Por Jaime Flores
Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Los excluidos, los pobres, los arruinados, marginados y los explotados, han hecho suyo el discurso de la clase dominante, “vamos a estar cómo Venezuela y Cuba”, se escucha a diario en casi todos los espacios públicos y con sapiencia fundamentalista que no admite contra argumento.
Sin saber y sin conocer su triste realidad, ya que culpan a dios de sus miserias y no al sistema económico, repiten ese discurso, sólo porque lo escuchan y hasta el cansancio en los medios de comunicación tarifados y en las redes sociales; quienes se apoyan de algunos “influencer” y de algunas gargantas asalariadas, que dicho sea de paso, son más ignorantes que la ignorancia misma.
No hay duda que la matriz comunicacional de la ultraderecha, representada por los narco-partidos (Nacional y Liberal), ha penetrado el imaginario de buena parte de la población, principalmente en las grandes ciudades, en zonas excluidas y de clase media, y si ha logrado deslegitimar al gobierno, aunque no para ponerlo en peligro, ni el triunfo en la próximas y cercanas elecciones generales.
Haber dejado la narrativa política en manos de la ultra derecha y de los medios de comunicación fue uno de los grandes errores de la señora Presidente y es que nombró a un imbécil e inservible en la Secretaría de Comunicación, y lo peor que lo sostuvo durante toda la administración.
No obstante, en los últimos meses se ha visto un cambio y repunte en las comunicaciones desde y para el gobierno y para el partido; ya hay más “influencer” en la redes sociales que le hacen frente al “Supremo”, imbécil. Más vale tarde que nunca y esperamos que con mayor intensidad y con mejores argumentos se enfrente la narrativa política de la ultra derecha, material para ello hay de sobra y sólo para mencionar; el tazón de seguridad da hasta para que lleven.
Se abriga cierta esperanza que este pueblo no es tan imbécil como aparenta (ya que mira en demasía futbol, telenovelas y hasta el hartazgo escucha sermones religiosos) y que se imponga el discurso de Rixi, una estadista y no el de Nasralla, un payaso y narrador deportivo: “comerán tucos de pollo, una pata de pollo para una familia al mes” ¡Asusta su discurso, asusta su profundidad intelectual!
No hay que olvidar que Nasralla es el candidato del imperio, de los gusanos de Miami, el Milei de los sionistas, el candidato de la ultraderecha, el de los narcos; pero por muy imbécil, su discurso anticorrupción tiene su electorado, su target, pero gracias a su lejanía con los pobres y con el pueblo no en una amenaza real, aunque no hay que confiarse.
A pesar de que la narrativa política estuvo en manos de la derecha, el triunfo está garantizado, los candidatos de oposición de descalzan a Rixi, aunque es imperativo que el próximo gobierno profundice las políticas públicas sociales, meta a la cárcel a corruptos y golpistas e implemente un programa educativo nacional para politizar a este pueblo; pero para ello debe haber un Ministro de Educación que sepa que los ríos corren “aguas abajo”.
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