Por: Rossel Montes
Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación (19/noviembre/2025). No debe ser nada extraño para nosotros saber que la democracia no ha sido parte de la agenda de las élites y oligarquías de turno, desde que estos países se fundaron las masas y mayorías siempre estuvieron relegados a cuidadanos de segunda categoría. Con el surgimiento de los partidos políticos las élites y el capitalismo mundial —Honduras no fue la excepción— intentaron con éxito funcionar el capitalismo con la democracia incipiente ( Bobbio) o una democracia mínima burguesa o formal, ya que el capitalismo no podría funcionar con una democracia fuerte -como diría el teórico político norteamericano Benjamín R. Barber-.
Una democracia fuerte o radical (C. mouffe) evolucionaria hacia el socialismo, en ese sentido la democracia ya es socialista por antonomasia ya que ésta busca la liberación total de los sujetos y su proyecto de autonomía.
El siglo XX fue testigo de la pulverización de la democracia por parte de regímenes totalitarios de tipo fascista y socialista (socialismo real). Las dictaduras fascistas aplastaron a las democracias liberales por el temor al avance del socialismo real. Eso en el escenario mundial, y en el nacional desde el surgimiento de los dos partidos históricos éstos estuvieron vinculados a las agendas del capital extranjero de turno, convirtiéndose en sus protectores.
Las dictaduras militares fueron el pan de cada día de la vida cotidiana en Honduras con el retorno a la democracia formal, parte de la tercera ola de Samuel P. Huntington; Honduras pudo encarrilarse por la senda de la estabilidad y dejando atrás las terribles dictaduras militares. Aunque ese retorno estuvo combinado por una terrible persecución a los movimientos sociales y a los líderes socialistas y otras células comunistas. Con el avance en la década de los noventas, la democracia débil y formal de Honduras pusieron en práctica el modelo económico neoliberal, que inició un proceso privatizador que le causaron terribles daños y fracturas al tejido social.
Desmantelamiento el sector público, que ya era demasiado débil lo que se logró fue el inicio y crecimiento de una gran vorágine de miseria y pobreza sin precedentes. Los dos partidos históricos, que en el pasado habían tenido diferencias ideológicas poco a poco llegaron a ser casi lo mismo, —como bien lo argumenta la socióloga Leticia Salomón—. Para el golpe de Estado lo poco que se había logrado construir en terminos de sector público fue evaporado en un cerrar de ojos; dando paso a una de las décadas más oscuras de la vida política y social del país en su historia inmediata.
Hay elementos que se repiten, pero también hay elementos novedosos en la escena social; desde el golpe de Estado y el surgimiento de libre y la resistencia como movimiento social se agudizaron los discursos antiguos propios de la guerra fría, a saber: el comunismo y el miedo al socialismo como enemigo de la libertad y la democracia. El partido Libre rompió con el arcaico bipartidismo y desplazandolos de las estructuras del poder. Entonces tenemos a una clase política y a una oligarquía histérica y patológica que quiere retomar el poder del Estado a como de lugar. Pero no es la democracia la que está en riesgo, solamente es su concepto de democracia formal y elitista la que está en riesgo. A las élites, poco o nada les ha interesado la democracia.
Honduras necesita imperiosamente pasar de una democracia formal a una democracia fuerte y participativa, claro, eso no se logrará sin una lucha de los movimientos sociales y todos los sectores que aprueben o deseen ésta evolución. La democratización de la política la economía y la vida cotidiana de la ciudadanía es un imperativo kantiano para alcanzar una verdadera cultura democrática.
Honduras está ante un nuevo proceso electoral, ¿Pero quienes son realmente demócratas y defensores de ésta? El partido Nacional y liberal como guardianes de los intereses de la oligarquía y las élites, piensan recuperar el poder a como de lugar, como sea; incluso si tienen que montar un mega fraude como ocurrió en 2013 y 2017. Una cosa es clara, el bipartidismo está agotado y deslegitimado históricamente aunque aún con mucha fuerza política . Pero definitivamente lo que menos les interesa es la democracia auténtica.
Salamanca, España 14 de noviembre de 2025.
Descubre más desde Reporteros de Investigación
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.






