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En este instante

Límite de Personalidad (fragmentos)

Tuve que dejar de escribir, nadie me advirtió que los tendones tardan en sanar y que lo peor era quedar vivo. Sentir su compasión como yunque Acme, falso, estridente y perfecto yunque de madera, de vidrio, de metal o de nube.

Cristal Espinoza Gaitán, nacida en Managua, Nicaragua, en 1990. Arquitecta, poeta, escritra y editora. Ha participado en talleres de creación literaria con los poetas Julio Valle Castillo, Iván Uriarte y Víctor Ruiz. Ha publicado en las revistas literarias ANIDE (Asociación Nicaragüense de Escritoras) y Deshonoris Causa, y su obra es parte de la antología poética Fumándola Verde, del movimiento Jóvenes por el Diálogo. Actualmente es editora en la revista Alastor.

II

Bernardette y Lola tienen un ojo, respectivamente, que llorarán cuando me vaya. Son todo lo que se parece a mí: gélidas facciones, la morte haciendo mueca desde las pupilas dilatadas de mi madre. Las rubias me recuerdan a mamá, por eso, prefiero el cabello agonizante de oscuro.

Tuve que dejar de escribir, nadie me advirtió que los tendones tardan en sanar y que lo peor era quedar vivo. Sentir su compasión como yunque Acme, falso, estridente y perfecto yunque de madera, de vidrio, de metal o de nube. Él sostuvo frente todos que mamá enloquecía por mi causa, dejó entrever que la bestia era una invención de mis entrañas y que los golpes renacían como salpullido desde el interior de mi cuerpo.

No supe dónde quedó el sarcófago. Tuve que marcharme.

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Ilustración: Laura E. Romero (Honduras)

III

Le costaba sonreír. Es apenas una niña y me dice que le costaba sonreír.

-Yo tengo una sonrisa permanente, pude abrir mi boca usando mis manos.

-No te creo, muéstrame tu rostro.

-Soy una máscara.

-Eres un niño.

 

Ayer me llamó, hace un par de meses tenía mi universo en su útero y no fue capaz de cargar con ello, pienso que dejó que cayera sólo para verlo rebotar y sentir que entraba nuevamente a su vientre, sentir el placer morboso recorrer su vagina una y otra vez. Se ríe de mí, mientras chateo con la niña, el celular casi se quema con cada mensaje:

 

Él es mejor que vos.

Patético

Te odio.

Niño estúpido.

 

Esta vez no lo supo, pero seguramente mi estómago se achicó un poco, estoy lúcido y mamá ha vuelto.

 

-No puedo dejarla ir.

-¿Cuánto llevan?

-Dos meses. La amo. Ella es mi tercer intento, la odio, yo no le importo. No puedo vivir con ella, necesito que se aleje de mí.

-¿Cómo se llama?

-Ella se llama amor, estoy lúcido doc., pero hace una semana que no duermo, la música no ayuda, ni los libros, ni el chat con las niñas buenas de Nicaragua.

-¿Cómo te sientes cuando la ves?

-¿A quién?

 

-Clonazepan y escitalopram-

 

Bernardette no debe sospechar. Tengo la tuerca que a ella le falta, la tengo atorada en mi lóbulo frontal.

 

Si supieras cómo se siente la derrota eterna, esta mierda que no me deja ni trabajar.

si supieras como se siente la derrota eterna

esta mierda que no me deja ni trabajar

si supieras como si supieras como… la derrota eterna

esta mierda este trabajo esta gente este cuarto

si … la derrota

eterna

 

Cristal E. Gaitán

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