Las madres tristes del segundo domingo de mayo

Por Miriam Elvir

Reporteros de Investigación, Honduras. Las 9 de la mañana del segundo domingo del mes de mayo de 2019. Un ardiente sol. Poco a poco, señoras con vestimentas de color negro y morado inician una reunión de madres. Cargan los retratos de sus hijos asesinados dos veces por el Estado. Primero con armas luego con el olvido y la impunidad.

La sola presencia de este grupo de mujeres transforma el ambiente, pues, pese al dolor y sufrimiento que reflejaban sus rostros, la energía de fortaleza y sororidad se va impregnando en las afueras del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos de Honduras (CONADEH), ubicado en la ciudad capital de Honduras.

En contraste, justamente frente a ellas los coloridos puestos de venta de flores, provocan la aglutinación de personas de todas las edades, razas y sexo, para comprar arreglos de diversos estilos y precios. Los y las compradores con mucha alegría y entusiasmo eligen ellos mismos las flores más bellas para obsequiárselas a sus madres.

Todo esto se debe al segundo domingo de mayo, este día ha provocado ambos escenarios, una fecha que logra converger sentimientos encontrados en mundos paralelos de alegría y tristeza, y muestra de ello son las madres que cargan los recuerdos de sus difuntos hijos.

Mientras unas personas se esmeran en engalanar al ser que les dio la vida, otras lloran por no tener físicamente al ser al que le dieron la vida.

Las mujeres con camiseta morada, en su mayoría, son madres con luto como consecuencia de la violencia y criminalidad que azota a Honduras. Ellas han perdido a sus hijos e hijas y hoy unifican sus voces para exigir justicia para sus vástagos. No podrán nunca más obsequiarles flores en el Día de la Madre.

El relato de las madres es doloroso, difícil de transmitir en escritos que puedan dimensionar el sufrimiento de estas mujeres cuya agonía se alarga en la impunidad de la indiferencia Estatal.

Destinos

1

Silvia, Aurora y Berlyn, jamás pensaron que sus hijos en edades y contextos de vida totalmente diferentes fueran los que las unieran en una misma causa, pero la similitud de sus historias amerita ser contadas.

Silvia Castillo, perdió a su hijo Tomas Enrique García Castillo, beneficiario de medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el primero de mayo del año 2016.

García Castillo fue secuestrado, torturado y asesinado después de haber participado en la movilización del Día del Trabajador el primero de mayo, pero no fue hasta el 5 de mayo que su madre lo encontró en un congelador de Medicina Forense en la ciudad de Tegucigalpa.

“Él era un joven luchador social sin antecedentes criminales, que fue perseguido y asesinado por la dictadura, por escuadrones de la muerte, a mi hijo me lo ocultaron los mismos que le arrebataron la vida y a la fecha no tengo ni un milímetro de justicia para mi hijo ni para mí”, detallo doña Silvia.

“Inicié a exigir justicia cuando me encontraba en la morgue y si la vida se me va en seguir exigiendo justicia, así será… como yo hay miles de madres que lloran a sus hijos, esto se ha convertido en el diario vivir de las madres hondureñas y nuestras lagrimas son provocadas por quienes dicen gobernar”.

2


Aurora Rodríguez viuda de Pineda, perdió a su hijo Carlos David Pineda Rodríguez de 19 años de edad, asesinado junto a Rafael Vargas, hijo de la ex rectora de la UNAH, Julieta Castellanos, el 21 de octubre del año 2011.

Carlos David y su amigo Rafael murieron a manos de miembros de la Policía Nacional, acción que originó una revelación de estructuras criminales a lo interno de dicha institución encargada de brindar seguridad y protección a la ciudadanía. Los jóvenes fueron ejecutados por los uniformados y llevados a las afueras de la ciudad capital en un afán de encubrir el asesinato.

Según doña Aurora, el día de las madres en teoría es una fecha de celebración, pero existen madres que han perdido a sus hijos e hijas y esta fecha las llena de dolorosos recuerdos, “no tendremos el abrazo de nuestros hijos y por eso no podemos celebrar producto del dolor y por eso queremos hacer un llamado a esas madres para que nos podamos unir y exigir justicia para ellos”.

“La impunidad en Honduras es casi del 96% y no podemos seguir permitiendo que más jóvenes pierdan sus vidas, la ley natural de la vida es que los hijos entierren a sus padres y no el contrario, este es el dolor más grande de la vida, en mi caso irónicamente fueron policías los que asesinaron a mi hijo”, relató doña Aurora.

3


Berlin Castro, viuda de Yanez, perdió a su hijo Ebed Yanez Castro, de 15 años, de edad, asesinado por militares el 27 de mayo de 2012.

Ebed, salió de su casa de habitación a bordo de una motocicleta propiedad de su padre, a eso de la media noche cuando regresaba a su domicilio fue sorprendido por un retén militar que evadió, según sus familiares, por temor pues no portaba documentos ni tenía la edad legal para manejar.

Los militares dieron persecución al joven y al no poderlo detener le dispararon en reiteradas ocasiones ocasionándole la muerte inmediata. Posteriormente intentaron ocultar el asesinato y encubrir sus responsabilidades.

El Tribunal sentenció que los oficiales de menor rango acusados, habían participado en el crimen, como homicidas, pero no podían condenarlos porque la fiscalía los había acusado por encubrimiento y no por homicidio. Eso dijo el tribunal que conoció la causa. Los oficiales militares de más alto rango, acusados por ocultar evidencias del hecho, fueron amparados por la Corte. Y como es tradición, ellos que encubrieron a sus subalternos también fueron protegidos por una red de encubrimiento al más alto nivel.

Doña Berlin, con una fotografía enmarcada de su hijo Ebed, declaró que “existen muchas madres en este país que hemos sufrido la violencia y la impunidad y en esta acción, queremos recordarle a nuestras autoridades a las que el pueblo ha elegido para que nos representen que hagan justicia imparcial y que no sea únicamente para una persona que tenga apellido”.

“Hoy me encuentro aquí en memoria de mi esposo que murió esperando justicia para su hijo a quien un grupo de militares le quitó la vida, nada puede recuperar ni el tiempo ni la situación que vivimos y lo que estamos haciendo hoy no es porque vamos a revivir a nuestros seres queridos pero esto es un mensaje que no vamos a olvidar, pues seguiré en la lucha hasta donde Dios me lo permita”, manifestó doña Berlin.

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