
Era la 1:31 de la tarde en esta ciudad helada cuando este nostálgico capítulo para Honduras siguió reescribiéndose en una lágrima. El presidente conspiró con algunos de los mayores narcotraficantes del mundo. La conspiración de Hernández asesinó para proteger y hacer crecer su empresa de narcotráfico.

Nueva York | Reporteros de Investigación. El expresidente de Honduras ha tenido mala suerte con el 13. Sus vínculos probados con la Mara Salvatrucha (MS-13), fueron parte de los motivos que lo trajeron a esta ciudad. Los últimos 13 días de los 55 años de su existencia, Juan Orlando Hernández Alvarado los pasó en un banquillo de la Corte de Distrito Sur de Nueva York.
Día 13 en el calendario de su juicio, a eso de las 10:28 el juez Kevin Castel entró a la sala para resolver dos peticiones de la defensa que declaró sin lugar.
Uno de los alegatos del defensor Renato Stabile es que una protesta con fotos de víctimas mortales, situada frente a la Corte podría contaminar el criterio del jurado. Stabile mostró un vídeo. El juez determinó que el jurado ya tenía instrucciones precisas para no dejarse influencias por situaciones externas.
Desde las ventanas del piso número 26, el público podía ver la protesta con fotos de los difuntos: operadores de justicia, periodistas, mujeres, indígenas, asesinadas por las estructuras de Juan Orlando.
Eran las 11:20 de la mañana de viernes, los alguaciles sacaron al expresidente de la estancia judicial. Se lo llevaron en un receso mientras el jurado razonaba para dar el veredicto. Cuando iba de salida, con una mano se tocó el corazón y luego mostró el dedo gordo. Sonrió y dijo gracias, dirigiéndose a sus únicas dos familiares.
Salió acompañado de los mariscales, vestidos de traje oscuro y corbata, al igual que él. Una hora antes, había ingresado con esa misma sonrisa que esbozaba durante la campaña electoral. Para el tiempo que duró su juicio, tenía cinco camisas de vestir, tres trajes de negocios con chaqueta y pantalón; cinco pares de calcetines, un par de zapatos de cuero y un cinturón.
Era la 1:20 de la tarde, todo el público y periodistas que se habían levantado para comer o ir al baño, volvieron tensos y conjeturaron que ya tenían un veredicto de culpabilidad al ver a los cuatro alguaciles entrando a la sala de juicio. Juan Orlando ya estaba de nuevo ahí y oraba.
Los centinelas judiciales empezaron a acomodar a la gente de nuevo. Uno de los celadores pidió a los tres generales de las Fuerzas Armadas de Honduras que se pasaran de la primera, a la segunda fila. En ese instante, el general Tulio Romero Palacios salió con arrebato del salón, seguido por su colega Willy Joel Oseguera.
Era la 1:27: Hay un veredicto, dijo el juez Kevin Castel. Antes de permitir el ingreso del jurado, Castel se dirigió al público que llenaba el recinto y les pidió seguir mostrando un buen comportamiento.
Transcurría un ambiente tenso, de expectación. Unas personas tenían los brazos cruzados, otros se sujetaban de las bancas. Había silencio. No se movía ni una hoja de papel. Las ventanas con cortinas rojas dejaban percibir desde esta altura, una ciudad con bruma blanca que impedía ver los rascacielos.
Era la 1:29, las 12 personas del jurado entraron y ocuparon sus puestos.
Era la 1:31, el jurado con el código “número 13” dijo: “guilty” (culpable, en español) cuando la secretaria preguntó: ¿cómo encuentras al acusado en el primer cargo?
La sala permaneció en silencio.
- Cargo 1: ¿El gobierno ha demostrado 5 o más kilos?, dijo la secretaría judicial.
- Sí, respondió el jurado.
- Cargo 2: ¿se trata de ametralladoras?
- Sí
- Cargo 3: ¿cómo encuentras al acusado en el tercer cargo?
- Culpable
Después, la secretaría preguntó a cada jurado si estaba conforme, cada uno fue respondiendo: Sí. Juan Orlando los veía.
“Damas y caballeros, no comentaré sobre el caso. Estoy impresionado por lo que han hecho. Están aquí como extraños, podrían no haberse encontrado. Fueron llamados a seguir, como ciudadanos de Estados Unidos, un caso que no tiene nada que ver con ustedes. No se quejaron, entendieron el concepto de servicio… (que lo vean) como un momento de más orgullo. Hicieron su trabajo”, dijo el juez.
Stabile parecía pensativo, con la mirada hacia abajo. Uno de los alguaciles que siempre custodió al acusado permanecía de pie detrás de su espalda. El otro tenía su cuerpo de lado observando el público, dos estaban sentados en la primera fila y dos más permanecían en la parte de atrás.
Era la 1:40, Castel revisaba su agenda para establecer la fecha de sentencia. Fue programada para el 26 de junio de 2024, a las 11:00 de la mañana.
Era la 1:42, Juan Orlando volvió a ver hacia el público, su semblante estaba transformado, parecía como si en solo 13 minutos el peso del ocaso de todo su poder le hubiera caído encima hasta aplastar la piel de su rostro en varios dobleces. Se veían arrugas repentinas en su cara. Tenía la frente fruncida. No sonrió.
¡Soy inocente, díganle a mundo!, pidió en tono nostálgico cuando era llevado por la tropa de alguaciles al Centro de Detención Metropolitano («MDC»), en Brooklyn. Juan Orlando volvió a la cárcel.
Conspiró con algunos de los mayores narcotraficantes del mundo
A la 1:25 de la tarde en su cuenta de X, la Fiscalía de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York dio a conocer un comunicado: “Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, condenado en un tribunal federal de Manhattan por conspiración para importar cocaína a Estados Unidos y delitos relacionados con armas de fuego”.
“Hernández conspiró con algunos de los mayores narcotraficantes del mundo para transportar toneladas de cocaína a través de Honduras hacia Estados Unidos”.
«Damian Williams, Fiscal Federal para el Distrito Sur de Nueva York; Merrick B. Garland, el Fiscal General de los Estados Unidos; y Anne Milgram, administradora de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (“DEA”), anunciaron hoy que un jurado emitió un veredicto de culpabilidad contra JUAN ORLANDO HERNÁNDEZ, alias “JOH”, por los tres cargos de la acusación, que incluían delitos de importación de cocaína y de armas. El juez federal de distrito P. Kevin Castel presidió el juicio. La sentencia de HERNÁNDEZ está prevista para el 26 de junio de 2024».
Según este comunicado, «el fiscal federal Damian Williams dijo: “Juan Orlando Hernández tuvo todas las oportunidades de ser una fuerza para el bien en su Honduras natal. En cambio, optó por abusar de su cargo y de su país para su beneficio personal y se asoció con algunas de las organizaciones narcotraficantes más grandes y violentas del mundo para transportar toneladas de cocaína a Estados Unidos. Tengo la más sincera esperanza de que esta convicción envíe un mensaje a todos los políticos corruptos que considerarían un camino similar: elegir de manera diferente. Mi Oficina no se detendrá ante nada para investigar y procesar a los responsables de enviar veneno a esta comunidad, sin importar su estatus o poder político».
«El Fiscal General Merrick B. Garland dijo: “Juan Orlando Hernández abusó de su posición como Presidente de Honduras para operar el país como un narcoestado donde a los narcotraficantes violentos se les permitía operar con virtual impunidad».
«La administradora de la DEA, Anne Milgram, dijo: “Cuando el líder de Honduras y el líder del Cartel de Sinaloa trabajan mano a mano para enviar drogas mortales a las comunidades estadounidenses, ambos merecen rendir cuentas en Estados Unidos. Este caso debería enviar un mensaje claro de que nadie está por encima de la ley ni fuera de nuestro alcance».
Acusación

Desde 2004 a 2022, el ex presidente de Honduras, durante dos mandatos y ex presidente del Congreso Nacional de Honduras, estuvo en el centro de uno de los mayores y más violentos carteles de narcotraficantes.
Abusó de su posición y autoridad en Honduras para facilitar la importación de 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos.
“A cambio, HERNÁNDEZ recibió millones de dólares en dinero del narcotráfico de algunas de las organizaciones narcotraficantes más grandes y violentas de Honduras, México y otros lugares, y utilizó esos sobornos para impulsar su ascenso en la política hondureña”.
“Promovió públicamente la legislación y los esfuerzos que pretendía realizar en apoyo de las medidas antinarcóticos en Honduras. Al mismo tiempo, protegió y enriqueció a los narcotraficantes de su círculo íntimo y a quienes le proporcionaron sobornos alimentados con cocaína que le permitieron obtener y mantenerse en el poder en Honduras”.
“Confirmó selectivamente las extradiciones al utilizar su poder ejecutivo para apoyar las extradiciones a los Estados Unidos de ciertos narcotraficantes que amenazaban su control del poder y prometiendo a narcotraficantes que le pagaban y seguían sus instrucciones que permanecerían en Honduras”.
“HERNÁNDEZ y sus cómplices abusaron de las instituciones hondureñas, incluida la Policía Nacional de Honduras y el Ejército de Honduras, para proteger y hacer crecer su conspiración”.
La conspiración de Hernández asesinó para proteger y hacer crecer su empresa de narcotráfico, “atacando y asesinando a traficantes rivales y a aquellos que amenazaban su control del comercio de cocaína en Honduras”.
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