En este instante

Crónicas de la urbe: Nada Personal

Escritas por Magdiel Midence

Artículo 65 (Constitución de la República de Honduras): El derecho a la vida es inviolable. Según estadísticas internacionales, Honduras hasta 1990 era uno de los países  más pacíficos del mundo con 10 muertos por cada 100 mil personas para luego llegar a las 112 personas asesinadas por cada 100 mil en el año 2014. Los estudios cuentan que “En la primera constitución de Honduras se establece la responsabilidad y garantía del estado de Honduras al derecho a la vida de todos los ciudadanos, artículo que ha permanecido en todas las constituciones sucesoras. Este artículo responsabiliza al estado de cualquier muerte ocurrida en Honduras y a los ciudadanos el derecho a demandar al estado cuando se violenta este derecho”.

Era tendencia en las redes sociales. El 12 de octubre, Daniel, con quien había convivido desde mi infancia, yacía en la acera de alguna calle de Tegucigalpa, envuelto en una sábana roja, la última vez que oí de él, fue por una visita inesperada que realizó a casa de mis padres. Lo curioso es que iba saliendo del velatorio de otra persona asesinada horas antes.

“Mataron a tu amigo Daniel”. Confirmaba un mensaje, Luego otro con la leyenda “Hallaron a Daniel encostalado”.

Daniel, vivía en una colonia distinta pero generalmente lo encontraba en casa de su abuela a unos pasos de donde yo vivía. Ese día yo estaba de viaje por cuestiones personales y mi celular no dejaba de sonar, nunca contesté. No imaginaba la noticia que me aguardaba; el niño pequeño de tez morena con el que a diario se juntaba mi hermano para realizar todo tipo de aventuras infantiles entre nuestro patio y el de su abuela, había muerto, víctima del tema social más sonado en Honduras: Las pandillas y la violencia callejera.

“Hallan Cadáver encostalado de empleado de Televicentro”. Mencionaba un periódico local, sobre el hecho que repugnaba en mi mente ese día.

¿Es posible que haya aún hondureños que no enfrenten de manera personal la violencia que azota hondamente a este país sordo y mudo, donde se calla con la muerte a quien no encaja por cualquier razón en el canon famélico de la sociedad hondureña, donde ser periodista o abogado, es casi igual que emular un contrario para las pandillas y crimen organizado en general si no se cumple con el mandato de callar?

Sin ánimo de aullar improperios contra el señor gobernante de este país, quisiera abrir la boca por quienes no pueden o no quieren bajo el temor a la violencia o por el miedo a perder “la chambita”, por ejemplo y preguntar ¿Dónde está la seguridad con la que tanto se llenan la boca los organismos estatales? ¿Cuál es el verdadero trabajo de la Policía Militar?

Pedir que el gobierno explique el porqué de nuestros hondureños y hondureñas asesinados   bajo la sombra del terror público de criminales comunes y organizados, aquellos que según los medios institucionales, han sido erradicados por los operativos relámpagos de los que todos los días hay mención en la televisión y la prensa escrita.

“Le sacaron los dientes, es que fue bastante tiempo que lo tuvieron, Dios nos guarde de tanta maldad, encostalado lo encontraron al pobre”. Expresa una vecina.

A los medios de comunicación y más personalmente a los periodistas que defienden activa o pasivamente este aparato disfuncional ¿No recuerdan sus familiares muertos? ¿No recuerdan su padre o madre deshecho (a) ante el temor de perder más familiares?

“Llamó a su madre entre las tres y las 9 de la mañana, unas cuatro o cinco veces. La siguiente fue a las 10 para avisarle que su hijo había fallecido”.

Algunos argumentan que era líder una barra, otros simplemente no comentan nada, sin embargo, cualquiera que sea su contexto tiene que ver directamente con el rumbo que lleva la maquinaria de este armatoste llamado país.

En el barrio, la gente ha ido muriendo de a poco, por violencia en su mayoría y van cambiando por otros los rostros de los vecinos con el pasar del tiempo; los que quedan parecen estar resignados a que todos los gobiernos hagan lo mismo y por eso es infértil abrir la boca y exponerse aún más a la muerte.  Es en el barrio, donde hasta hace algunos años se conocen los inodoros y los lavabos, que se ve de frente a “la pelona” como dicen en su jerga los vecinos. No es en carros blindados ni abusando del poder para blindar aún más la seguridad personal que uno puede hablar de la realidad.

Por otro lado, es extraño que en Honduras se persiga y criminalice a quienes defienden sus derechos, no sólo eso, cualquiera que le reclame las injusticias al estado puede ser tachado de terrorista si la entidad gobernadora así lo dispusiese. El sicariato en otros países del mundo como Alemania o Francia, es un acto que puede ser clasificado como terrorismo.

Dicen que el Presidente viene de una  “familia humilde”, tal vez desde ahí llegue a recordar algún día lo que se vive a causa de la pobreza y la impotencia, el amargo sabor de la injusticia. Como abogado habrá de saber eso, si es que aún recuerda las leyes, si no, le dejo el ejemplo de algunos artículos importantes:

mm

Nadie tiene la culpa…

 

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