Por : Rossel Montes
Salamanca, España | Reporteros de Investigación. El fin de la política es el bien común suelen decir muchos de los teóricos de la ciencias humanas y la ciencia política; los griegos argumentaban que era el bien de la comunidad y su felicidad o eudaimonia.
Aristóteles arguye que el ser humano es un animal político, (zoon polítikon) es decir, su constitución ontológica e histórica reside en que este pertenece a una polis y tiene que deliberar para poder construir relaciones sociales que coadyuven a crear un ethos que mantenga unido el todo social.
En nuestro país, hace mucho la política —entendida está como actividad práctica partidaria— dejó de ser ,o quizás nunca lo fue- una actividad para la búsqueda del bien común, o la felicidad, en ese sentido, los partidos políticos en Honduras, al igual que los partidos en las democracias occidentales de partidos —como bien argumentó Maurice Duverger y Alain Touraine— los partidos de masas han devenido en instrumentos antidemocráticos, es decir, que se han burocratizado en sus principios y no ayudan a la democratización de la sociedad.
En Honduras, que para unos está en «declive » para otros es una oportunidad para superar la actual crisis societal que estamos atravesando y crear un nuevo rumbo por la senda del desarrollo y la democratización. La crisis del bipartidismo se manifiesta en la incapacidad que tienen de poder articular y maniobrar políticamente como históricamente lo han hecho, ese desgaste histórico al que todos los partidos se enfrentan con el paso del tiempo, y más cuando estos partidos abusan de su praxis política, muy alejada de la ética, de la moral y la política del bien común. Como bien argumenta la profesora Leticia Salomón el partido Nacional en la última década llevó al extremo la corrupción y el narcotráfico, llevándolo a niveles nunca antes vistos en la institucionalidad hondureña- a pesar de lo que digan las voces opositoras, tildando de narcotraficante al gobierno actual, pero esas aseveraciones están muy alejadas de la realidad para alguien que tenga una visión más o menos objetiva. La aparición del partido Libertad y refundación creó una herida profunda en el sistema político tradicional, tanto así que los dos partidos tradicionales están desorientados y no saben cómo recuperar ese poder perdido, ese poder político que necesitan para controlar la cosa pública y detener los cambios que nuestra democracia necesita. Esa herida crece en el partido nacional como un cuerpo que no tiene oxígeno, pero ese mismo partido ha tenido sin oxígeno a nuestra sociedad y democracia llevándola casi a la muerte, cosa que ocurrió con el Golpe de Estado del 2009, dándole el tiro de gracia a una débil institucionalidad, dejando entrar al abrir la caja de Pandora todos los males habidos y por haber, el crimen organizado, el narcotráfico, un presidente narcotraficante; semejante escenario creo que nunca visto en la realidad latinoamericana, con uno de los gobiernos más corruptos de la historia inmediata. La crisis aún persiste, y sus causas se encuentran en ese pasado reciente que muchos quieren negar y que nosotros insistimos en traer a colación; la memoria histórica.
Honduras está cerca de un nuevo proceso electoral y la polarización que se ve es extrema , nunca antes vista en la historia reciente del país, las fuerzas oscuras que aseveran «velan» por la democracia y la libertad han salido de la madriguera, pero ya sabemos de qué democracia hablan, la «democracia de las elites» suena contradictorio pero así es, la democracia en si misma es socialista como argumentaba Cornelius Castoriadis, y busca la igualdad de todos ante la ley, no esa democracia elitista de la democracia burguesa -occidental.
La democracia burguesa hondureña está desgastada y busca a través de su pueblo, una democratización profunda de sus estructuras. Aunque para algunos —tanto opositores como cierta izquierda radical ( como el trotskismo)— el partido Libre no es garante de las transformaciones que el país necesita, para opositores el partido Libre es un desastre y para la izquierda sectaria Libre no está realizando cambios estructurales significativos. Aunque la mayoría de la izquierda se ha plegado al Zelayismo, —algunos de forma crítica, otros no— siempre habrán personas que quieren los cambios de forma acelerada y radical, ipso facto, sus posturas políticas son tan extremas que caen en infantilismo de izquierda (Lenin) y en una visión abstracta de la realidad. Esperemos que hayan elecciones limpias y trasparentes por el bien de la auténtica democracia.
Salamanca, España, 28 se julio de 2025
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