Imagen de portada: Anuncio del exministro de Seguridad, Gustavo Sánchez, sobre la orden de captura contra Castillo.
El Triunfo, Choluteca. En El Triunfo nadie habla fuerte del tema, pero todos lo saben. Es un pueblo fronterizo con Nicaragua, donde todo el mundo conoce a todo el mundo. Y donde el apellido Castillo pesa, y pesa mucho.
Su caída fue internacional. Fue capturado en Estados Unidos acusado por tráfico de migrantes. La noticia corrió como pólvora en la frontera.
Luego, salió en libertad. Y regresó a Honduras como si nada. Realizó un acto religioso y juró ser hombre nuevo. De nuevo al pueblo, a la finca, a la política.
Pero la historia no terminó ahí. Porque dicen que «hijo de tigre, sale pintado”.
Sus hijos siguieron el mismo guion:
Cristian Castillo, exalcalde liberal de El Triunfo. El heredero. Hoy, prófugo de la justicia. Acusado y con señalamientos por supuesta vinculación a crimen organizado y tráfico de personas. En el pueblo dicen que cruza y desaparece por los puntos ciegos que él mismo conoce mejor que nadie.

Y es que El Triunfo es la puerta perfecta. Por aquí ingresan migrantes de manera legal por la aduana de El Guasaule, con sello y todo. Pero a 500 metros de la aduana, están los puntos ciegos. Caminos de tierra, fincas sin cerco, quebradas secas. Por ahí entran de noche haitianos, venezolanos, africanos, cubanos. Cajas humanas que pagan $2,000, $3,000 por cruzar.
En El Triunfo todos saben quién cobra el peaje. Quién tiene la camioneta. Quién avisa cuando la Policía no está.
“ Aquí el migrante es negocio. El que tiene carro es coyote y el que tiene poder es el jefe de los coyotes», asegura una vendedora de ropa.
El caso Castillo no es solo un caso policial. Es el reflejo de cómo la política fronteriza se convirtió en empresa criminal. De diputado a coyote. De alcalde a prófugo.
Leoncio Castillo perdió la vida al estrellarse en su vehículo .
Mientras tanto, por El Guasaule y por los puntos ciegos, siguen entrando migrantes. Todos los días.
Y el pueblo, callado. Porque en la frontera, el que habla, no dura.
El exalcalde de El Triunfo


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