Por: Rossel Montes
En un sistema democrático y un Estado de derecho más o menos sano y transparente ir a elecciones debería ser una fiesta cívica y patriota, donde los candidatos de los diferentes partidos políticos debaten con sus diversas propuestas sobre lo que desean hacer para resolver la problemática nacional, y cada uno con sus respectivas ideologías; porque no solo la izquierda tiene ideología sino que también la derecha tiene ideología.
Esto en Honduras y América Latina suele ignorarse. He escuchado a personas decir: « esos de Libre y su ideología totalitaria fracasada» ignorando que en la vida sociopolítica de Honduras en el siglo XX, la democracia no fue parte de la vida cotidiana, sino que estuvo plagada de dictaduras militares, simpatizantes muchas veces del totalitarismo nazi-fascista.
Pero es sumamente complicado cuando en el sistema de partidos tus contrincantes son una estructura criminal vinculada al crimen organizado – esto aseverado por la corte de Nueva York – y no es un invento de nadie, sino que es una verdad inobjetable.
El partido nacional aparte de ser una estructura criminal, es un partido altamente disciplinado como lo eran los jesuitas en la contrarreforma protestante, un partido altamente cuestionado y deslegitimado pero que aún le rinden tributo y admiración a un narcotraficante que llegó a ser presidente e inundó de cocaína los EEUU.
Aquí vemos que –y es un reto para la psicología y la psicología clínica – como una sociedad con severas patologías psíquicas y sociales exalta y admira la figura de los monstruoso y el mal radical como bien diría Hannah Arendt. El mal radical persisten nuestra sociedad debido a una ciudadanía apática, enajenada, alienada y llena de temores, que decide entregar su libertad (E.Fromm) a lo monstruoso.
Es preocupante la enorme facilidad con la que se borra de un plumazo la institucionalidad y tras la injerencia extranjera se dan golpes de Estado y golpes electorales, como el que actualmente se está llevando a cabo.
La democracia se construye desde abajo, desde una ciudadanía activa y preocupada y ocupada por las cuestiones públicas, ya que una ciudadanía apática es carne de cañón para las estructuras oligárquicas y las derechas retrógradas enemigas –no solo del socialismo – sino de la misma democracia.
Las elecciones son importantes cuando se va al terreno de la democracia electoral, pero la democracia la democracia auténtica no solo es electoral, sino que pretende ir a todos los sectores de la vida social, intenta implementar: democratizar la economía, la política, la vida cotidiana y sobre todo con los movimientos sociales. Solo los movimientos sociales pueden salvar a la democracia.
4 de diciembre, Salamanca, España.
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