Por Josué Sevilla

Tegucigalpa, Honduras | Reporteros de Investigación. El día de hoy (artículo enviado a edición el 8 de marzo) se celebra el día internacional de la Mujer. Rindo honor a las distintas oleadas de movimientos feministas del siglo XX, recordando las remembranzas de una salvadoreña casi hondureña y para el mundo. Me refiero a Graciela García. María Graciela Amaya Barrientos (Graciela García), no fue una sufragista estrictamente hablando, pero sí, una incansable luchadora por el reconocimiento de los derechos de las mujeres. La historia del movimiento feminista, inició concretamente en Honduras en las décadas de 1920 y 1930. Por eso años, ya teníamos mujeres literatas y destacadas como Lucila Gamero, Clementina Suarez, y los albores de un embrionario movimiento sufragista en Honduras que se desarrollaría posteriormente. En la Sociedad Cultura Femenina de Tegucigalpa, convergieron Visitación Padilla y Graciela García artífices de dicho movimiento. La primera se movió bajo los linderos de la ideología liberal; la segunda se comprometió con el movimiento comunista y revolucionario. 

La vida de Graciela García, estuvo marcada por obstáculos, el exilio político, y una relación abnegada con la izquierda hondureña, centroamericana y mexicana. Su carismático proceder en pro de las luchas obreras y feministas, la convirtieron en una leyenda histórica del movimiento antisistémico durante el siglo XX. Hasta este momento la mejor biografía escrita sobre su persona fue realizada por la intelectual hondureña Rina Villars. 

Vida de Graciela García

Graciela García tuvo un desenvolvimiento multifacético involucrada en los ámbitos intelectuales, políticos, culturales y sociales. Establecer una síntesis de sus andanzas resulta todo un reto. Ella, nació el 2 de enero de 1895, en la capital de El Salvador. Graciela García, proviene de una familia de buena posición, y como lo remacha ella en su trabajo autobiográfico En las trincheras de las luchas por el socialismo vivió “en medio de las comodidades” que devinieron de su estatus social. Su pasado familiar, estuvo anclado a las luchas democráticas en El Salvador, por lo que heredó un espíritu combativo por la justicia social. En su biografía menciona como ejemplos a su abuelo materno, el general y doctor Felipe Barrientos, quien formó parte del ejército nacional que luchó y venció al filibustero William Walker; Su hermano Felipe Armando Amaya Barrientos, se vinculó con el movimiento comunista en EUA, y regresó a Honduras con el fin organizar la izquierda en nuestro país. Su primo Fernando Antonio Santamaría, desde su adolescencia tuvo una importante participación en movimientos sindicales, por lo que, fue deportado por el gobierno del militar y dictador Maximiliano Hernández Martínez, y no fue hasta el derrocamiento de este dictador que, Fernando retornó a El Salvador y organizó un frente democrático denominado Alianza Democrática. (Villars, 1991, pág. 15). 

Graciela García realizó sus estudios primarios en el Colegio Particular “Las Mercedes en El Salvador.” Luego, pasó a estudiar en la Normal, donde obtuvo su título como Maestra de Educación Primaria de Primera Clase, el cual, era el mayor título al que podía aspirar una mujer en aquellos años (García,1981, pág. 17). Eran los tiempos en que la mujer era vista como subalterna desde el punto de vista intelectual y de la ideología liberal. La educación superior era solamente para los varones. 

En el año de 1915, a la edad de 20 años, se trasladó con su familia de El Salvador, a Tegucigalpa, Honduras, país donde Graciela inició sus actividades reivindicativas en pro de los derechos de las mujeres y de las organizaciones obreras y artesanales, gracias al adiestramiento de su hermano Felipe Amaya. En Honduras, conoció a José García Lardizábal –integrante de la guardia de honor del entonces presidente Francisco Bertrand– con quien contrajo matrimonio un año después, el 9 de enero de 1916 (García,1981, pág. 25). Durante 57 años, lograron establecer un matrimonio marcado por un amor indisoluble, compañerismo, comprensión, revolución y lealtad. 

Después de la celebración del 57 aniversario de matrimonio (el 11 de enero de 1973), dos meses después, Graciela García enviudó el 27 de marzo de ese mismo año. Jamás Graciela Amaya quiso abandonar su residencia en el Distrito Federal, México, afirmando que no se separaría de su entrañable José o Chepe como lo llamaba de cariño. Ambos, fueron parte del movimiento revolucionario hondureño y centroamericano, y lo siguieron siendo durante su postergado exilio en México, donde descansan los restos de ambos. Su único hijo, Tomás García Amaya –quien era un joven revolucionario y estudiante de tercer año de medicina–, murió a la edad de 22 años, el 12 de diciembre de 1944, en El Salvador luego de ser parte de un movimiento reivindicador en aquel país (García, 1981, pág. 19). 

Increíblemente, Graciela García fue una aguda observadora del siglo XX, convirtiéndose desde su juventud en una profusa escritora y en una mujer pionera en luchar por la emancipación femenina, en un momento marcado por el conservadurismo patriarcal de la época. Graciela García murió a la edad de 100 años, el 11 de octubre de 1995 (a sólo tres meses de consolidar sus 101 años), dejando un legado incalculable a los movimientos antisistémicos de Centroamérica. Las vivencias de Graciela García en suelo catracho fueron trabajadas por Rina Villars en el libro testimonial Porque quiero seguir viviendo: habla Graciela García (1991). Dicha autora es pionera en los estudios del primer Partido Comunista de Honduras (PCH), la perspectiva biográfica y el movimiento sufragista. 

Aportes y obras de Graciela García

Durante su trayectoria, Graciela García, realizó una serie de esfuerzos en pro de la ciudadanía hondureña, entre 1915 a 1944, cuando fue expulsada por la dictadura de Tiburcio Carías Andino (1933-49). Sus aportes en Honduras fueron canalizados a través de la Sociedad Cultura Femenina (SFC). Comentaré brevemente los esfuerzos realizados por la SCF. Las bases ideológicas de la SCF, fueron de tipo educativa, de solidaridad y de organización. Algunos frutos concretos de la SCF fueron:

  • La fundación de la Escuela Nocturna para Adultas “María Guadalupe Reyes de Carías”, en Tegucigalpa, inaugurada el 2 de febrero de 1927, de la cual, Graciela García fue directora, e impartió clases de castellano y de bordado. 
  • La creación de un Centro Cultural llamado Universidad Popular Marco Aurelio Soto, en la ciudad de Tegucigalpa, en enero de 1928 (Villars, 1991, pág. 43). 
  • La apertura de cinco centros de alfabetización para adultos (dos centros para alfabetización de mujeres, y tres centros para alfabetización de obreros), en enero de 1928: Escuela Venancio Callejas, ubicada en el barrio La Pradera, Escuela Marco Antonio Rosa, emplazada en el barrio La Hoya, Escuela Daniel Fortín, situada en el barrio del Guanacaste, Escuela Arturo Martínez Galindo, posicionada en el barrio La Ronda, Escuela Fernando Humberto Gómez, con sede en la avenida Francisco Mejía. Todas estas en Tegucigalpa. 
  • La formación de la Biblioteca Popular Cultura Femenina, el 24 de octubre de 1929 (fecha en que la sociedad cumplió 3 años de aniversario), instalada en la sede de la SCF (Villars, 1991, págs. 43-45).

La SCF, ganó una gran empatía por su aporte a la cultura en las décadas de 1920 y 1930. En sus comienzos dicha sociedad fue parte de la Federación Obrera Hondureña (FOH). Sin embargo, años más tarde, terminó separándose de la FOH, y se afilió a la Federación Sindical Hondureña (FSH) en 1929, conducida por los comunistas hondureños y hondureñas. La SCF, fue acusada de ser un centro de propaganda comunista en 1931, por el arzobispo Agustín Hombach, de origen alemán. También, la SCF tuvo varios llamados de atención por los presidentes Miguel Paz Barahona (1925-29) y Vicente Mejía Colindres (1929-33), debido a las denuncias que pronunciaban a través del boletín de esta sociedad, en contra de las compañías extranjeras (mineras y bananeras), radicadas en Honduras. En el testimonio dado a Rina Villars, se comenta como Graciela García viajaba a San Juancito con el fin de organizar a los obreros de la Rosario Mining Company. Al respecto nos dice 

Particularmente formé parte siempre de las comisiones de la FSH que periódicamente viajaban a San Juancito. Entre seis a diez compañeros salíamos de Tegucigalpa los domingos como a las cinco de la mañana a ese centro minero; nos íbamos caminando y después de tres a cuatro horas llegábamos al infierno de San Juancito, como era conocido el lugar, debido a las condiciones de sobreexplotación en que se desenvolvía ahí la vida de los trabajadores. Ahora, a mis 93 años, cuando me siento cansada después de caminar algunos metros, recuerdo con mucha nostalgia aquellas visitas dominicales y la vitalidad con la que yo subía los cerros que teníamos que atravesar para llegar al lugar (Villars, 1991, págs. 100-101.).

Tremendos eran los recuerdos de Graciela García sobre su militancia en tareas de organización. Sus escritos mientras vivió en Tegucigalpa, pueden encontrarse en los distintos periódicos hondureños de la época como El Sol, El Cronista, y los manejados por los comunistas como el Trabajador hondureño y el Martillo. Para poder elaborar este trabajo, me he basado una obra compilada por Editorial Guaymuras Páginas de lucha revolucionaria en Centroamérica. 

Luchas de Graciela García

Entre 1920-1944, ubicamos una primera etapa de las luchas de Graciela García, como una militante de las sociedades obreras y artesanales, como escritora, y como agitadora social. En esta etapa, Graciela García, dirigió (luego de la renuncia de Visitación Padilla en septiembre de 1927), la primera organización de mujeres en Honduras, llamada Sociedad Cultura Femenina (1926-1933). La SCF, fue clausurada debido a la persecución efectuada por Tiburcio Carías, contra toda forma de organización democrática. Así se inició el régimen dictatorial del Partido Nacional dirigido por Tiburcios Carías, en la década de 1930. También, dirigió el Sindicato de Oficios Varios “Redención”, afiliado a la FOH; posteriormente Graciela fue parte de la Federación Sindical Hondureña (FSH) creada en 1929, dado el debate ideológico entre los líderes obreros mutualistas y los comunistas (Posas, 1977). Graciela García se identificó con los comunistas. Por ende, fue en las décadas de 1920 y 1930 en que Graciela García, se consolidó como una crítica del estado hondureño y del proceder de las compañías bananeras y mineras, de capital extranjero. Además, de comprometerse en la lucha por la emancipación de los derechos de las mujeres en la SCF.

Una segunda etapa de su vida, la ubicamos entre 1944-1946 donde, Graciela García estuvo en calidad de perseguida política en Honduras, El Salvador y Guatemala. Durante su estadía en estos países, fue acusada de promover conspiraciones, en contra de los gobiernos de los países mencionados.  Graciela García llegó a El Salvador el 21 de julio de 1944, luego de ser expulsada por Tiburcio Carías Andino. Me impactaron dos aspectos de su expulsión: Primero, que ya en el pasado Tiburcio Carías la había amenazado en 1931 manifestando que “si él obtenía el poder la iba a perseguir, y a los comunistas”. Segundo, que durante muchos años ella fue sometida a la vigilancia, el soborno y persecución por parte del régimen de Carías. Al respecto nos dice en su testimonio. 

En los primeros años de su régimen, Carías no ejerció contra mí ningún tipo de represión, por respeto al parentesco existente entre su esposa Elena Castillo y mi esposo José, quienes eran hermanos como ya lo señalé. Sin embargo, Carías hizo del soborno para intentar apartarnos a José a mí de nuestra lucha (Villars, 1991, pág. 171). 

La autora relata cómo su esposo fue despedido de una fábrica de harina perteneciente a Miguel Brook, por petición de Carías. Durante su estancia en El Salvador, se vinculó con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) (García,1981, pág. 50). Graciela nos dice que “Mi labor al interior de la UNT, fue de carácter organizativo” (Villars, 1991, pág. 200). También en este país, Graciela fundó la Sociedad Antorcha Femenina (SAF), siendo éste una segunda experiencia organizativa, por la emancipación de la mujer Centroamericana. 

Aún después de su expulsión de Honduras en 1944 (debido a su participación en la manifestación del 4 de julio en Tegucigalpa), Graciela García no se detuvo en su proceder revolucionario. En diciembre de ese mismo año arribó a Guatemala, donde ayudó a reorganizar en una segunda etapa el Partido Comunista de Guatemala y fue parte de la Confederación de Trabajadores de Guatemala (CTG). En este sentido, Graciela fue expulsada de Honduras, El Salvador, y Guatemala, por su participación en los movimientos antisistémicos de dichos países.

Una tercera etapa de su vida, la ubicó en su postergado y definitivo exilio en México entre 1946-1995. El 14 de febrero de 1946, Graciela y su esposo José, llegaron a México, luego de ser expulsados por el gobierno de Juan José Arévalo. En ese país, sus actividades por las luchas antisistémicas, no se detuvieron. Graciela y José García fueron recibidos por el dirigente histórico de la CTAL, el Maestro Vicente Lombardo Toledano, quien le consiguió a ella trabajo en la Secretaría de Educación (1946-1979); y a José, en La Secretaría de Recursos Hidráulicos. En México, fueron parte del Partido Comunista de México (PCM). En este país siguió conspirando contra el régimen de Tiburcio Carías, a través del Frente Patriótico Nacional Libertador (FPNL). Tras la salida del PCM, militó en el Partido Popular Socialista (PPS). Sus últimos años siguió organizando obreros (tanto hombres, como mujeres), y dedicándose a sus labores como educadora y escritora. 

Nunca dejó de denunciar los vejámenes que observó en Centroamérica y desde luego, en nuestro país. ¿Regresó Graciela García a Honduras? En efecto, ella tuvo la oportunidad de retornar el 10 de septiembre de 1977, producto de la invitación que le hicieron los estudiantes de la UNAH, a través de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras (FEUH), para participar en el Primer Encuentro de Estudiantes de Ciencias Jurídicas, en la capital de Tegucigalpa. Con mucha melancolía la autora recordó sus momentos al cruzar por el Parque de Central manifestando. 

Al pasar por un costado del parque central recordé y expliqué a mis acompañantes cual era la casa donde funcionó la Federación Obrera Hondureña, la Federación Sindical Hondureña y la escuela Cultura Femenina, donde desarrollamos las más importantes luchas relacionadas con el movimiento sindical (García,1978, pág. 8). 

Antes de finalizar, destacaré su papel como una intelectual pionera en el estudio del movimiento obrero hondureño. Estas apreciaciones provienen del historiador Josué Sevilla, quien le da ese lugar como una mujer intelectual, poco reconocido en Honduras y por el sociólogo Mario Posas, quien escribe sus Notas artesanales y el origen del movimiento obrero hondureño siguiendo el trabajo de Gracielita (Sevilla, 2022, pág. 40)

Reflexiones finales

Sin duda alguna, que siento una gran simpatía por el carácter, la lealtad y la abnegación de Graciela García, quien es un ejemplo como mujer, pues siempre hizo sentir frente su inconformidad a la ideología patriarcal que caracterizaba la sociedad Latinoamericana, Centroamericana y hondureña en el siglo pasado. Aún queda mucho por hacer y los textos de historia debemos de darle el lugar que corresponde a los movimientos feministas y las divergencias de género, quienes siempre han luchado al par de los movimientos antisistémicos. 

Esta síntesis apretada de Graciela manifiesta lo siguiente. Primero, en relación a su vida, me llamó mucho la atención que, el hecho de proceder de una familia pudiente no la detuvo en la lucha por la justicia social. Aunque no era de nacionalidad hondureña, le aportó mucho a nuestra sociedad (la que, en su mayoría desconoce el legado de esta gran mujer), en la primera mitad del siglo XX, y fue parte de la primera ola feminista en Honduras. 

Segundo, en relación a sus luchas, es incalculable medir el potencial de Graciela García. Me parece que hay que destacarle sus esfuerzos en pro de las luchas por una sociedad justa, por la emancipación de las mujeres, por su papel como educadora popular, y como militante de la izquierda hondureña y porque no, Latinoamericana. Su participación en el movimiento obrero fue importante, dado el nivel de denuncia que se destilada por su pluma contra todo aquello que representaba injustica e inequidad social, provocada por el capitalismo patriarcal. Dedicado a Graciela García y la hondureña María Luisa Medina, quien la acompañó en la FSH y la Sociedad Cultura Femenina siempre. 

Bibliografía

García, G. (1978). Honduras treinta años despues . México.

García, G. (1981). Páginas de lucha revolucionaria en Centroamérica. Tegucigalpa: Guaymuras.

Hobsbamwm, E. (1999). Historia del siglo XX. Buenos Aires : Crítica.

Posas, M. (1977). Notas sobre las sociedades artesanales y los origenes del movimiento obrero hondureño. Tegucigalpa: Editorial ESP. .

Sevilla, J. (19 de Enero de 2022). UNAH-TEC. Obtenido de La primera etapa del Partido Comunista de Honduras (1927-35): organización, La Cominter, antiimperialismo y actores de la época. : https://tecdanli.unah.edu.hn/dmsdocument/11752-art-5-el-primer-partido-comunista-de-honduras-1927-35-organizacion-la-comintern-antiimperialismo-y-actores-de-la-epoca-por-josue-sevilla

Villars, R. (1991). Porque quiero seguir viviendo: habla Graciela García. Tegucigalpa: Editorial Guaymuras.

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