Por: Carlos Mendez

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. El pasado 9 de junio se cumplieron 221 años del nacimiento del héroe nacional José Trinidad Cabañas, calificado como el hondureño que, junto a Morazán, Valle y Dionisio de Herrera, es considerado uno de esos seres humanos que rara vez, sino en cientos de años de distancia, nacen, crecen y viven hasta el último segundo de su vida dignificándose a sí mismos, su familia y a un país entero. Seguramente no fue un hombre perfecto, pero a este ser humano tanto en su vida pública y privada, se le recuerda como al hondureño integro con valores humanos, como la honestidad, honradez, amor al prójimo y lealtad, entre otras virtudes.
Su gestión como presidente del gobierno de nuestro país, estuvo marcada por la defensa de la justicia social, la democracia y la soberanía nacional. Cabañas, junto a Morazán fueron los patriotas en revertir el primer golpe de Estado que sufrió Honduras (en 1827), ejecutado por los conservadores de siempre, cuando recién se estrenaba como república.
En su gestión pública (1852-1855), el mandato de Cabañas estuvo marcado por la defensa de la justicia social, la democracia y la soberanía nacional. Con el devenir de los tiempos, a Cabañas le hacen resaltar su valentía, honradez y honestidad, aunque no está demás decirlo, desarrolló otros valores humanos, como su humildad, que no debe comprenderse como sinónimo de pobreza material en el vestir o en el interactuar socialmente con otras personas o grupos.
Empero, si el afán fuese tan solo recuperar valores humanos como la honradez y honestidad, de nuestro héroe en mención, ¡tendríamos una tarea casi imposible que no cabe en hacer milagros con las clases de cívica y moral, en donde obligatoriamente, según ley educativa, en la escuela primaria, el profesorado dedica ¡15 minutos!, de cada lunes, para “generar conciencia” en la niñez en pro de que empiece desde temprana edad a poner en práctica, dichos valores con la esperanza de que, estos sean interiorizados y puestos en práctica, desde ahora y por la persona adulta del mañana. Tal vez, piensan algunos soñadores, se produce un hecho inédito generacional, que le ponga otro rostro más comunitario con virtudes ciudadanas a un país entero.
“Soñar no cuesta nada” y en compensación bondadosa a esta expresión idealista, pero útil y para honrar al viejo Cabañas, es saludable decir que, en el mundo convulso de hoy, aunque a los ladrones y deshonestos públicos del patio les parezca torpeza tener valores humanos, existen pueblos todavía hoy, con prácticas de valores humanos dignas de mencionar y replicar. En varios países orientales del viejo mundo se educa para toda una vida en valores humanos enfocados a la armonía social como practicas colectivas, de una
grandeza humana que no se puede cuantificar de ningún modo.
En Japón y China, v.gr, la honradez se refleja en la devolución masiva de objetos que la gente ha perdido; de igual manera se refleja en la confianza en mercados que no tienen vigilancia personal, ni electrónica. El respeto por los bienes ajenos es un principio de dignidad y admiración. Esta cualidad de valores morales es transmitida de persona a persona, siglos tras siglos, Su enfoque esencial, entre otros, lo constituye su veneración hacia el amor por la naturaleza, la honradez, honestidad, el altruismo, sabiduría, y compasión hacia el prójimo.
Y más acá, a miles de kilómetros a la distancia del Oriente asiático, en la América india, la civilización tolteca y maya, antes que viniera la barbarie y el genocidio de los colonizadores españoles, (entre 200 y 900 años (d.c.), se practicaban valores humanos plasmados en obras como el Popol Vu. Aquí, nuestros pueblos antiguos dejaron constancia de su cosmovisión y cultura y en ella, los valores humanos intrínsecos en la conducta de dichas civilizaciones, que los colonizadores genocidas no pudieron borrar de la memoria colectiva.
En los mayas y toltecas, se fomentaba la solidaridad comunitaria, la sabiduría, profundo respeto a los niños y niñas así como a las personas ancianas, En estos pueblos originarios destaca fundamentalmente la honradez, el trabajo colectivo, así como la humildad, la valentía, disciplina y perseverancia.
Declararon que los seres humanos eran hechos de maíz y este de la tierra, por tanto, el lugar de donde provenían no les pertenecía, sino que los seres humanos y todas sus criaturas vivientes. eran propiedad de la tierra; de allí, su gran respeto por el medio ambiente y sus criaturas vivientes.
Aunque a algunas personas les parezca extraño o impensable, estos valores fueron transferidos de pueblos originarios a otros pueblos que resistieron guardando y conservando aquellos valores humanos, en Mesoamérica y la Honduras “moderna” y “civilizada” de los tiempos venideros. Estos principios o virtudes que guiaban la conducta individual y colectiva de los pueblos originarios se pueden recuperar no solo por la vía oral de nuestros antepasados más próximos; también a través del rescate investigativo antropológico o sociológico. Se puede, tan solo si se tuviese conciencia y voluntad política. El rescate histórico de valores humanos comunitarios es valioso para la sociedad entera porque se podría reinventar una propuesta pedagógica en la formación de valores humanos de carácter masivo, Y lo que es igualmente, además, importantísimo, consensuar una minuta ética con visión de un nuevo país, normado para fomentar, el respeto mutuo, el dialogo permanente para dirimir civilizadamente contradicciones y conflictos; pertenencia a la patria, convivir en honradez y honestidad; recuperar la autoestima; reconquistar y reinventar las alegrías perdidas en espíritu y espiritualidades colectivas; potenciar las capacidades vocacionales para el trabajo productivo en común, la promoción del dialogo y la unidad familiar y convivencia amorosa entre distintas
creencias o ideas de carácter religioso político o costumbres cotidianas. Soñar una Honduras así, no es una “tomadera de pelo” o burla chabacana.
¿Es utópico? En buena parte sí. No deja de serlo en estas Guaymuras empobrecida, sobre todo cuando la gavilla de léperos y ladrones públicos, y en algunas organizaciones de sociedad civil que moldearon sus valores en una suerte de “escuela del mundo al revés” como escribió el escritor Eduardo Galeano, se impusieron impunes por toda una vida, haciéndole groserías y maldades a la nación. Que nunca estuvieron conformes como Dios los tenía, sino practicaban corrupción e inmoralidad cívica. Son la plaga perfumada con saco y corbata que usó cualquier medio para mantenerse impunes en el poder ecurriendo v.gr a propinar golpes de Estado usando a militares ambiciosos o, que sofisticando métodos para el asalto al poder gubernamental, ejecutando a mansalva, monumentales fraudes electorales electrónicos con apoyo de genios fascistas de la propaganda como un tal Fernando Cerimedo o J. J. Rendón, de señas criminales conocidas.
Cuesta revertir estos antivalores, y más si se ha interiorizado o visto con indiferencia en amplios sectores poblacionales. Se hace más escabroso, pensar en una recuperación de valores morales y éticos, pensarán ustedes, cuando grandes porciones de gentes, convertidas en populacho “pisteado”, son inducidas a suicidarse en nombre de antihéroes indultados, a quienes impúdicamente reciben con algarabía ingenua en cualquier base aérea del país o a donde lo deseen los dueños del partido político más atrasado y ciegosenemigos de cualquier cambio social político y cultural que favorezca a las mayorías.
Sin embargo, para Trinidad Cabañas que el pasado 9 de junio cumplió sus gloriosos 221aniversario de su nacimiento, recuperar sus valores humanos y de civismo patrio no es imposible. Tampoco eso está en el cuerno de la luna ni en ningún anillo de Saturno. Tal vez, esto podría ser posible, elaborando una propuesta pedagógica nacional en una concepción educativa radicalmente distinta que sacuda o contrarreste radicalmente el paradigma educativo exógeno que nos han metido, promovida en todos los niveles educativos para que hombres y mujeres, sobre todo en las mayorías pobres, NO aprendamos a pensar y actuar, sino en función de un mercantilismo e individualismo tacaño y ruin que no conduce a otra cosa más que al retroceso de toda una sociedad y de la nación entera.
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