El encanto y desencanto de ser cachureco

Por: Carlos Méndez

Tegucigalpa, Honduras |Reporteros de Investigación. El Santo Grial por excelencia, del Partido Nacional y conservadores de toda estirpe, es sin duda alguna, Tiburcio Carías Andino, que se mantuvo a la brava, en una tremenda dictadura de 17 años (1932-1949), en este empobrecido país centroamericano.

Tiburcio Carías, casi un mozalbete, se construyó como soldado montaraz, en las famosas guerras civiles y montoneras de finales del siglo XIX y las primeras dos décadas del siglo pasado.

Se “presenta como el patriarca de mano firme más bien, que la de un dictador sadista” como lo dijo un periodista inglés que anduvo por esta región en esos tiempos.

Carías no fue cualquier “perico de los palotes” como algunos podrían pensar. Poco se conoce de su niñez, pero bien que los historiadores pesquisones por antonomasia, dan cuenta de la tenacidad por los estudios y la formación propia. Su hoja de vida se nutre con el orgullo de ser un hombre de guerra armada, liderando combates en favor del Partido Liberal como coronel; fue además médico, maestro de Matemáticas y geometría. Y oiga bien, apenas con solo 22 años, obtuvo el grado de Licenciado en Jurisprudencia en la Universidad Central de Honduras, en donde más temprano que tarde, ejerce como Profesor de Derecho Penal. (Anarella Vélez).

No era muy aficionado a la lectura, pero “leyó” a Augusto Comte y a Julio Verne, al tiempo que reverenció a Hitler con quien tuvo el placer de “cartearse” con amor propio. El poeta Óscar Acosta logró ver dichas cartas en el Archivo Nacional en Tegucigalpa, ¿y sabe qué?, desaparecieron de allí por arte de magia.

Meterse a profundidad en la vida cotidiana de Carías, debe ser fascinante por la misma razón con que se caracteriza a la mayoría de personas autocráticas en su lado bueno, sin negar que existan líderes equilibrados de la mente para hacer el bien y solo el bien. Curiosamente, podemos ver en la persona autoritaria, actitudes y aptitudes tenaces, admirables y de conductas aparentemente bondadosas e intachables.

¿Por qué “el hombrón de Zambrano” que se impuso a la fuerza, en el poder, durante largos años de dictadura oprobiosa, fue amado y odiado hasta hoy?
¿Qué hay tras las actitudes y conductas de personas como Carías y congéneres?

Humberto Eco y Theodor Adorno, caracterizan a las personas despóticas, entre otras, por un “alto culto a valores tradicionales patriarcales; también por la necesidad de controlar todo, a las buenas o por las malas; discriminación y violencia contra las mujeres, exaltación por la guerra. Son astutos; simulan amor y compasión “cristiana”, para, sutil o abiertamente, someter a personas, grupos y pueblos enteros, con acciones sin reflexión alguna. Ejercen alucinante conducta manipuladora de la “democracia” para erigirse, en “iluminados o enviados mesiánicos cuando llegan alto en las esferas del poder”.

Solo de esta manera se logra comprender, de cómo, en febrero de 1945, el áspero Congreso Nacional, emitió el siguiente decreto en honor al mandón eterno: “Considerando que el señor Presidente constitucional de la República Doctor y General Tiburcio Carías Andino vino al mundo el día 15 de marzo decreta el 15 de marzo día de la Paz y de dar Gracias a Dios”.

Toda esta parafernalia interiorizada por el Cariismo, es lo que llevó al fervor enajenado de hacer poesías, bustos, parques, estatuas y estadios, con el nombre y culto al redentor cuasi humano que tuvimos en estas honduras. Nos atrevemos a decir, que la persona autoritaria con la personalidad de Carías no solo está presente en individuos como él, sino que podría estar viva y efervescente en los partidos políticos de cualquier tendencia ideológica, y hasta en nuestros propios hogares. Es más, podría reproducirse con generosa, como diabólica amenaza, en religiones y hasta en fanáticos de equipos deportivos.

En casi todas partes, la persona autoritaria pasa inadvertida, pero es de ponerle cuidado. Y más, si esta se vuelve miembro de un “poderoso” partido político de masas o mandamás en el poder de la República.
Entonces, pongámosle reflexión a las conductas de la Mancha Brava, montada por una institución política, especialista en fraudes electorales y de consignas proclives al fascismo. Atención, entonces, a liderazgos en Deborah Budeh, Loreley Fernández, David Chávez, Ebal Díaz, Fernando Anduray, Ramos Soto, y un etcétera abultado. Y, a menos que usted diga lo contrario, son, en síntesis, o esencia sublime, el dulce encanto y desencanto, a la vez, del cachurequismo catracho.











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