En este instante

El problema filosófico del conocimiento

1 de marzo, 2018

 rmPor: Rossel Montes

El problema filosófico del conocimiento o más conocida como la teoría del conocimiento es uno de los estratos de la filosofía que más ha dado de qué hablar en todo el recorrido histórico de la historia del la filosofía occidental, tanto así que hasta entrado el siglo XX los problemas filosóficos estarán marcados por una impronta gnoseológica y será Martin Heidegger el que denunciara el olvido del ser por parte de las metafísicas tradicionales.
La antigua filosofía griega con platón y Aristóteles fueron los primeros en dar una sistematización sobre el problema del conocimiento, aunque tal cosa no pudo ser sino sobre la problemática gnoseológica que los presocráticos y la metafísica hicieron avanzar, cuestión que la filosofía posterior (Racionalismo y Empirismo) olvidaron la relación dialéctica entre el ser y el conocer.
Los sofistas griegos afirmaron, uno de sus más prominentes (Gorgias llegó a afirmar que es imposible llegar a conocer las cosas en su forma ontológica pura negando la posibilidad de un conocimiento objetivo sobre las cosas. Es correcto pensar que la realidad tiene limites y que nuestro conocimiento al igual que nuestra naturaleza histórica y ontológica es limitada, pero los escepticismos de cuño sofista y kantiano menospreciaron la determinación histórica y multifacética relación multicausal de la realidad sobre nuestras representaciones sensibles y cognitivas.
La importancia de las ideas gnoseológicas en la Historia de la filosofía reside en que es de capital necesidad crear una teoría sobre nuestras posibilidades del conocer al igual que la naturaleza ontológica del conocimiento y por ende toda teoría filosófica sería imposible si previamente no se construye una teoría del conocimiento.

El conocimiento es un problema, Psicológico, Sociológico, Biológico, Histórico, Antropológico y por ende puede ser y es estudiado por muchas disciplinas por lo tanto estará presente en toda problemática de construcción epistémica y epistemológica, las ciencias en su configuración histórica han tratado de resolver el nudo gordiano de las posibilidades del conocimiento en la ciencia moderna la vieja dicotomía entre Episteme y Doxa tomarán a decir de Mario Bunge la dicotomía entre ciencias puras y ciencias blandas , falsacionismo, bifurcación extrema que dará como resultado la filosofía de la ciencia del neopositivismo lógico ( Carnap).

Las polémicas en torno a las implicaciones ontológicas de conocimiento han tenido muchas respuestas en distintos filósofos, el realismo, el materialismo es decir el papel de las ideas en la fundamentación praxiológica e histórica del hombre. El escepticismo kantiano argumentaba que el conocimiento parte de la experiencia (argumento empirista) pero Kant era partidario de las ideas innatas, es decir un conocimiento a priori que no depende de nuestra relación con el mundo (racionalismo), según Kant hay estructuras de la realidad que escapan a nuestra capacidad cognoscitiva, son irreductibles a la razón humana y a la razón científica, un argumento muy parecido al relativismo gnoseológico de los sofistas que negaban conocer la “cosa” en sí a diferencia que Kant si aseguraba la posibilidad de un conocimiento objetivo del mundo a pesar de que no podemos acceder a determinados sectores de la realidad, solo tendremos acceso al mundo fenoménico .

El idealismo kantiano quedará atrapado en el mundo de los fenómenos y noúmenos, advirtiendo de las posibilidades limitadas de nuestra capacidad de conocer y aprehender lo fenomenológico, el mundo y el cosmos. La crítica de la razón pura de Kant será un monumental intento en la historia de la filosofía por explicar el problema medular del conocimiento; Kant arremete contra el racionalismo y el empirismo imperante en la modernidad.
El idealismo hegeliano dará un gran salto en las formas fenomenológicas del conocimiento, la filosofía del saber absoluto se caracterizara por las formas desbordantes a diferencia de la lógica trascendental kantiana, para Hegel, el conocimiento no tiene límites, solo los límites de la conciencia.
La ontología gnoseológica hegeliana a decir de Herbert Marcuse, está encerrado en un idealismo objetivo, es decir a diferencia del idealismo subjetivo de Berkeley y Hume, Hegel acepta una realidad objetiva, fuera de la conciencia, sin caer en realismo ingenuo.
El conocimiento es una relación dialéctica entre sujeto y objeto, no hay conocimiento objetivo sin sujeto cognoscente, en eso están claros casi todas las escuelas de pensamiento en torno al problema histórico–filosófico del conocimiento.
El marxismo es muy claro en sus planteamientos gnoseológicos, los cuales se erigen en abierta polémica con el Idealismo Hegeliano y el Materialismo Contemplativo de Feuerbach, Marx le reprocha a Hegel el haber confundido la cosa en sí con la representación que las cosas tienen en nuestra mente, Hegel tampoco cayó en Solipsismo pero le daba a las ideas un papel ontológico supra-histórico y praxiológica en la configuración de los planteamientos gnoseológicos.
El idealismo no conoce la actividad práctica como tal, esta la realizará el idealismo solo nivel de conceptos, en ese sentido la lógica hegeliana será un subjetivismo exacerbado muy parecido al existencialismo de cuño Sartriano.
La teoría marxista del conocimiento será una superación dialéctica del empirismo en el sentido que emula el papel de la práctica en la configuración de los procesos cognoscitivos y se apartara del materialismo contemplativo (Feuerbach) y el realismo ingenuo que solo ve una realidad fragmentada muy parecida al escepticismo y relativismo posmoderno. Hay que hacer notar que Marx hace un intento de crear una teoría del conocimiento en sus famosas tesis sobre Feuerbach, una compilación de elucubración es gnoseológicas sobre el materialismo y el idealismo y sus alcances. Marx arremete contra el materialismo contemplativo de Feuerbach y asevera que este se queda en el lado contemplativo de la realidad, solo ve en el hombre de forma objetual y no como sujeto. Marx retoma de Hegel el lado activo, la subjetividad, aunque el idealismo hegeliano no conoce la actividad práctica como tal. En ese sentido Marx dice que el escolástico problema de la verdad del conocimiento debe comprobarse en la terrenalidad de la praxis del hombre. Marx hereda el racionalismo objetivista de Hegel, no basta con solo darle vuelta al sistema hegeliano o invertir sus postulados gnoseológicos; Marx toma de Hegel el lado duro de su ontología de la totalidad, de la historia, escatología, y del saber absoluto. La teoría de la historia de Marx y su concepción del comunismo será evidencia de esa concepción totalitaria de la sociedad tal como lo dijo Popper a mediados del siglo xx, Hannah Arendt, Claude Lefort y Cornelius Castoriadis en su Institución Imaginaria de la sociedad. Lamentablemente Marx no dejó una teoría del conocimiento ni una lógica explícita, solamente la lógica de El Capital como diría Lenin.

La teoría del conocimiento seguirá dando mucho de qué hablar en nuestras sociedades a decir de Lyotard “postmodernas” donde los grandes meta-relatos y constructos teoréticos propios de la modernidad se han venido abajo producto de su capitulación hacia los sistemas totalitarios, pero en términos generales el relativismo “Postmoderno” es un retroceso en materia de gnoseología y construcción epistémica, llevando al conocimiento al escepticismo y al oscurantismo teórico. Aunque el discurso filosófico de la posmodernidad ayuda en aclarar las falencias de la modernidad, la tendencia del discurso moderno (Habermas) a la creación de una concepción totalitaria, esencialista y dominadora, como diría el profesor Enrique Dussel, la ontología de la dominación que solamente será superado con la metafísica de la exterioridad y la alteridad según la ética de la liberación.
El conocimiento siempre es conocimiento de algo, en ese sentido el conocimiento es una interpretación dialéctica y aprehensión epistémica del mundo, siguiendo a Popper, que hablaba de Redes para capturar la realidad y así poder asimilar de forma más precisa las cosas.
Algo que ha faltado en las teorías del conocimiento y las epistemologías contemporáneas es el estudio del factor de lo imaginario en los procesos cognoscitivos, el fenómeno de la creación como apertura a lo nuevo, la lucha disputa entre determinación e interminación, caos, magma e institución. El conocimiento es la apertura para la liberación del hombre, de todas las esclavitudes de la materia y de la historia, de la necesidad. En nuestra tragedia nacional, es imperativo pensar y repensar los nuevos imaginarios radicales para superar lo dado. Honduras lo merece.

Ciencia, filosofía y sociedad

Desde la aparición de la ciencia en la modernidad, específicamente la ciencia empírica. La sociedad occidental ha estado sumergida a cambios abruptos, producidos por los descubrimientos científicos. El trabajo de la ciencia es aprehender la fenomenología y complejidad ontológica de la realidad, además de ser una extensión de la praxis histórica del hombre concreto. La ciencia y antes que esta surge la filosofía y la religión, como formas primarias y radicales de cuestionar el mundo que nos rodea ha transformado en mundo y nuestras dependencia del pensamiento concreto y abstracto se suplica cada vez más. En este sentido y epistemológicamente la ciencia es una forma de realización de la radicalidad histórica–existencial del ser, pero no de cualquier ser, del ser subjetivado, que se objetiva en medida que comprende el cosmos.
El profesor Agusto Serrano en su libro “por los caminos de la ciencia” una introducción a la Epistemología política ha dejado muy claro el papel que tiene la ciencia en la configuración histórica de los procesos sociales, y que la ciencia no es una actividad “desideologizada” y libres de planteamientos axiológicos (libres de valores) y mucho menos despolitizada. Un ejemplo de esto es la utilización del descubrimiento de la fusión nuclear para fines estrictamente bélicos (la segunda guerra mundial). La física cuántica del siglo XX hizo avanzar nuestros conocimientos del cosmos de forma extrema, solo tenemos a un Einstein con su teoría de la relatividad general, publicada en 1905 donde explica en un ligero documento el comportamiento dual de la luz (doble naturaleza) la luz es onda y partícula al mismo tiempo. Este solo descubrimiento valió para que Einstein sentara las bases de la física cuántica del siglo xx, aunque después luchará contra el principio de incertidumbre de Heisenberg, el cual planteará la imposibilidad de calcular la velocidad de una partícula subatómica, y esto decía Einstein dejaba lugar para la indeterminación, cosa que en la ciencia se separa de los principios de la objetividad científica.

El profesor Serrano desmiente el mito que han creado muchos epistemólogos de tendencia positivista–empirista, sobre la naturaleza dual y abrupta de la ciencia o ciencias. Me refiero a la separación entre ciencias duras y exactas y ciencias humanas y no tan duras como las primeras. La ciencia es social por antonomasia, ya que la ciencia tiene una subjetividad y una objetividad intrínseca y tiene una determinación social e histórica ineluctable, osea la ciencia es la verdad de una determinada época, en eso tiene razón la teoría de los paradigmas y modelos teóricos de Thomas kuhn. En la ciencia al igual que la política y la sociedad, sufre de revoluciones, cambios abruptos en los modelos con los cuales el investigador crea sus hipótesis para agilizar los procesos científicos. La física no es menos social que la economía, sociología o historia, ya que todo saber es de cuño social sería un extravió argumentar lo contrario y en este extravió cayó la epistemología por mucho tiempo. De los saberes sociales el histórico es el más profundo argumenta el joven filósofo español César Rendueles, y comparto en su totalidad tal aseveración, las ciencias sociales han creado corpus teóricos y metodológicos desde su nacimiento en los albores del siglo XIX siendo la economía la primera ciencia social rigurosa que inició el tortuoso camino de comprender la conflictividad social-humana. La Historia surge como ciencia fáctica desde sus inicios, como ciencia de hechos, sus postulados se basan en la experimentación, y su conocimiento es hipotético-deductivo e inductivo, osea, sometido a generalizaciones y capaz de crear “leyes”, que es el abc de todo conocimiento y disciplina que aspire a ser una ciencia; Aunque en este caso hay que aclarar que siguen los sendos debates en torno a la naturaleza epistémica y ontológica de la ciencia y el conocimiento, la objetividad y la subjetividad en los procesos cognositivos. El racionalismo popperiano aseveraba que hay que crear leyes para aprehender la realidad y reducirla a hipótesis y asi aplicar el famoso falsacionismo: una teoría es más correcta entre más podemos someterla a crítica. El anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend también fue importante, al mismo tiempo que las revoluciones científicas de Thomas Kuhn, para Kuhn existen modelos, similar a lo que aseveraba Kurt Goedel, años antes. Los modelos son como marcos que tienen cierta vigencia y sirven para explicar problemas que la ciencia trae a la palestra, un ejemplo es la teoría de la relatividad que sustituyó a la teoría clásica de la física. Para muchos pensadores la tarea de la ciencia no es crear leyes, sino, buscar significados y significaciones de los procesos, en este sentido el antropólogo Cliford Goerzt sigue a Max Weber y sus tipos ideales.
La rigurosidad de la Historia viene determinada por su propia naturaleza epistémica, el historiador debe someterse a la ineluctabilidad de las fuentes escritas, y esto no da cabida a la especulación en la que caen otras disciplinas y ciencias humanas. La Sociología sería otras de las ciencias que estudian de forma muy peculiar los fenómenos y los hechos sociales, lamentablemente la sociología (ciencia de la sociedad) estuvo epistemológicamente supeditada a posiciones cosificadas de la ciencia, un ejemplo de esto es la posición de Emile Durkheim en su “reglas del método sociológico donde asevera que los hechos sociales deben ser tratados literalmente como “cosas” posición que será relativamente superada con Max Weber y su Sociología Comprensiva. La sociología de Max Weber ha sido el más elevado, omnicomprensivo y totalitario intento de crear una sociología que explicara todos los procesos sociales, tratando de emular el intento del materialismo histórico, cuestión que no logró por muchas razones. Las ciencias experimentales, las ciencias humanas y el conocimiento en general son un bien de la humanidad, ya lo dijo Francis Bacon, “el conocimiento es poder” poder de crear donde no existía nada, de moldear la realidad a nuestra semejanza.
La relación entre ciencia y sociedad es más radical de lo que usualmente se llega a entender, la ciencia avanza más lenta que la tecnología, así mismo la ciencia siempre termina creando las directrices societales de un determinado periodo histórico y tiene un impronta en los asuntos políticos, caso de la física y otras ciencias afines. Las ciencias sociales tienen otra dinámica, su alcance es tan determinante como lo son otras ciencias; las ciencias humanas crean el conocimiento sobre la auto creación de la sociedad, al mismo tiempo que la sociedad se auto-instituye, crea magas de significaciones, la ciencias sociales, y la filosofía crean las teorías y las explicaciones generales de los rumbos y lineamientos que una sociedad está tomando en una época histórica.

La ciencia y el conocimiento debe ser sometido a un proceso depurador anti-burocrático en nuestras sociedades subdesarrolladas, deben ser democratizadas al igual que el conjunto de las estructuras antidemocráticas y partidocracias de nuestras sociedades, donde la democracia es corrupta e insuficiente y las instituciones republicanas son exiguas. El trabajo de la ciencia y la filosofía es explicar, si, explicar, pero también transformar la realidad. Ese es su estatuto radical y ontológico. A países como Honduras siempre hay como un letargo con las teorías que se discuten en los centros industriales, existe como una colonización del saber, en ese sentido, hay que descolonizar y buscar la emancipación teórica y social de nuestros imaginarios.

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