Aunque el sistema financiero nacional se muestra estable y rentable, su modelo conservador mantiene tasas pasivas mínimas y margina a los inversionistas.
El tradicionalismo bancario, dependiente de remesas y créditos de consumo, se ha convertido en un obstáculo para el crecimiento económico y en un desincentivo para quienes buscan diversificar capital.
Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. El sistema bancario hondureño se presenta como uno de los sectores más sólidos y rentables de la economía nacional. Los balances muestran estabilidad, márgenes de ganancia elevados y una fuerte concentración de depósitos y créditos en manos de los bancos comerciales. Sin embargo, detrás de esa aparente fortaleza se esconde una dinámica que genera debate: la banca tradicional, anclada en prácticas conservadoras, está frenando la inversión y desestimulando el crecimiento económico.

Este modelo conservador, aunque garantiza solvencia institucional, plantea interrogantes sobre estímulo a la inversión, inclusión financiera, competitividad y justicia económica.
El resultado es un círculo vicioso: los ahorrantes reciben rendimientos mínimos por sus depósitos, los inversionistas carecen de instrumentos modernos para diversificar capital, y la economía nacional pierde oportunidades de crecimiento. Mientras tanto, países comparables han logrado mayor profundidad financiera apostando por la innovación tecnológica y el desarrollo del mundo “Fintech”.
En el estudio Inclusión Financiera en Honduras. Un estudio del caso, elaborado por Sebastián Auguste y Jordi Prat, investigadores de la Universidad Torcuato Di Tella y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en coordinación con la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS), advierten que la banca hondureña se mantiene atrapada en un modelo convencional que desalienta la inversión y limita la inclusión financiera.
Los economistas Auguste y Prat, señalan que la banca hondureña sigue atrapada en un modelo convencional que limita la inclusión y la inversión, el modelo bancario hondureño opera con un sesgo marcado hacia la captación de depósitos y el crédito de consumo, sin crear condiciones que incentiven la inversión productiva.
La banca convencional, como lo señala el estudio, presenta desventajas significativas como altas comisiones por mantenimiento y transacciones, horarios de atención limitados, procesos burocráticos lentos y menor rentabilidad en cuentas de ahorro.
Además, dependen de infraestructura física costosa, lo que resulta en tasas de interés menos competitivas y tecnologías a menudo obsoletas frente a las “fintech” (Las “Fintech”, una contracción de “finanzas” y “tecnología”, representan a las empresas que emplean innovaciones tecnológicas para optimizar, automatizar y mejorar los servicios financieros).
Otro estudio reciente de la calificadora de riesgos Stándar and Poor, (S&P) Global Ratings (diciembre 2024), publicado por diversos medios regionales, confirma que mientras Honduras mantiene un modelo bancario conservador, países como Costa Rica y Panamá han diversificado su oferta con productos más competitivos, mayor apertura tecnológica y acceso internacional. Esto evidencia una brecha regional en innovación y beneficios para los ahorrantes.
Asimismo, el Reporte de Inclusión Financiera 2025, realizado por la CNBS, subraya que “la banca comercial concentró el 90.2% del total de los depósitos”. Esta concentración confirma que los bancos absorben la mayor parte de los recursos del público, pero no se refleja en beneficios tangibles para los inversionistas y ahorrantes, quienes continúan siendo la base barata de fondeo.

Según el documento, los depósitos captados por instituciones supervisadas alcanzaron L727,294 millones en 2024, con un crecimiento interanual de 9.6%. Sin embargo, el saldo promedio por cuenta activa en personas naturales fue de apenas L29,133.9, lo que evidencia que los bancos acumulan ganancias millonarias mientras los ahorrantes mantienen depósitos de bajo rendimiento.
El informe puntualiza que “las cuentas de ahorro representan el 43.7% del monto total, los certificados de depósito el 38.2%, las cuentas de cheques el 18.0% y las cuentas básicas el 0.1%”. En otras palabras, los bancos se benefician de una estructura diversificada y de bajo costo, mientras los usuarios reciben retornos mínimos por sus ahorros.
Iguales valoraciones reporta el estudio realizado en 2024, por la Sociedad Calificadora de Riesgo (SCR), afiliado a Moody’s Local, que evidencia que “las utilidades netas generadas por el sector alcanzaron L9,091.9 millones”, con Bancocci, Bac Credomatic y Banpaís concentrando más del 60% de esas ganancias. El informe subraya que la banca hondureña obtiene beneficios extraordinarios, mientras los ahorrantes continúan siendo simples proveedores de fondeo barato.
De acuerdo con SCR, los depósitos crecieron un 12.7% anual y representaron el 80.8% de la estructura pasiva del sistema. Esta base de fondeo, sustentada en cuentas de ahorro y a plazo, favorece los márgenes de intermediación de los bancos, pero no se traduce en beneficios proporcionales para los depositantes.
El informe puntualiza que “la estructura de ingresos estuvo determinada por intereses sobre préstamos (68.7%), comisiones (14.8%), inversiones financieras (8.7%) y otros ingresos (5.9%)”. Es decir, las ganancias provienen del crédito y las comisiones, mientras los ahorrantes permanecen sin ventajas tangibles por su aporte al sistema.
El modelo conservador
Los informes de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS) y el Banco Central de Honduras (BCH) coinciden en que la banca hondureña mantiene una política de captación barata y colocación cara:

• Tasas pasivas (ahorros): entre 1%, 2% y 3%, de las más bajas en Centroamérica.
• Tasas activas (créditos): entre 15% y 20%, superiores al promedio regional.
• ROE bancario: 18–20%, muy por encima del promedio latinoamericano.
El ROE bancario (Return on Equity, Retorno sobre el Patrimonio) mide la rentabilidad financiera de un banco, indicando la capacidad de generar beneficios netos utilizando los fondos propios de los accionistas.
Este esquema, reflejado en los últimos reportes de ambas instituciones, muestra una estrategia conservadora: priorizar liquidez y minimizar riesgos, incluso a costa de limitar la innovación financiera, frenar la inversión y el desarrollo del país.
Retomando el estudio Inclusión Financiera en Honduras. Un estudio del caso, elaborado por Sebastián Auguste y Jordi Prat, investigadores de la Universidad Torcuato Di Tella en coordinación con la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS), se remarca que los bancos comerciales concentran la mayor parte de los depósitos y créditos, lo que limita la diversidad de actores en el sistema financiero hondureño.
Sebastián Auguste y Jordi Prat señalan que “los bancos comerciales representaban, a fines de 2023, el 82,9% de los créditos otorgados totales y el 90% de los depósitos/aportaciones”, una concentración que reduce la capacidad de inclusión de otros intermediarios financieros. Estos valores se mantienen a inicios de 2026, pues la estructura y normativa se mantiene intacta.
Según los autores, las cooperativas y microfinancieras apenas representan un 8,4% de la cartera de créditos frente a los bancos, aunque atienden a segmentos de población con préstamos de bajo monto y cobertura regional. Esto revela una estructura bancaria que privilegia la escala sobre la inclusión.
En palabras de Auguste y Prat: “El mundo Fintech en Honduras es incipiente, ya que solo existe una empresa operando dinero móvil o billeteras electrónicas… con escasa interoperabilidad con los bancos”. Esta falta de infraestructura tecnológica limita la modernización de la banca convencional.
El diagnóstico es claro: la banca tradicional hondureña opera con un fuerte sesgo hacia la captación de depósitos y el crédito de consumo, pero sin generar condiciones que estimulen la inversión productiva.
Según Auguste y Prat, este rezago tecnológico y regulatorio provoca que los ahorrantes enfrenten costos poco competitivos y que los inversionistas carezcan de mecanismos modernos para diversificar su capital
Los investigadores en mención indican que, pese a la fuerte preferencia por el efectivo y la baja adopción tecnológica, la banca hondureña podría mejorar su inclusión si fomenta la interoperabilidad digital, expande las cuentas básicas y fortalece el papel de agentes corresponsales como puente hacia zonas rurales.
“La falta de incentivos claros mantiene a Honduras en desventaja frente a países comparables que apostaron por el mundo Fintech”, remarcan los investigadores, subrayando que la ausencia de infraestructura pública de pagos y la escasa interoperabilidad entre bancos y billeteras electrónicas refuerzan la brecha.
El resultado es un sistema financiero que se expande en cobertura, pero no en profundidad. La banca convencional hondureña sigue siendo resistente al cambio, y esa resistencia se traduce en un círculo vicioso: menos innovación, menos inversión y más exclusión para los sectores que necesitan financiamiento.
Rentabilidad versus inclusión

La banca hondureña es altamente concentrada: cinco bancos controlan más del 80% del mercado. Esto les permite fijar condiciones poco competitivas para los ahorrantes y prestatarios.
Un estudio del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES-UNAH) señala que los bancos privilegian clientes de bajo riesgo, excluyendo a sectores populares y pequeñas empresas. El resultado es un sistema que maximiza beneficios privados, pero restringe el acceso al crédito productivo.
El estudio, presentado por la UNAH y Equifax, advierte que “la intermediación financiera ha sido una de las ramas más importantes de la economía hondureña, aportando el 21.7% al PIB, pero con un modelo que privilegia márgenes financieros elevados antes que incentivar la inversión productiva”.
Los investigadores señalan que el sistema bancario hondureño sigue operando bajo esquemas convencionales, donde los ingresos provienen principalmente de intereses sobre préstamos y comisiones por tarjetas de crédito y débito, lo que refuerza un modelo de rentabilidad inmediata pero poco innovador.
“Se observó un menor flujo por concepto de intereses pagados al público, contribuyendo al mayor margen financiero”, destaca el informe, evidenciando cómo los bancos trasladan costos a los ahorrantes al ofrecer tasas pasivas mínimas.
El estudio, coincidente en el diagnostico con los señalados anteriormente, subraya que la banca convencional, al concentrarse en créditos de consumo y fiduciarios, limita la creación de instrumentos que estimulen la inversión empresarial, generando un entorno poco atractivo para quienes buscan diversificar capital.
“El incremento en los ingresos por préstamos y comisiones se ha dado en paralelo a una reducción de incentivos para el ahorro y la inversión”, concluyen los autores, remarcando que la estabilidad del sistema se sostiene en prácticas conservadoras que frenan el crecimiento económico.
Comparación Regional de servicios
| Indicador 2025 | Honduras | Promedio Centroamérica |
| Tasa de ahorro | 2-3% | 3-5% |
| Tasa de crédito | 15-20% | 12-18% |
| Rentabilidad bancaria (ROE) | 18-20% | 12-15% |
| Concentración de mercado | Muy alta | Media |
Fuente: CNBS – Reporte de Inclusión Financiera 2025. Cifras a diciembre 2024 de instituciones supervisadas.
Diariamente, la población hondureña, la mayoría, con poca o nula educación financiera, es sometida a campañas publicitarias, donde se expone, que la banca hondureña se autodefine como “conservadora” y “prudente”.
En sus campañas publicitarias, el énfasis está en la seguridad del ahorro, no en la oportunidad de inversión. El mensaje implícito es que los ciudadanos deben conformarse con proteger lo poco que tienen, mientras que la inversión y el riesgo son privilegio de unos pocos grupos empresariales.
Este modelo genera a juicio de expertos, una percepción social: la banca hondureña es mezquina, vive de márgenes altos y no fomenta la innovación financiera. En contraste, países como Chile, Colombia o Singapur han convertido a sus ciudadanos en inversionistas masivos, democratizando el acceso a instrumentos financieros.
Críticas y riesgos
- Desincentivo al ahorro: las bajas tasas reducen la confianza ciudadana en el sistema financiero.
- Altos márgenes de intermediación: generan beneficios extraordinarios para bancos, pero encarecen el crédito.
- Escasa innovación: Honduras ofrece menos productos de inversión que países vecinos.
- Exclusión financiera: gran parte de la población queda fuera del acceso a crédito competitivo.
Inequidad en la rentabilidad.
La banca hondureña es un negocio altamente rentable para las instituciones, pero poco atractivo para los ciudadanos. Su modelo conservador asegura estabilidad, pero limita el desarrollo económico inclusivo. El reto para el país es equilibrar la rentabilidad bancaria con la democratización del crédito y el incentivo al ahorro, evitando que la estabilidad se
El Informe de Coyuntura Financiera de la CNBS (octubre 2024) advierte que “la banca hondureña ha privilegiado la seguridad sobre la innovación. Eso le ha permitido mantener indicadores de solvencia superiores al promedio regional, pero ha dejado rezagados a los ahorrantes y pequeños empresarios”.
Además, el mismo documento señala que “el margen de intermediación es excesivo. Los bancos captan depósitos a tasas de 2% o 3% y colocan créditos a más del 15%. Esa diferencia explica la alta rentabilidad del sector”.
El documento confirma que la banca hondureña ha privilegiado la seguridad sobre la innovación, manteniendo indicadores de solvencia superiores al promedio regional, aunque con un efecto rezagado para los ahorrantes y pequeños empresarios.
Asimismo, el informe subraya que la concentración en cuentas de ahorro y certificados de depósito limita la diversificación de productos de inversión, lo que coloca a Honduras en desventaja frente a países vecinos como Costa Rica y Panamá, donde la oferta es más amplia y competitiva.
El reporte evidencia que persisten brechas de acceso al crédito competitivo, especialmente en zonas rurales y entre sectores vulnerables, lo que confirma un patrón de exclusión financiera.
Comparación regional

Mientras Honduras mantiene un modelo conservador, países como Costa Rica y Panamá han diversificado su oferta bancaria, para el caso:
• Costa Rica:
Amplia gama de fondos de inversión y productos de ahorro con tasas más competitivas.
Mayor apertura a fintech y banca digital.
• Panamá:
Sistema financiero internacionalizado, con productos en dólares y acceso a mercados globales.
Tasas de ahorro más atractivas y créditos con condiciones flexibles.
Tabla Comparativa de modelo bancario
| País | Modelo Bancario | Innovación Digital | Productos de Ahorro | Condiciones de Crédito |
| Honduras | Conservador, centrado en banca comercial | Baja adopción fintech | Predominio de cuentas de ahorro tradicionales | Condiciones rígidas, poco flexibles |
| Costa Rica | Diversificado, estatal y privado | Alta apertura a banca digital | Fondos de inversión y ahorro con tasas competitivas | Mayor variedad y competencia. |
| Panamá | Internacionalizado, dolarizado | Avanzada integración tecnológica. | Productos en dólares, acceso global | Tasas atractivas y créditos flexibles. |
Fuente: Elaboración propia a partir de diversos reportes, entre otros S&P Global Ratings sobre el panorama bancario de Centroamérica (diciembre 2024)
Como se indicó, el informe de S&P Global Ratings, el sistema bancario hondureño mantiene tasas de crecimiento del crédito superiores al PIB, pero su estructura tradicional limita la inversión y el dinamismo económico.
Los bancos hondureños registran una expansión del crédito de entre 8,5 % y 10,5 %, muy por encima del crecimiento del PIB, pero esa solidez se sostiene en prácticas convencionales que no generan incentivos a la inversión productiva.
La banca hondureña sigue anclada en un esquema tradicional que privilegia préstamos comerciales y de consumo, mientras el sector privado enfrenta limitaciones para endeudarse en proyectos de largo plazo.
Las tasas pasivas son bajas, mientras los márgenes de ganancia por créditos se mantienen extraordinarios, lo que genera un efecto negativo en quienes buscan rentabilizar sus depósitos.
En Honduras, la banca convencional sigue siendo resistente al cambio. Su tradicionalismo genera estabilidad en los balances, pero al mismo tiempo limita la capacidad del sistema financiero de convertirse en motor de inversión y desarrollo económico.
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