Tegucigalpa, Honduras |Reporteros de Investigación. El periodista Ulises Aguirre ofreció una disculpa pública, dice que no es racista y que defenderá su derecho a la libertad de prensa.
Su defensa es que sus palabras fueron sacadas de contexto que lo cuestionan solo periodistas militantes, gente radical de la oposición, aglutinada en Libre y una facción garífuna. Para Aguirre, en la actualidad una parte de la “comunidad garífuna” —dirigida por Miriam Miranda— no es tan abierta como fue el liderazgo del Celso Álvarez Casildo.
Sus discursos son una oportunidad de reflexión académica sobre la deontología del periodismo hondureño cuando se difunde información sobre las poblaciones más desprotegidas.
Por eso, consultamos estándares de libertad de expresión sobre los discursos especialmente protegidos como el discurso periodístico y sobre los discursos no protegidos.
El artículo 13 del Pacto de San José establece cuáles son los discursos, protegidos y no protegidos por el derecho a la libertad de expresión.
En ese sentido, el discurso del periodista Ulises Aguirre, con influencia masiva en la comunicación de Honduras, es interpretado por la comunidad garífuna y académica del país como no protegido a la luz de este estándar porque incita a la violencia y refuerza estereotipos. Los estereotipos son núcleo de la violencia mediática y de la violencia simbólica.
Hay que decir, sin embargo, que cuando el periodista es denunciado por la vía penal se debe valorar si se vulneran derechos relacionados con las recomendaciones internacionales, hechas al Estado de Honduras para que la responsabilidad ulterior sea deducida por vía civil y no por vía penal.
No obstante, el problema y la lección que deja el discurso de Aguirre es que más allá de la responsabilidad ulterior. En este caso, se discute la incitación a la discriminación.
El Tribunal Penal Internacional para Ruanda, en el casoThe Prosecutor v. Ferdinand Nahimana, Jean-Bosco Barayagwiza and Hassan Ngeze (ICTR-99-52), condenó a un periodista, por apología del odio en vista de su discurso racista contra otro grupo étnico de aquel país de África.
La prensa tradicional hondureña se ha caracterizado por sostener un discurso sexista, colonialista y racista; la existencia de nuevos medios de comunicación alternativos, aprovechando la era de la libertad, han evidenciado estas prácticas que antes no eran debatidas en la sociedad.
No se trata de activismo político, sino de un activismo por la libertad que contextualiza el derecho a la libertad de Prensa con discursos, protegidos y no protegidos intrínseco en un derecho que es nervio principal de la democracia, como el de la libertad de expresión.
Las y los periodista deben modernizarse, estudiar de manera permanente y entender que los derechos humanos son progresivos.
El desafío que esto implica es que hay que actualizarse para tener una adecuada semiosis discursiva y rutinas de producción con responsabilidad ética que el mundo cambiante exige para no vulnerar derechos de poblaciones que históricamente han sido excluidas.
En conclusión, al hablar de temas como el de los pueblos indígenas hay que comprender el impacto que tiene un código, una señal desde el mundo semiótico. Hay que recordar la historia vivida y las vulneraciones que dejó la esclavitud.
Un periodista no puede entender el tema de los pueblos indígenas —sin conocer la realidad de negros y garífunas en Honduras y no lo comprenderá si no visita el territorio y conoce desde adentro, su cultura, su historia, su vida cotidiana, su lucha por las tierras ancestrales. Solo al conocer las luchas territoriales se entienden las heridas del pueblo garifuna y sus respuestas a veces a la defensiva.
No son una comunidad sino pueblos que merecen ciudadanía.
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