sábado, septiembre 5, 2026
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Luchamos para Vencer: escrito por el estudiante que estropeó la vejez de un par de oxidados dictadores

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Cesareo Padilla escribe su primer libro como autor de la literatura hondureña y lo hace con un homenaje a la lucha obrera desde el seno de la UNAH: Luchamos para vencer.

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Cesario Padilla no se «compuso» en los diez años que estuvo criminalizado. Su mal evolucionó. Ahora resulta que caminó del periodismo, de manera peligrosa, a la literatura hondureña para seguir desafiando con su libertad de expresión a oxidados dictadores.

Creció en los pasillos de la Escuela de Periodismo. Ahí, ajeno al letrero pintado en la pared con la leyenda: «Nunca el filo de un machete (o espada) podrá cortar el perfil de una pluma», era consentido por maestros y alumnos por ser el hijo del profesor Félix Césario.

Fue consentido por hombres y mujeres que más tarde serían los verdugos de su lucha estudiantil ofensiva y grosera para el poder con amagues absolutistas.

A cada quien le toca un destino y a él le tocaba ser hijo del poeta Félix Césario. Esa es la conclusión de la platica que sostuvimos tomando café una mañana de junio de 2026.

Para presentarlo como lo haría una cronista domesticada pues hay que decir que es periodista, estudia una licenciatura en letras, escritor, fue dirigente estudiantil, estuvo casi una década criminalizado por desafiar el poder de la exrectora de la UNAH, Julieta Castellanos y el gobierno del condenado a 45 por tráfico de drogas, el indultado Juan Orlando Hernández.

La muerte de su padre le abrió una nueva senda. Cerró hace unos años, su ejercicio periodístico y abrió la puerta para entrar al horizonte de la escritura. Vivió su primer contacto con el mundo de las editoriales, como si él fuera el autor cuando le tocó hacer la edición póstuma del poemario de su papá, de Félix Cesario, Carcelaria y de Tiempos del terror. La última publicación en vida de Félix Césario, en el año 2018.

Seis años más tarde volvió al mundo de las editoriales son su primer trabajo como escritor. Con su primer hijo en la literatura hondureña. Dar a luz siempre genera dolor. «Cuesta no solo económicamente, sino también es un esfuerzo, una construcción de pensamiento fuerte y te desgasta, pero al final te satisface cuando ya lo tenés en tus manos», concluye Cesario.

—Reporteros de Investigación (RI): Bueno, de hecho esto que vos decís lo plantea Gabriel García Márquez en una de sus obras e interpreto que habla él, de la decepción de, que el dinero se queda más en los editores, que los editores son los que más ganan y todos los sacrificios qué esto implica. No sé si tenés una influencia de esto que decía Gabriel García Márquez o es más una experiencia tuya.

—Cesario Padilla (CP): Fíjate que el tema es que cuando Gabo inicia, por ejemplo, a publicar sus primeros cuentos, que los publica en los diarios de de la época en Colombia, era precisamente eso, o sea, empezarse a hacer el nombre de escritor y después para llegar a ser el gran monstruo de la novela y de la narrativa latinoamericana.

Y en el contexto hondureño es que cada vez más se cierran los espacios para publicar o hay un concepto donde el escritor tiene que pertenecer a una élite, a grado tal que esa élite es la que te aprueba o la que te reprueba si sos o no sos escritor. Entonces, también es un poco romper esa censura sutil que existe y que te la tenés que rifar en múltiples escenarios, desde la temática que abordás en el texto que vas a publicar hasta ser un peregrino, andar por cada sector conocido o por conocer para decir: «Mire, tengo este libro, si le interesa, habla de X o Y tema que nunca se ha abordado o pueda que sí, esto es una humilde contribución».

Entonces, es más superar esa esa barreras que enfrentar en un país.

—RI: Es un poco lo que decía Mario Benedetti cuando habla de que es un caso perdido, que cada vez los laureles se lo reparten entre un círculo cada vez más pequeño porque él no es imparcial, ¿no sé si has leído esto?

—CP: Mira, y el asunto, o sea, acá acabamos de renombrar a dos escritores sui generis completamente y, además, en el caso de Benedetti es que ha contribuido desde su narrativa y también desde su poesía a un tema muy poco contado en países como el nuestro que es el abordaje testimonial de procesos de lucha social, ocurridos en nuestros países en el contexto de los últimos 50 años, o sea, vos lees Pedro y el Capitán, de Benedetti, que es desde la temática de un torturador y el torturado; y como de una forma tan mágica Benedetti recrea ese diálogo, a partir de la construcción de un hecho trágico en la historia de nuestros pueblos como la dictaduras militares y las violaciones a derechos humanos.

Entonces es sortear también eso, o sea, como cuando vos posicionás ese tipo de temáticas, tenés que romper la muralla de lo que comúnmente se escribe, que se escribe para los poderosos, se escribe para los no solo poderosos económicamente sino militarmente, políticamente.

Siempre los excluidos, los desposeídos, las víctimas de violaciones a derechos humanos siempre se quedan rezagadas.

Entonces, Benedetti te ofrece ejemplos claro, como este que te muestro o también como García Márquez en El Otoño del Patriarca, que para mí es una novela preciosísima, como ese dictador en el exilio te ofrece esa capacidad reflexiva de decir: «He logrado hacer un imperio en lo que yo he dominado y al final me he quedado solo, a punto de morir».

Entonces, ¡cómo¡ estos dos personajes en su contexto, en sus tiempos nos enseñan más allá de la cantidad de libros que tienen publicados, sino el abordaje de lo que generan, dónde lo han posicionado y lo que ha implicado ejercer ese oficio.

—RI: Pero esa rebeldía también la vemos en tu libro: Luchamos para vencer. ¿Por qué has decidido contar la trayectoria del Sindicato de trabajadores de la UNAH, mientras hay otros periodistas que estigmatizan al sindicato de trabajadores de la universidad?

—CP: Y al movimiento obrero en general, Wendy, yo creo que al hablar, estamos como en esa sintonía porque este libro recoge dos elementos clave. Primero, un homenaje personal a una organización que yo llevo en el corazón, como es el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, pero también sumar mi homenaje a hombres y mujeres que dignificaron también desde el Sitraunah al movimiento obrero hondureño.

[Es] Un espacio organizativo que ha construido prácticamente una buena parte de la historia de este país a partir de la huelga del 54, en 1954 y todo lo que posteriormente se desencadenó en favor de los trabajadores y trabajadoras de este país, pero también antes de ese momento, todos esos procesos que forman parte de la historia de este país, como las sociedades mutualistas, como ese primer intento de organización obrera en el país a inicio del siglo XX.

Entonces, al mencionar este periodo, lo que genero es precisamente ese homenaje que ha sido negado por los que han controlado la opinión pública en Honduras, en estos últimos años y que lejos de ver al movimiento obrero como un actor importante de esta sociedad, lo criminalizan, lo estigmatizan, lo señalan.

—RI: Como dijo Pepe Lobo, ¡cómo te ponés a creer! o ¿cómo te atrevés, en este momento en que hay una ley que protege la agroindustria y que está criminalizando la libertad de asociación y de protesta, a publicar un libro que habla sobre la trayectoria sindical, es como una contradicción realmente?

—CP: Pero realmente es que Honduras necesita que se cuente cómo estos esfuerzos organizativos que se crearon hace 60 años, han dado fruto en el país, o sea, yo no podría desconocer, nadie podría desconocer que la constitución de un sindicato, en determinada institución, ha generado logros para la clase trabajadora a lo interno de la institución, pero también para la construcción y el posicionamiento de temas para un país más digno y más justo.

Tanto el Sitraunah como otros sindicatos emblemáticos como el Stibys, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de Bebidas y Similares, el Sindicato de Trabajadores de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Stenee), en los tiempos de Óscar R. Ávila, Rolando Vindeli y Gladys Lanza; como todos estos liderazgos asumen la idea de hacer una Federación Unitaria de Trabajadores de Honduras en el contexto de la desaparición forzada de este país en 1981 y cómo aún y cuando atacaron a los liderazgos claves de estas organizaciones, la FUTH sigue existiendo y sigue planteando temáticas y sigue denunciando atropellos contra la clase trabajadora y en el contexto actual, lo que hace es reforzar la idea de porqué la organización, porqué la coalición de diferentes organizaciones, es vital para hacerle frente a toda una serie de ataques sistemáticos que trae este nuevo gobierno porque no es una fórmula inventada.

Ellos ya vienen con un proyecto de atacar a las estructuras sociales, a los movimientos sociales y populares y a sus luchas históricas y planteamientos actuales.

—RI: Yo creería que vos sos un hombre con una nueva masculinidad, puede ser una esperanza mía, pero quiero preguntarte ¿si hay una visión de género en el libro?

—CP: Lo que planteamos en el texto es que a lo largo del periodo, el aporte y la participación activa de mujeres, que te puedo nombrar como Sara Elisa Rosales, por ejemplo, como Maribel Meza, como Isabela Orellana que están en el texto, han sido parte fundamental para el Sindicato de Trabajadores de la Universidad y para sus procesos de lucha; cómo se involucran en la creación y redacción de revistas y de ediciones mensuales, orientadas a difundir el pensamiento y acción del sindicato; como a través de un sello editorial como Ediciones Sitraunah, posibilitó la publicación del análisis de la Situación de la mujer en los entornos laborales de la época.

—RI: Entonces hay un nexo entre periodismo, sindicalismo y feminismo.

—CP: Totalmente, eso, uno de los capítulos lo aborda porque sería una visión ampliamente reduccionista, trabajar 20 años como lo propone el libro y solamente segmentando ciertos liderazgos.

Yo creo que la participación de hombres y mujeres en el Sitraunah fue amplia y determinante para hablar de los logros que se obtuvieron en la época.

—RI: Uno percibe a las demás personas desde la concepción que tiene de esas personas. Yo hubiera pensado, conociéndote, que tu primer libro iba a ser de la lucha estudiantil, no de la lucha sindical de la UNAH. ¿Por qué la lucha sindical y no la lucha estudiantil?

—CP: Yo creo que desde desde el movimiento estudiantil no me siento preparado para trabajar en la temática.

Creo que tengo concretamente mucho dolor contenido por la experiencia vivida, por la criminalización que enfrentamos y un texto a la altura del movimiento estudiantil, se debe trabajar primero esas heridas que te quedan, para posteriormente ofrecer como tu visión si en todo caso llegase a ser un testimonio de un servidor.

—RI: ¿Son los primeros cuatro criminalizados los que inician este movimiento que después se convierte en el MEU-UNAH?

—CP: En realidad, cuando yo llego a organizarme, en julio de 2010, es por una iniciativa amplia donde yo me encuentro con compañeros y compañeras, primero de distintas carreras, prácticamente yo era el único de Periodismo que que me organicé en este espacio, pero que tenían como experiencia previa el golpe de [Estado] 2009 y que renunciaron a la lógica de establecerse en las estructuras existentes dentro de la UNAH y apostaron por un esfuerzo amplio que involucrase incluso estructuras fuera de la universidad, porque había colectivos de jóvenes en barrios y colonias que ya tenían un posicionamiento público en sus espacios y a nivel de lo que comúnmente conocimos, como el Frente Nacional de Resistencia Popular.

Entonces, cuando llegamos ahí, no llegamos a inventar el agua caliente o a hacer este ejercicio individual de yo hice, o yo formé parte, sino que ya había un trabajo previo.

—RI: ¿Te criminalizan junto a Moisés Cáceres y a Sergio Ulloa, son tres en realidad, eso hace que ustedes se conviertan en figuras emblemáticas y que a la gente los relacione con fundar este movimiento?

—CP: Totalmente y bueno, al final esa es como la muestra donde comprobás por qué te siguen, por qué te toman fotos, por qué te reprimen a lo interno primero y cuando ya no da resultados eso, lo elevan junto con esa unión de hecho que tienen con el Poder Judicial y con un órgano como el Ministerio Público, porque ya no pueden más. O sea, se sienten desesperados.

—RI: ¿Te imaginaste que podía crecer al grado que creció el movimiento estudiantil desde aquel momento hasta 2017?

—CP: Era nuestra apuesta. Yo creo que una de las experiencias que yo me llevo del movimiento estudiantil es que nunca lo vimos en función de que si yo me retiro, esto se acaba, sino que al contrario.

Nosotros siempre creímos que tenía que avanzar más allá, tenía que llegar a recuperarse una Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras, tenía que llegar a constituirse cada una de las asociaciones de carrera, no solo en la Universidad sino en cada uno de los centros regionales.

—RI: ¿Y qué pasa en este momento con el movimiento estudiantil está dormido?

—CP: Yo creo que debe de enfrentar una autocrítica cada uno de los movimientos independientes, cada una de sus asociaciones de carrera en función de encontrar esa respuesta que todos necesitamos porque dentro de ese movimiento estudiantil que funciona en un espacio tan amplio como la Universidad Nacional, necesitamos saber qué está pasando porqué no encontramos respuestas sólidas y oportunas o por lo menos un posicionamiento claro y oportuno ante la situación de país.

La universidad no solo es Ciudad Universitaria y la Facultad de Ciencias Médicas, o solo ese muro interno de cada uno de sus centros regionales. La universidad es parte del país y necesita que haya sectores, que existan sectores activos que estén vigilantes de ese quehacer de país y no lo tenemos.

Entonces, sí debe de haber un proceso de autocrítica de cada una de las estructuras del movimiento estudiantil para que encuentren una salida y que recuperen la vigorosidad que que no solo en el momento que nos tocó, sino muchísimo antes ha identificado al movimiento estudiantil.

—RI: Te vuelvo a ver y te encuentro diferente, trabajando todavía la pérdida de tu papá (el maestro Félix Cesario) me imagino, ¿qué podemos esperar de Césario Padilla en los próximos días o años?

—CP: Yo creo que la capacidad de soñar, yo creo que cuando vos dejas de soñar, dejas de construirte como persona, como profesional, como ser humano, dejas de tener perspectivas, dejas de tener metas, proyectos.

Y cuando yo abracé, por ejemplo, la idea de terminar Letras en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán fue porque yo quise abrazar la idea de ese cipotío que venía saliendo del colegio y que fue la única vez que titubeó en estudiar Periodismo porque le gustaría estudiar Letras en la pedagógica. Era como ese sueño inmediato.

Y cuando tuve la oportunidad de regresar, lo hice y de verdad que es gratificante porque tenés la idea de que en algún momento determinado te vas a enfrentar o no enfrentar, te vas a encontrar con un grupo de jóvenes, en educación media, o con niñas y niños, en primaria, y vas a tener la posibilidad de intentar cambiar esta situación actual de país o pensarte lo más grande todavía a través de la literatura, de enseñar o más que enseñar de compartir tus conocimientos.

De cómo un verso de un poema, un párrafo de un cuento, puede ser determinante para que ese niño y esa niña pueda tener una noción de decir: «Yo quiero ser alguien para este país». Más que retirarme es como reencontrarme con el periodismo, porque no lo estoy ejerciendo en este momento, pero reencontrarme en una trinchera donde lo donde pueda redactar.

Vos me conoces, a mí me fascina redactar, no sé si lo hago bien, no sé si lo hago mal, pero es mi mejor herencia, yo creo que como lo aprendí mecánicamente en las aulas universitarias, creo que es lo único que puedo hacer bien, redactar. No sé si puedo hacer otras cosas, pero yo me siento frente a un teclado y empiezo a crear.

—RI: Me ha sorprendido que decís vos que no solo yo, sino también Berta Oliva dice que cada vez que escucha a Ismael Serrano, la canción Papá cuéntame otra vez, lo asocia con vos y con tu papá.

—CP: Además de Berta Oliva, Sergio Rivera, mi profesor desde octavo grado en el colegio. Cuando murió mi papá, mi papá murió un Viernes Santo, el domingo en el calendario católico es el Domingo de Resurrección, [Sergio] me mandó esa canción.

A Ismael Serrano lo escuchó desde educación media, desde el niño y cuando suena Papá cuéntame otra vez, es como evocar, así como estamos conversando nosotros, como que en esa mesa yo esté con mi papá en una versión del Cesario niño, una versión del Cesario adulto acompañándonos, o sea, viendo qué tenemos alrededor sin importar qué conclusión querrá sacarse, no que estamos dos seres existiendo, unidos, amándonos como nos amábamos (con su papá) sin importar dónde, sino que estamos.

Y, por ejemplo, el viejo con sus pesares, con sus triunfos, con sus derrotas, con su cátedra universitaria. Y el hijo creciendo, creciendo. Entonces, esa canción es evocar cada vez que suena ese punto de encuentro.

—RI: Pero es mucho Realismo Mágico. Por ejemplo, decía García-Marquéz, en uno de sus escritos, que la telepatía es uno de las formas de comunicación. Entonces, me pregunto si será que por telepatía le has comunicado a la gente que esa canción te gusta, te identifica con con tu papá ¿o cómo es que tanta gente coincide en que esa canción te identifica con tu papá?

—CP: Yo lo que te puedo decir de modo general es que la música cambió mi vida. La música es mi canal de desahogo.

—RI: ¿Pero ya habías pensado en que esa canción te identifica con tu papá o es a partir de que la gente te lo dice?

—CP: No, fíjate que es a partir de de las experiencias que me cuentan estos seres, que son muy cercanos a mi entorno. Es raro. Porque yo te puedo decir que para evocar a mi papá, yo me puedo acordar de Piero; me puedo acordar de Sueño con Serpientes de Silvio Rodríguez, en fin, o hasta Vicente Fernández, pero es raro que la gente asocie esa canción específicamente.

Pero fíjate que más allá de que sea tanta gente, es la gente que nos conoció a los dos, lo conoció a él desde desde otros momentos y otras circunstancias en el país, pero que al ver esa relación de padre e hijo y asocian una canción preciosa que habla de cómo el hijo añora que le cuente diferentes procesos de lucha, pues no es una letra comercial y cotidiana que podés encontrar, sino que te habla de diferentes momentos, querer evocar la historia de un Che Guevara, en sus Bolivias, o procesos de una movilización X, Y o Z en un momento determinado. Esa es la magia de la canción como la de Ismael Serrano.

—RI: ¿Hay algo más que querrás agregar? Césario, yo sé que la plática es poquita, que no he leído tu libro para entrevistarte, pero bueno, se hizo el intento.

—CP: Yo lo primero que deseo hacer es, agradecerte por la oportunidad de platicar, más allá del esfuerzo que querrás generar posterior a esto, la oportunidad de platicar es valiosa.

Por tu medio agradecerle a un trabajador infatigable en la historia de este país como Mario Argueta por haberme dado la posibilidad de leer el borrador final del libro y de prologar el mismo. Qué hermoso. Es algo que yo agradezco porque más allá de de que don Mario fue muy cercano al sindicato en los años ochenta y de su labor dentro del sistema bibliotecario de la universidad por más de 40 años.

Don Mario sigue siendo esa persona que motiva a a los jóvenes escritores a que sigan divulgando la historia de de Honduras. Y eso es algo que yo agradezco muchísimo y me honra que las primeras páginas de este libro lleven los comentarios de él.

Y finalmente pues que en el libro que si deciden acceder al mismo, lo que hago humanamente es hacerle un homenaje a hombres y mujeres que llenaron de gloria las páginas de lucha: el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional.

Algunos tuve la honra de conocerlo yo siendo un niño y ellos ya consolidados en estas estructuras, pero que también estos hombres y mujeres construyeron jornadas de lucha en pro del movimiento obrero hondureño, un movimiento obrero que ha sido víctima de represiones a lo largo de todos estos años.

—RI: Cuando pienso en Mario Argueta, pienso en la biblioteca, los libros y en verlo a él siempre entusiasmado. ¿Cuál es la primera imagen que a vos te viene cuando pensas en él. El Primer recuerdo que siempre te viene cuando decís Mario Argueta?

—CP: Mira, el encuentro más grande que yo tengo con él es cuando fui a comprar a Guaymuras Historia de los Sin Historia, que es prácticamente las luchas de los trabajadores organizados antes de 1954 y el amplio volumen de publicaciones que tiene Don Mario, o sea, Don Mario ha creado diccionarios de autores. Más allá del nombre, es como esa persona, todavía a sus 80 años sigue incansable en publicar, en difundir, en animar a publicar.

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