Por Wendy Funes
El retorno de JOH, a la contienda presidencial, fue antecedido por el anuncio de su esposa, Ana García: “tengo una lista (de medios)” que por años “han sido pagados para desacreditarnos” y la he “identificado a lo largo de los años quiénes son”.
CRÓNICA | Un líder mesiánico más importante que el pueblo
Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. El fondo del video es neutro, la camisa blanca, él viste un sacó con un azul profundo que transmite seguridad. Semiótica del color.
Su imagen es grande imponente y serena y en tik tok habla más de diez minutos porque la gente se muere por escuchar su palabra viva.
Todo en él significa salvación. Como si volviera Cristo con su libertad crucificada; como si llegará Moisés anunciando el fin de las diez plagas gracias a su poder. Por eso, unas horas antes apareció con una tupida barba con canas. Como si acabara de oír a la zarza ardiente, que lo manda a redimir al pueblo, oprimido por el narcotráfico.
Pero no.
Es el “faraón” con sus dioses paganos. Disfrazado de Moisés. Usando como núcleo de su discurso político al Dios verdadero.
Repitió en su discurso, “milagros, enemigos y misión. Un líder más importante que su pueblo.
No habló de cadáveres, sino que pareciera que vino a dar vida abundante y no muerte.
Por eso omitió en su discurso cabecera, a la bióloga desaparecida en Lempira, a Magdaleno Meza y a Franklin Árita, testigos y rivales asesinados bajo su mando presidencial.
La liberación sangrienta del líder de la MS-13, Yulan Archaga Carías o Alexander Mendoza, “El Porky”. No. Juan Orlando Hernández, señalado en la prensa y en expedientes judiciales como “narcopresidente”, condenado a 45 años de cárcel por la Corte del Distrito Sur de Nueva York, por conspiración para traficar cocaína y usar armas de guerra, no habló de cosas feas.
No habló de la dureza de Joaquín Guzmán Loera sino que mostró suavidad al alma. Un mundo soñado. Un discurso de candidato presidencial para borrar la memoria pública.
No habló de errores. No pidió perdón. No habló de sangre, asesinatos y caos, ni de muertes por pandemia sino de orden, estabilidad y prosperidad del mundo con el que es posible soñar gracias a Dios.
Esa medicina para los huesos, de la que habló, hizo olvidar los huesos quebrados por femicidas narcos en Choloma en la época de Geovanny Fuentes.
Pan ganado con mentiras
Pero antes de sus milagros, ya la prensa había sido amenazada con bocados dulces.
Horas antes del discurso, Ana García —su esposa— dijo públicamente: “tengo una lista (de medios)” que por años “han sido pagados para desacreditarnos” y la he “identificado a lo largo de los años quiénes son”.
En un país con 100 periodistas asesinados, desaparecidos, perseguidos y acosados durante la era Hernández —como lo documentó RI en múltiples investigaciones— la advertencia es una señal de peligro.
Dios: el símbolo de poder
“Gracias, Señor”, “Dios es bueno”, “Sus promesas nunca fallan”, “La verdad os hará libres”.
Le hicieron una guerra moral por eso viene con el escudo religioso que le hará captar adeptos. Yo Soy el que Soy.
Diversos estudios de marketing político han demostrado que Dios es un buen mercadeo electoral.
Pero el objetivo no es espiritual; es político.
El subtexto de su discurso es que no fue una condena sino martirio.
No fue un indulto, fue un milagro de Dios. No vuelve porque quiere sino que Dios le encomendó un mandato divino: reconstruir la ciudad. Muy parecido al profeta Elías restaurando el altar para Dios.
La intención del discurso se parece mucho a la frase que dijo en Graneros Nacionales, moviendo el licor en el vaso de cristal, con un dedo: “El indio es un imbécil, con un bistec y una cerveza, votará”, declaró el testigo José Sánchez, según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. José Sánchez no era un narco, sino el contador del empresario Fuad Jarufe.
Es culpable

Hernández está declarado culpable. Las víctimas son quienes mueren por el narcotráfico. No fue él.
Es traficante de drogas, condenado a 45 años, con evidencia documental, fotografías y testimonios. Está libre por el perdón presidencial de Trump. Yo Soy el que Soy.
La Biblia no borra las pruebas. Tampoco sacará a Trump del apuro político en el que está metido por este indulto.
Senadores y congresistas de EE.UU. lo califican capo
Vea: Trump en un sisma: Más de 50 legisladores de EE. UU. cuestionan indulto al capo JOH
Cada día crece el número de congresistas que alzan su voz. Hoy suman más de 60 congresistas demócratas y republicanos de Estados Unidos han reprobado la conducta de Trump al indultar al presidente que llevó 500 toneladas de cocaína a su país diciendo que les metería “droga en las narices a los gringos”.
Esto puede tener efectos políticos en la gestión de Trump.
El senador Peter Welch (D-Vt.) y 11 senadores demócratas, condenaron el indulto.
A esta lista se suman la presidenta de la Cámara de Representantes Emérita, Nancy Pelosi.
También Norma J. Torres, Nydia Velázquez, Delia Ramírez, Chuy García. Seth Moulton y, la republicana María Elvira Salazar.
Además, el grupo Congressional Hispanic Caucus (CHC), con 43 integrantes.
Negación: borrar la narcodictadura
Hernández afirma: “No hubo 12 años de narcodictadura”.
Pero las investigaciones periodísticas, fiscales y judiciales describen exactamente lo contrario: su estructura criminal, incrustada en el Estado, consolidó la penetración del narcotráfico.
Para entenderlo, se inserta aquí la línea de tiempo que desmonta su relato.
Línea de tiempo
2004–2009 — Pactos tempranos con narcotraficantes: Sobornos, arreglos, protección institucional emergente.
2010–2014 — Presidente del Congreso: consolidación del narcoestado: Control institucional, blindaje, acuerdos políticos con clanes. Reunión con El Cinco.
2014–2022 — Presidencia: violencia política, MS-13, narcolaboratorios: Ejecuciones selectivas, alianzas con pandillas, manipulación de seguridad.
2020–2021 — Identificado como “Co-Conspirador 4”: Fiscalía de Nueva York lo señala como actor central en una conspiración transnacional.
2022 — Extraditado. Llevado a Nueva York.
2024 — Condenado a 45 años de cárcel.
2025 — Indulto político de Trump para intervenir y controlar a Honduras.

“No tenían nada”: una mentira estructural
La principal manipulación de su mensaje, es que su condena se basó “solo en palabra de criminales”. Es falso.
Hay evidencia en su contra: armas con su nombre, narcolibretas, hojas de cálculo de sobornos, fotografías con coconspiradores, mensajes cifrados, geolocalización en Casa Presidencial, y testimonios de clanes no aliados entre sí.
Un enemigo
Su discurso además etiqueta un enemigo al que hay que vencer para evitar todos los males. Ese vencedor solo puede ser un redentor, dispuesto a ser sacrificado. El miedo como estrategia, que aconsejaba Maquiavelo.
Su discurso dice de él: Yo Soy el que Soy. Un líder capaz de combatir a la izquierda radical, a Venezuela, al Estado profundo de Estados Unidos (es decir un poder muy grande oculto).
También menciona a Venezuela y algo imposible, Venezuela aliada con el ex presidente de Estados Unidos, Joe Biden y los mismos narcotraficantes que, según él, combatió. Lo cual es contradictorio porque por un lado menciona al Estado Profundo que son poderes ocultos que pueden llegar a mandar más que el presidente y por otra parte, se centra en Biden. Otra contradicción es que las primeras investigaciones en su contra se conocieron en el primer mandato de Trump.
El discurso completo mueve emociones como el dolor que sufrió (Yo sufrí). No admité, “yo delinquí”.
La injusticia frente a gente poderosa (me persiguieron), pero no dice que fue una persecución penal. Es un Cristo llevado al calvario para salvar a su pueblo y resucitar.
“Hay que reconstruir Honduras”
El discurso es de presidenciable, no mencionó elecciones, pero es claro que tiene el significado de un proyecto político con Dios como objeto de marketing.
Su imagen está trabajada para que sea vea con más fuerza que Tito Asfura.
Trump apoyó la candidatura de Tito, pero lo hizo por Juan Orlando porque fue tan injusto lo que este redentor sufrió que lo indultó como el único líder capaz de restaurar un proyecto político como las ZEDES, antiimigración, militarismo y extractivismo de recursos naturales.
Es un martir mítico cuya sombra es demasiado grande a la par de Tito Asfura, trabajado casi como un cómico haciendo muecas de la racha un monstruo gigantesco.
Para reconstruir el templo se ocupa un profeta que si va a salvar a Honduras bien vale la pena cualquier sacrificio. De ahí que «JuanOrlandoVolverá siempre fue un proyecto mesiánico. Juan Orlando es hoy un Nehemías que regresó del exilio cuando fue llevado cautivo a Babilonia y volvió para reconstruir Jerusalén y su templo. Por eso Juan Orlando empezó hoy la restauración y la esperanza mesiánica. Sólo falta que el CNE declare que el Partido Nacional es el triunfador para que cumpla el mandato divino.
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