
Por: Rossel Montes
Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. Algunos están sorprendidos por la agresividad del imperialismo norteamericano, cuando esto viene sucediendo desde el siglo XIX cuando los antiguos imperios y los nuevos se repartían el mundo a su antojo. Ahora que el fascismo llegó a la Casa Blanca, la diplomacia de antaño pasó a un segundo plano y nos están recordando que somos su patio trasero.
¿Pero que es el imperialismo? El viejo Lenin lo había definido como la última fase del capitalismo (Lenin, 1914) esta definición se daba en medio de una polémica entre líderes revolucionarios y teóricos de la socialdemocracia rusa y alemana.
Polémica que se dará entre Lenin, Rosa Luxemburgo y Nicolai Bujarin sobre las nuevas características del capitalismo que había mutado del capitalismo de libre concurrencia al capitalismo de los monopolios y Trusts, aunque ya Marx en el siglo XIX había previsto dicha mutación del capitalismo en su famosa “ley de concentración y centralización de capital”. El capitalismo en su evolución socio-histórica –que hay que recalcarlo– fue una evolución muy violenta y manchada de sangre, sobre todo con la acumulación originaría de capital que dio origen al nacimiento del capitalismo comercial con el choque de civilizaciones ( S. Huntington) mejor conocido en la historiografía como “descubrimiento”. y el saqueo de los metales preciosos de América y otras colonias pertenecientes a España, países bajos, Portugal e Inglaterra.
El capitalismo en su dinámica convirtió al mundo en algo más homogéneo, introduciendo a aquellos sectores que estaban atrasados o donde existian modos de producción diferentes, por ejemplo: el feudal.
Para Lenin, el capitalismo de libre concurrencia había llegado a su fin, y el capitalismo de los monopolios había llegado para quedarse; para Lenin y para Rosa Luxemburgo, la concentración de capital conducía a la sobreproducción y los excedentes que luego deben buscar nuevos mercados, siendo éstos mercados los de los países pequeños y menos desarrollados.
Rosa explicaba que el capitalismo necesitaba de sectores atrasados para poder sobrevivir, pues Rosa tenía toda la razón en sus planteamientos de hace más de un siglo.
El caso de América Latina es realmente trágico que había pasado por un proceso de colonialismo de tres siglos donde se saqueó casi en su totalidad sus recursos naturales, tras la evaporación de los imperios coloniales y las luchas de independencias el imperio inglés y el naciente imperio estadunidense estaban disputandose por la hegemonía de América Latina.
América Latina desde los años cincuenta se convirtió en el experimento de golpes de Estado. En el 1954 se le dio un golpe de Estado al presidente Jacobo Arbenz (Guatemala) que fue electo democráticamente, Brasil, Perú, Honduras, Chile, Panamá, y dictaduras militares que fueron apoyadas por el imperialismo norteamericano.
El viejo discurso de EEUU para intervenir países latinoamericanos era por la defensa de la democracia y la lucha contra el comunismo; aunque el comunismo no ha existido en la sociedad contemporánea más que manifestaciones ideológicas como partidos políticos y movimientos revolucionarios. El famoso comunismo del cual hablan solamente fue y es un capitalismo de Estado, tal fue el caso de la unión Soviética ( socialismo real) y el caso de China.
“En el ultimo siglo, más concretamente, de 1890 a 2001 EE.UU. Ha sostenido 134 actuaciones bélicas en 53 escenarios diferentes, una cifra no superada por ninguna por otra nación”.( Quesada, Castro: 2010)
Estas cifras solo dejan entrever la agresividad intervencionista en imperialista de EEUU desde el siglo XX hasta la actualidad
El gobierno fascista de Donald Trump ha demostrado que el imperio está desesperado por preservar sus áreas de influencia y dar un mensaje a Rusia y China.
Queda claro que a EE. UU. no le interesa la democracia, los derechos humanos y la superación de la pobreza en América Latina. La historia es dialéctica como decía Marx, analéctica como diría Dussel e imaginaria como diría Castoriadis donde el imagino radical se impone donde el imaginario instituido y crea nuevas formas ontológicas se organización socio-histórica.
No todo puede estar perdido ya que el movimiento histórico es contradictorio y caer en fatalismos es algo quizás apresurado. El destino de América Latina no puede ser siempre de vasallo del imperialismo de turno, llegará el momento de alzar el vuelo y de contruir las naciones que Bolívar y Morazán deseaban en su momento histórico.
Solo los movimientos sociales y los nuevos movimientos sociales como –pensaba Chantal Mouffe – y los trabajadores organizados pueden poner un freno a los excesos del capitalismo en su modo imperialista. ¡Solo los movimientos sociales pueden salvar a la democracia!
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