrado por el gobierno anterior y que según su retórica era muy inferior al bienestar y transparencia que ellos representan.

Periodistas que hemos hecho uso de la Ley de Acceso a Información Pública, por ejemplo desde Criterio.hn y Reporteros de Investigación seguimos recibiendo negativas de información. RI ha promovido ya dos recursos de revisión ante el Instituto de Acceso a Información Pública, en los últimos días.

A la prensa tradicional no le va mejor, a diario les gritan tarifados, les ponen apodos, atacan su discurso, sufren hostigamiento en línea y en eso tenemos responsabilidad incluso los medios de la prensa alternativa que no hemos comprendido que atacar cualquier discurso conlleva el peligro de censura para todas las personas y apenas lo estamos comprendiendo ahora al recibir ataques cuando cuestionamos a la nueva administración pública como debe ser porque la nueva estructura estatal piensa que deberíamos ser activistas.

Es verdad, el nuevo gobierno llegó con un planteamiento de transformaciones sociales que demandamos y apoyamos porque la derecha ha asesinado, robado y mentido de manera cómoda, pero eso no quiere decir que lo que estaba mal para aquellos está bien para estos. Lo que es incorrecto, lo es siempre.

Así que si la gente quiere que su prensa cambie no lo va a lograr atacando a las figuras visibles de una estructura mediática. Eso es circo que mantiene inalterable a los grupos de poder y coloca en riesgo a las y los periodistas porque un discurso violento justifica el camino al asesinato. ¿Quieren cambiar la prensa que hay?, pues, deberían exigir una reestructuración de la propiedad mediática, la reconfiguración del espectro radioeléctrico, la creación de mecanismos para proteger a periodistas de la censura que imponen en las salas de redacción tradicional, desmantelen los aparatos y las megaestructuras que dejó la dictadura y que hasta ahora no han tocado, cumplan con sus obligaciones de transparencia, respeto a la libertad de prensa y acceso a información.

Acá seguimos a diario haciendo nuestra labor, no nos vamos a prestar para atacar por encargo o de mala fe a la administración pública, financiada por un pueblo que quiere un cambio, pero mucho menos vamos a apañar el abuso y sobre todo si es contra la prensa «el nervio principal de la democracia» y en contra de periodistas «vehículos de la democracia». Las y los periodistas nos hemos venido llevando la peor parte en la conflictividad social que vive Honduras porque trasladamos la palabra en un entorno altamente restrictivo que lejos de cambiar pareciera recrudecerse. Estuvimos 12 años en oscuridad, queremos que se iluminen las avenidas de la administración pública para reconstruir día a día la verdad con base en el interés público no en el interés partidista.

Queremos una administración pública que haga con la prensa todo lo contrario a lo que han hecho las élites de poder empresarial, dueñas de Honduras, aún impunes que con su ejército de sicarios han silenciado defensoras, periodistas, funcionarios honestos, han limpiado la mesa para delinquir y saquear el Estado.

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