Editorial
Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. El miedo siempre ha sido una estrategia eficaz para el Partido Nacional de Honduras, considerado a nivel internacional como una estructura criminal cuyo líder el traficante de drogas, Juan Orlando Hernández, fue indultado por Donald Trump.
En el actual proceso electoral hondureño, ese recurso se ha activado con intensidad. Una intensidad que no puede pasar por alto.
Después del fraude que hizo en 2017, el voto de castigo en 2021 y la falta de respaldo de Estados Unidos para manipular las elecciones de ese año, el Partido Nacional no llega a esta elección como un actor cualquiera. Llega con la experiencia de 2017, las ansias fallidas de 2021, el peso de antecedentes históricos graves.
Su figura más emblemática recibió un indulto en Nueva York gracias al lobby mediático de Roger Stone, aliado de Trump, indultado por siete presuntos delitos.
Desde ahí se puede entender la estrategia política evidente, desplegada en los últimos días:
Primera fase: lobby internacional e injerencia de Donald Trump anunciando el indulto o perdón para que su líder no cumpla los 45 años de cárcel por llevar 500 toneladas de cocaína a Estados Unidos.
Segunda fase: utilizar la estructura mediática y la institucionalidad del CNE para la imposición temprana de resultados, acá hay presión directa y pública sobre autoridades electorales, la deslegitimación preventiva de auditorías o de personas críticas, el ataque sistemático a árbitros independientes como las presiones a Ana Paola Hall en el medio de esta controversia. El uso de consultores externos con un discurso coercitivo, con intimidación y sin debate democrático. A esto se suma el lobby político internacional, no para fortalecer la institucionalidad, sino para blindar intereses.
Tercera fase: presion para intentar acelerar el cierre; cuestionar la revisión que pueda desnudar inconsistencias, se desautoriza antes de que ocurra; cuando la legalidad no garantiza el resultado, se apuesta al miedo a culpar a otros del caos.
La estrategia es rápida en el ataque, no transparencia, la declaratoria como hecho consumado con el conteo de votos basado en actas inconsistentes, darle al pueblo humo y con eso proclamar la victoria.
Así ejercen el poder con reglas aceptadas solo cuando favorecen, y combatidas cuando amenazan. La democracia es un obstáculo.
En la ley de Honduras nadie gana por anticipado. Ganar implica someterse al escrutinio, aceptar auditorías y respetar los tiempos legales.
Quien intenta cerrar el proceso a la fuerza demuestra no seguridad, sino temor. Ante las evidentes irregularidades en el proceso electoral de Honduras, no queda más que esperar lentamente los plazos algo que juega en contra del Partido Nacional y de la estructura criminal que dicen los medios y las autoridades de Nueva York que es. Rápidez en el ataque. Sorprender al oponente que en este caso es el pueblo burlado.
El Partido Nacional tiene varias figuras emblemáticas de su estructura, condenadas internacionalmente por corrupción y narcotráfico, dejaron Honduras como un narco estado. Todo ese contexto, explica que la disputa electoral en algo más que una contienda democrática: la transforma en una lucha por la supervivencia política y judicial de su élite criminal.
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