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Javerianos: Una revolución espiritual y espiritualidad

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Por Carlos Méndez

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Aquel día de sol, a pesar de un chubasco breve precedente, Monseñor José de la Cruz Turcios y Barahona, arzobispo de Tegucigalpa, salió apresuradamente, pero alegre, de sus oficinas, para recibir a un grupo de jóvenes sacerdotes Javerianos procedentes de Quebec, Canadá. 

Era un día de invierno cálido y generoso. Era de viento fresco. Transcurría el 27 de junio de 1955. Exactamente hace 70 años, los cuales fueron celebrados merecidamente a lo alto, el pasado octubre en Choluteca por la feligresía, sacerdotes y religiosas de la Sultana del Sur.

Este grupo de misioneros extranjeros se metieron en las entrañas de la geografía de la patria, particularmente en los departamentos de Choluteca, Valle y El Paraíso sin más prevención que su evangelio de fe, amor y convicción de abrazar a  los más pobres, haciendo lo propio por seguir las enseñanzas del Hijo del carpintero de Belén y Nazaret.

De ese modo, dignificar la vida y materializar un aliento con visión de país, no la de sus provincias canadienses, sino la de nuestra patria rica pero empobrecida y empezaron a abrir caminos proletarios donde solo había monte, “chiribiscas” y espinas. 

Lugares inhóspitos de mucha pobreza en que solo se podía llegar a pie o a lomo de bestia  y tan solo para señalar  los años sesenta, los espacios regionales sureños fueron replicando el nuevo Testamento en acción: es decir:  de construcción y apertura de  escuelas, centros comunales, iglesias, etc. 

Los misioneros javerianos, inspirados y siguiendo la ruta del Concilio Vaticano II y los Acuerdos de Medellín, que impulsa un movimiento renovador impresionante en la iglesia católica, nunca antes visto, quizá irrepetible en su compromiso con los más desposeídos, manda u ordena a la iglesia  colocarse en “una opción preferencial por los más pobres”.

Se atisba y materializa la Teología de la  Liberación con Gustavo Gutiérrez como su máximo exponente. Por iniciativa de Monseñor Marcelo Gerin de Choluteca, surgen los Celebradores de la Palabra inédito en el continente); en todo el país surgen los clubes de casa, promotoras de salud, cooperativas de ahorro y crédito, ligas campesinas para proponer cambios en las anacrónicas estructuras agrarias del país; se fundan colegios como el Santa María Goretti, Aparece la Juventud Estudiantil Católica (JEC), la Pastoral Juvenil del Campo, la Casa de la Juventud, Casa de la Cultura,  Asociación San José Obrero y el Seminario Menor, el semillero defuturos sacerdotes hondureños. De toda esta acción socio religiosa, con una incidencia masiva y popular, habrá de surgir el Movimiento Social Cristiano hondureño, también inédito en el país. Es alucinante como este contingente de seres humanos  canadienses “extraños y raros”, lograron hacer tanto por la humanidad. 

Como parte de un pensado proyecto integral de desarrollo, se implementaron programas agrícolas y programas masivos de alfabetización para lo cual se estructuraron las Escuelas Radiofónicas Suyapa, centros de capacitación como “La Colmena” y Radio Paz, la voz del desarrollo que fue cerrada violentamente, por los militares abusivos y autoritarios en 1975 bajo el autoritarismo del golpista Juan Alberto Melgar Castro. 

Pensar en la entrega de cada misionero Javeriano en favor de los más desarraigados casi de todo, esreparar en la grandiosidad del ser humano, de afuera, de lejos, pero con un amor y ternura de cielo, por los más humildes y excluidos de los derechos humanos más fundamentales. 

Eloy Roy, miembro de esa tripulación que vino desde Quebec a las calles polvorientas de la antañona Choluteca, y toda la zona sur, entre 1963 y 1972, sintetiza así, esa aventura por la resignificación de la vida: “En la zona sur ―dice― “aprendí que el evangelio no se proclamaba solo en las misas, sino también en el arte, el teatro, el desarrollo económico y la justicia social. 

Y replicando a Jesús acota: “que el evangelio no era cosa de templo, sino, antes que nada, fuente de trabajo, unión, organización, promoción y liberación de un pueblo,  insuflándole confianza y esperanza desde la fe en un Dios hecho carne hasta la cruz, para el levantamiento de los caídos de la tierra”. 

Que no solo fue y es alegría espiritual religiosa,  decimos nosotros, sino su explicación de los fenómenos sociales, explicada con sencillez a través de una espiritualidad profunda”. En síntesis, los padres Javerianos fueron y son un ensayo de una revolución social-religiosa  pacífica inolvidabley que el tiempo no podrá borrar fácilmente.

La mayoría de estos jóvenes religiosos  javerianos que llegaron en el crepúsculo de los años cincuenta del siglo pasado y que  algunos que ya no están físicamente entre nosotros como el mismísimo creador del Movimiento de Celebradores de la Palabra, en el continente, Mons. Marcelo Gerin; también Ivan Boufard ya no está entre nosotros físicamente. Pero claro, otros están aquí, tan vivos como cuando vinieron de lejos con sus mochilas repletas de utopías coloreadas y hermoseadas de Evangelio prístino y limpio. El del Jesús histórico, de carne y hueso. El cristiano auténtico de Galilea que fue y es, “verbo, no sustantivo”, como dice un querido y admirado cantautor guatemalteco.

 

 


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