La nada, la angustia y la existencia

Por: Rossel Montes

La existencia humana es el foco de la atención de la especulación filosófica, podría decirse que la pregunta por la existencia es el demiurgo de la Epísteme, ésta pregunta ha acompañado al hombre desde que tiene razón, capacidad de preguntar por su lugar en el cosmos (Max Scheler). El hombre primitivo no contaba con las herramientas conceptuales con las que contamos en el mundo occidental en la actualidad, su pensamiento era menos evolucionado que el actual, las formas en que aprehendió el mundo y lo puso a sus manos fue el animismo, el totemismo(Levy Strauss) y posteriormente este animismo evolucionó a formas elementales de religiosidad según Émile Durkheim; el politeísmo fue una forma de fragmentar la realidad, una manifestación ontológica del problema teologal del hombre, como bien diría Zubiri, el hombre encontró en el pensamiento religioso primitivo una forma de acceder a lo real, a la realidad, y así poder dar justificación y una explicación funcional a su existencia.(Zubiri, 1984)

Parmenides de Elea hizo un descubrimiento en la filosofía presocrática, del concepto de “ser”, el ser es lo potencia todo lo que “es” las cosas “son” existen” ha la premisa ontológica fundamental, la misma que Martin Heidegger hará suya en el siglo XX y será desarrollada en “Ser y tiempo” y toda su obra, posteriormente por Sartre en “ El Ser y la nada” (Sartre,2012)  y otros filósofos como N. Hartman, Louis Lavalle, Gabriel Marcel, Xavier Zubiri y Enrique Dussel.  El ser de Parmenides creaba oportunidad de introducir el concepto antitético de la “Nada” para Parmenides no podría darse el “No ser” todo es ser, todo lo abarca, para Heráclito, el ser de Parmenides el ser era estático, ser un ser inmutable, contrario a Heráclito, el cambio era lo fundamental de la realidad.

La filosofía en el siglo XX pone en la palestra de sus discusiones el concepto de existencia, angustia y la nada, sobre todo por Heidegger y Sartre, pero dicha cuestión no pudo haber dicho posible sin la arremetida de Kierkkegard contra el racionalismo cerrado de Hegel, y el vitalismo de Nietzsche, según estos pensadores, la vieja filosofía clásica había olvidado preguntar por la existencia y la vida misma, la filosofía se había convertido en algo tan alejado de la vida, y devenido en un “galimatías” de conceptos que “sujeto-objeto”. Este breve interregno de la filosofía existencial será explicado por la asimilación Ortega y Gasset entre la razón y el vitalismo. Las filosofías de la vida con Bergson y el historicismo de Dilthey llevarán a Ortega a hacer de la vida la premisa epistemológica y ontológica fundamental en su sistema vitalista. Hay que hacer notar que Ortega se adelanta a unas premisas de “Ser y tiempo” y la filosofía de la existencia de Heidegger, sobre todo el concebir la vida como temporalidad.

El conocer cómo teoría del conocimiento era lo importante para los grandes sistemas filosóficos hasta Hegel, del cual bebió Marx para la construcción del materialismo histórico y todas las filosofías de corte mesiánico y escatológico. Es con Kierkkegard que se inicia la filosofía de la existencia, y el concepto de “angustia” tendrá su puesto en la historia de la filosofía, dicho concepto es de tanta importancia, ya que con él se puede acceder a comprender la esencia de la existencia humana, las posibilidades y alcances de una filosofía de la existencia.

El concepto revolucionario de la nada no debe confundirse con ausencia de todo, esa noción se la dejamos para la ciencia que reduce el problema a algo estrictamente físico, y esto no significa en la ontología esto tome matices “oscuros” en el peor sentido del término y compartido por racionalismo neo-positivista de Lakatos a Popper. La vida humana es siempre una habérselas con algo, es un intento radical de aprehender la realidad, el poder de lo real diría Zubiri, en eso sentido siempre sentimos que nuestra vida es una momento entre tantos momentos, y estos momentos no tienen  fin, no acaban, nunca estamos completos, el sentir de inacabados es lo que nos ata  a la realidad, y a seguir con una estructura ontológica existencial, esa atadura ontológica es el problema teologal; la nada entra en la existencia precisamente con la existencia humana, Ortega diría que es con la vida, la vida es la realidad radical, ese proceso de infinitud ante la realidad es lo que da posibilidad de la libertad.  Para Martin Heidegger la existencia está atada radicalmente a la nada, ¿Por qué hay algo y no más bien nada? Dirá Heidegger. (Heidegger, 1984, 41)

La nada no es ausencia de algo, es más bien la existencia radical del Daseín en el mundo, el Mit-sein, ser-estructura en el mundo, Sartre corrigiendo a Heidegger dirá que la nada es la irrupción de la libertad en el mundo, ya que sólo la libertad puede aseverar que es la nada. Como dije más arriba el hombre y su existencia, es un ser-ente arrojado a la nada, arrojado en contra de su voluntad a una realidad que es accidental, aunque el pensamiento cristiano contradice este postulado, el creyente no cree que la realidad sea una arbitrariedad accidental sin sentido, pero hasta el existencialismo cristiano como el de Kierkkegard, Marcel y Jaspers aseveran que el hombre sufre un tipo de “nausea” por su existencia, un pesimismo existencial que no muchos comparten. Para muchos pensadores cristianos el existencialismo ha llevado al extremo algunas aristas de la existencia humana en la actual sociedad de masas.

El hombre no está angustiado por esto o lo otro, el hombre es angustia ontológica, esa radicalidad óntica de soledad lo hace un ser vulnerable, un ser que pide a gritos un sentido para su vida, para su existencia, un ser que desea ser “salvado». La existencia abruma ¿Imagina que la vida no tiene sentido?  Despertarnos a media noche y sentir el ruido de nada y pensar en el infinito ¿Qué hago aquí?

La angustia es el estado de ánimo que se caracteriza por revelarnos la nada, (Leer mi artículo “ Zubiri y Heidegger: La Realidad ante el ser”) La angustia es algo que acompaña al ser a la conciencia en todo su recorrido onto-existencial, el ser, al ser apertura a la realidad, crea una brecha, digamos que la angustia existencial genera un tipo de ansiedad por existir, a diferencia de la ansiedad, que esta primera se puede aliviar, la angustia es inseparable de la realidad en la constitución del hombre como persona, de suyo. En este sentido la angustia es un tipo muy particular de miedo, no miedo como nuestros miedos cotidianos, sino que es un miedo sin objeto muy dificil de identificar y redirecionar y buscarle una causalidad y un remedio, un miedo del cual no tenemos escapatoria, solamente realizando nuestra conciencia como libertad, y así deviene en nada. La angustia es la disposición fundamental ante la nada. (Heidegger)Con la angustia existencial uno siente miedo de todo y al mismo tiempo de nada, lo cual crea un delirio existencial. Efectivamente ante el misterio de lo real,(Un término que he acuñado y se asemeja a  los conceptos de Zubiri y Marcel)

Hasta este momento podemos diferenciar la nada como condición ontológica y la nada como vacio,  ausencia de algo, negación, el no-ser, en términos ontológicos es la completa negación del ente,  con lo cual es paradójico que la nada pueda significar “algo”  en este caso la nada  es llenura de existencia, con lo cual el ente se manifiesta. En la vida cotidiana el ser y la nada son manifestaciones del poder de lo real, el misterio de lo real, este misterio de estar escupitado a la realidad como una bala pone al daseín en un aprietos, no tiene otra opción que potenciar su ser, y esto es yendo hacia adelante, es esto consiste el ser como posibilidad y apertura y abertura de mundo, el ser, el hombre es un ser que abre mundos, abre la realidad, es la contingencia en medio del magma determinista y aplastante de la existencia y  de la realidad.

 Algo con lo que podrimos concluir es el carácter paradojal de la existencia humana, llena de nauseas, desesperanza, altibajos, contracciones, nebulosas, sin sentido, utopías, terror, hambre, miseria, dilemas, apertura, soledad, y esa soledad sonora como diría el profesor Zubiri que hace al hombre precisamente el ser la ultimidad, la cumbre en la cadena evolutiva, un ser que esta ahí por una razón y sin razón al mismo tiempo, esta dualidad hace de nuestra existencia un grano de arena en el cosmos.

¿Tiene sentido la existencia? Considero que no, el sentido de la existencia es potenciar el ser, existir para con otros. En este sentido tiene razón Sartre al argumentar que nuestra existencia precede a la esencia, es decir, primero existimos, luego nos definimos, no hay una determinación ontológica previa a nuestra existencia, un ser que nos haya creado o prefabricado como diré sastre, o al menos la noción de un creador queda debe ser asimilada como experiencia personal e individual. El hombre le da sentido a su vida preocupándose y ocupándose de  las cosas, es un conquistar sin cesar, conquistar lo que no se tiene, lo que decía más arriba de ser un ser inacabado, un sin fondo, infinito, que ocupa ser llenado eternamente y un realidad nauseabunda que se aburre constantemente. El hombre es la preocupación constante.

Esta es la pregunta fundamental de la filosofía, develar la radicalidad existencial del hombre, dar respuestas a los misterios de la vida y la realidad paradojal en la que estamos inmersos .El fin de la filosofía es práctica, y es teorética al mismo tiempo, la filosofía es el fiel reflejo de la complejidad humana, es dar respuestas  a la vida misma, Estamos pasando momentos de nihilismo, vida de consumo, vida liquida, hiperconsumismo, donde reina lo efímero, el individualismo, la cosificación de las relaciones humanas, y las personalización de las cosas donde debemos justificar la existencia  de la filosofía en sociedades atrasadas como Honduras, donde no existe una tradición filosófica propiamente. 

Bibliografía                                                                           

Zubiri, Xavier, El hombre y Dios, Madrid, Alianza Editorial, 1984.

Heidegger, Martin, ¿Qué es metafísica? Buenos Aires, ed, Siglo XX, 1984.

Sartre, Jean Paul, El ser y la nada, Buenos Aires, Losada, 2012,

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